AC/DC
Por “Chico Migraña”
**Ojo, las fotos son oficiales de Lulú Urdapilleta/Ocesa
pero son del primer concierto, la reseña es del tercero, por eso algunas
cosillas, como el color del traje de Angus, no coinciden.
“AC/DC significa electricidad, es una
leyenda que estaba en la parte trasera de la máquina de coser de mi hermana, de
ahí viene”.
Hay dos maneras de reseñar el concierto de
AC/DC (en este caso en concreto el tercero, 15 de abril de 2026), como un vaso
medio lleno o uno medio vacío. Prefiero siempre la primera opción, aunque al
final podría explicar la segunda.
Para mi fue la tercera vez ante ellos.
Febrero de 1996, noviembre de 2009 y abril de 2026. Son 30 años de diferencia
entre el primero y el último con dos constantes, Angus Young y Brian Johnson.
En las tres ocasiones, con ligeras variantes en el porcentaje, en realidad es
el show de Angus.
No llegamos a tiempo para escuchar a The
Pretty Reckless así que no hay nada que comentar, ni bueno ni malo. Llegamos
(la Castañita y yo) a la zona cercana al Foro Sol por ahí de las 7:30,
confiamos en una persona de esas que están en la lateral de Churubusco y te
ofrecen estacionamiento, nos llevó a su casa, que curiosamente es la puerta
contigua a un enorme estacionamiento y caminamos. Mucho. En el trayecto
habremos visto unas 12 personas que vendían cuernitos luminosos, compramos unos
en 50 pesos pensando en encontrar algún otro modelo hasta que llegamos al
puente que cruza del Palacio al Foro y solo teníamos uno. Más tarde, ya
adentro, compramos el otro par en 100, más grandes, eso sí. Pero regresemos a
la calle. Se escuchaba de fondo a los Pretty Reckless pero sin ponerle
atención. Llegamos al puente del lado del Foro, pero tuvimos que subir, caminar
de regreso al Palacio, bajar en la banqueta y entrar por un filtro para subir
al mismo puente y entonces sí, caminar por la parte habilitada porque la
primera que tomamos no daba acceso al Foro (perdón, estadio GNP).
Una vez dentro del entorno del estadio,
cientos de personas caminando, 90% o más de ellos con diadema de cuernitos. Es
relevante por muchas razones. Una de ellas porque serían una referencia al
diablo. Hoy casi nadie se lo toma a mal, pero en los 80 sí, AC/DC quería decir “AntiChrist/Devil’s
Child” o “After Christ/Devil Comes”. Eso decían los primeros fraudes
religiosos, los ministros y predicadores, gringos sobre todo que encontraron la
forma de hacer dinero gracias a la mezcla de ignorancia-religión-televisión que
en esos años explotó en diversas cadenas televisivas. Un pare de sufrir con una
agenda similar (hacer dinero abusando de la fe y la ignorancia de la gente) que
tenía al rock como tiro al blanco. “AC/DC significa electricidad”, quedamos.
Ya adentro del Foro, en General A porque
valía la pena endeudarse a meses sin intereses por verlos, una carpa que decía
Electrolit con muy poca gente, junto a una más que decía Mercancía oficial
hacían ojitos, aunque fuera nada más por ver lo escandaloso de los precios.
¿Quién quiere un Electrolit en un concierto? Enfrente, una carpita con letrero
de Corona y decenas personas en fila para comprar chela y vaso oficial. “Vamos
a la carpita de merch, capaz que ahí venden el vaso” le dije a la Castañita y
¡sorpresa!, la carpa de Electrolit era en realidad de chela, chupe y refresco,
y solo había dos personas antes de nosotros. Salimos de ahí con chela, vaso y
sonrisa.
Como todos somos satánicos, en la previa a
que saliera la banda lo que sonó fue una mezcla de rolas de Ozzy (Shot in the
dark por ejemplo) y Black Sabbath (War Pigs). Porque Ozzy y Sabbath son
satanistas ¿no?
Apenas un par de minutos después de las 9
apagaron las luces y comenzó la locura con “If you want blood (you’ve got it”. Angus con uniforme y gorra verdes, camisa
blanca. Excelente sonido y buen detalle que la escenografía era una monstruosa
pared de Marshalls (vacíos, pero el efecto visual es muy rockero), una
escalinata a cada lado del escenario que conectaba con una pasarela y por
último, tres enormes pantallas con excelente definición: dos en los costados y
una al centro. AC/DC nunca fue de gran faramalla escénica.
En 1996 abrieron el show con “Hells bells”
y no tocaron “if you want blood”. Tampoco lo hicieron en 2009. Ya desde ahí se
veía venir una noche diferente. La segunda fue “Back in Black”. Contrario a
muchas bandas que usan las pantallas para proyectar videos oficiales de los
sencillos de la banda o para poner gráficos alusivos a la canción que suene en
el momento, AC/DC las usó para mostrar en tamaño gigante a los músicos, sobre
todo a Angus. Es buena decisión porque el espacio es enorme y en lugar de ver
un puntito verde que se mueve por el escenario como láser en la mano de un
borracho, ves a Angus, sus gestos, sus pisadas en el traste de la guitarra.
La gira se llama Power Up, mismo nombre
del disco más reciente que lanzaron, en 2020. La tercera rola noche fue entonces
“Demon Fire”, la primera de dos que cantarían de dicho material. Ya para entonces
quedaban claras varias cosas. Obviamente se extrañó la presencia de Malcolm
Young, aunque su hijo Stevie cumple muy bien con la labor de guitarrista rítmico.
La configuración era la misma de las dos giras anteriores: guitarra rítmica y
bajo casi lineados con la batería, atrás; Angus y Brian al frente. Matt Laug en
la batería y Chris Chaney en el bajo aportan una solidez brutal al sonido y Chaney
además aportan un elemento clave: coros. Después de esta rola comenzó a notarse
que la voz de Brian ya no estaba en primer plano, se escuchaba, por supuesto,
pero menos. Vamos apenas en la cuarta rola y queda claro que a Brian le cuestan
trabajo las canciones de Bon Scott. “Shot down” fue el primer gran indicio.
Lo bueno es que eso no parecía importar
gran cosa para las diversas generaciones de fans que había. Todos satánicos,
con cuernos en la cabeza y la mano, incluso los niños. Había muchos niños,
mucha gente que seguramente no alcanzaba aún la mayoría de edad y que así, en
sus años formadores estaba frente a una de las máquinas más potentes que han
existido en la historia del Hard Rock. Esa es una gran noticia porque dentro de
15 años, alguno estará en su propia banda y recordará como esa noche del 15 de
abril le cambió la vida para siempre. ¿Qué importa cómo conocieron a la banda?
¿Qué relevancia tiene si lo que conocían era “Thundestruck”? Porque ahora está
de moda llamarle poser a quien la disfruta a tope, un poco como los que
critican a quienes corean a tope “Fear of the dark” en los shows de Maiden. La reacción
de la gente a “Thunderstruck” fue brutal porque la conocen todos, el abuelo, el
papá, el hijo y el nieto. Probablemente fue justo en ese momento que nos cayó
el que afortunadamente fue el único regaderazo de la noche. Líquido muy frío
así sería cerveza, pensemos que fue cerveza.
Back in Black es el disco del que tocaron
más rolas. Ya había sonado la homónima y ahora tocó turno a “Have a drink on me”.
Esta es otra que no habían tocado en sus dos visitas previas a México. Es una
celebración de agarrar la jarra, tal cual, y para muchos es controversial
porque viene en el disco inmediatamente posterior a la muerte de Bon Scott.
Dicen los políticamente correctos que es de mal gusto porque Bon murió
justamente por congestión alcohólica. ¿Acá? Acá la Castañita levantó el vaso y
coreó a todo pulmón desde la primera vez que aparece el coro. Bebamos con
cautela pero bebamos que estamos de fiesta.
“Hells bells”. Recordemos, en los 80,
AC/DC era satánico y esta rola era un ejemplo claro. La traducción literal es “campanas
del infierno” pero la frase en el contexto de la rola en realidad significa “echar
desmadre”, es otro homenaje a Bon Scott. El Rock en vivo se supone que sea
crudo, ruidoso e incluso se permiten los errores. El único asterisco en esta
ecuación sería no equivocarse en los clásicos. Sería porque falló el cable de
Angus o porque le fallaron los dedos pero la intro de la canción parecía un par
de notas incompleta. No importa en realidad, igual se caía el Estadio.
Cada uno tiene el combo de rolas favoritas
de cada banda y todos tendemos a desdeñar X o Y canción porque estaría mejor
una de esas favoritas. El bloque “Shot in the dark” y “Stiff upper lip” es para
mi totalmente evitable. Afortunadamente
el siguiente bloque estuvo brutal con “Highway to hell”, “Shoot to thrill”, “Sin
city”, “Jailbreak”… Ok, ya lo pospuse demasiado. Eeste bloque, que siguió con
más grandes clásicos ya dejó muy en evidencia que Brian Johnson ya no es lo que
era. Te deja entrar al coro de cada uno pero tristemente, ya no canta casi
nada. Angus por otra parte, si bien está como al 50% de lo que era por ejemplo
en el 96, es 15 o 20 o más veces mejor showman que cualquier músico del 2000
para acá, fácil. Es increíble la condición que tiene porque además lo ves en
las pantallas y no parece agotado. Corre, hace el pasito de pato, engancha al
público con la mirada, es una verdadera delicia. Porque todo esto no le provoca
perderse notas, impresionante.
Los primeros tres discos que tuve de AC/DC
me los regaló mi primo Carlete. Dirty Deeds Done Dirt Cheap, Powerage y High
Voltage. Las siguientes tres rolas fueron justamente “Dirty deeds”, “High
Voltage” y mi favorita, “Riff raff”. Increíble pero cierto, esta última regresó
al set en la era de Axl Rose como cantante de la banda. No era de las que
tocaban y ahora, por suerte, es de las que no salen del set. Cosas del Rock. El
riff sucio, el ritmo frenético (para los estándares de AC/DC), como marca la
pauta el bataco, todo perfecto, brutal, icónico porque es otra que no habíamos
escuchado en vivo por acá. Para ponerlo en contexto, “Highway to Hell” la han
tocado mi 455 veces; “Riff Raff”, ya con las tres noches en México lleva a
penas 131.
Por cierto y para los que se interesan en
estas cosas, sí brincó la gente, sobre todo en Highway y en Dirty Deeds. No es
nada relevante pero vi tantas publicaciones sobre el famoso “pogo” sudamericano
y tanto drama por lo mismo que igual se comenta. Fin.
Ya para este momento, Angus estaba
desfajado, sin gorra y con el cabello como de gato esponjado. No era para
menos, lleva todo el peso del concierto y a pesar de que lo comenté, reitero,
es impresionante. Se echa no solo a la banda al hombro, se echa también la
historia, la expectativa de 60 mil personas y sale avante con creces.
Después vino “You shook me all night long”
para cerrar la quintilla de rolas de Back in Black. Luego Whole lotta Rosie,
una de las excepciones en esto de usar las pantallas para poner videos. No
alcanzo a recordar con claridad si sucedió en 2009 pero ciertamente en 1996, en
lugar de poner una imagen digital de una muchachona pechugona y gordita con
tatuajes y mucha actitud, Rosie era un inflable. Será nostalgia o ya no ser un
chamaco pero a pesar de lo bien que queda la rola en los shows de la banda,
verla en formato inflable monumental es mucho más memorable que el video.
Además, y en esto sí creo que entra directamente la brecha generacional, en
aquellos dos shows en el Palacio, después del riff de entrada, cada vez que
Angus hacía la pausa para volver a empezar, la audiencia “Angus”. Sería algo
como “pa rara raran, Angus”. Bueno, 30 años más tarde y con el extra de que en
ese tiempo no había celulares con cámara de video integrada, la mayoría del
público 2026 simplemente no se sabía el truco. Además, en esos 30 años vinieron
solo tres veces, es difícil saberse ciertas convenciones si prácticamente no
hay referencias. Es como el “Megadeth, aguante Megadeth” copiado de Argentina
cuando en México tenemos el clásico “Me-ga-deth” en el riff de “Hangar 18”. La
diferencia es que Mustaine y compañía han hecho una docena de giras por nuestro
país mientras AC/DC solo tiene tres. La repetición invoca el recuerdo, y en el
caso de Rosie, me parece que el canto de “Angus” simplemente quedó en el olvido.
Hablando de olvido, por poco sucede. Uno de los momentos más celebrados de la noche fue escuchar a voz de Angus. No habló con la gente pero cantó un par de palabras durante “Sin city”, y eso fue suficiente para una de las más grandes ovaciones de la noche. El cierre previo al encore fue con “Let there be rock” y un largo y emotivo solo de Angus que lo llevó a recorrer una pasarela que salía del centro del escenario al centro de General A, se tiró al piso, le levantó de ahí una plataforma hidráulica que seguramente hizo que en algunas partes de la grada la gente lo sintiera un poco más cerca, subió a la pasarela de atrás del escenario y otra vez, enganchó a la gente las veces que quiso con el truco básico de ponerse la mano en la oreja para que la gente le grite. Eso sí, después de cada grito de ovación hacía una reverencia. Un caballero el chaparrito de 70 años de edad.
Para el encore, lágrimas en los ojos de la
Castañita. “T.N.T.” y la de siempre, “For those about to rock”. No sé cómo ni
por qué pero hasta que acabó el show descubrí que debajo de cada pantalla
lateral también había cañones. Vi los seis que estaban en el dentro de la
pasarela detrás de la batería pero no me di cuenta de los laterales. Como dato
curioso, en algún momento lanzaron miles de papelitos verdes, blancos y rojos a
modo de confeti, con el detalle de que cada uno tenía impreso el nombre AC/DC,
un rayo y dicen porque esos no los vi, también había algunos con una campana.
Muy probablemente este será el último show
de la banda en México. El rock no acaricia y aunque Angus tiene la estamina de
alguien de 30 años, es poco realista pensar que volverán. Si este es el último
concierto de ellos en nuestro país será recordado como uno verdaderamente
imponente y disfrutable, y eso ya es una gran victoria.
¿La reseña con el vaso medio lleno? Brian
Johnson debe estar como al 15 o 20% de la capacidad vocal que alguna vez tuvo y
eso afecta mucho al show. Imaginarte lo que canta en vez de escucharlo, aunque
sea con retazos de voz, es muy penoso. Por eso, mejor guardar en el chip de los
recuerdos todo lo que escribí como vaso medio lleno.
Si llegaste hasta acá, ¡muchas gracias!
Chico Migraña en nostalgia mode on.

















