lunes, marzo 13, 2017

Ace Frehley, reseña.


Desde el metro parecía una noche x, no se sentía el típico murmullo de día de concierto en el Palacio, no había puestos de playeras y tazas ni revendedores acosadores, no hasta llegar a la calle de Atletas, la que conecta Añil con Churubusco, y aún ahí apenas eran unos cuántos puestos.. Al darle la vuelta al Palacio y acercarnos a la puerta 5 ya cambiaba, pero aún así parecía una noche fría, una noche más.
Afuera de la puerta del ahora llamado Pabellón Cuervo se escucharon las primeras notas de “Fractured Mirror” y entonces sí se empezó a sentir el ambiente festivo de un día de concierto. Tal vez llegamos un poco tarde, o mejor dicho no tan temprano y prácticamente todos los que estarían esa noche en presencia de su majestad espacial ya estaban dentro y por eso afuera no se veía mayor movimiento. Mirror nos acompañó desde la puerta de acceso hasta la entrada a Preferente y sí, la audiencia se manifestaba en una cantidad muy saludable de rockeros. No tengo la cifra oficial y soy malo para los cálculos pero no éramos pocos, eso seguro.
Terminó el tema introductorio con el escenario iluminado de azul, el eterno color del Spaceman, salió la banda en actitud parecida a la que tendrían cuatro camaradas que dan vuelta a ñla esquina y se topan contigo, claro, aunque a diferencia de esa escena aquí al dar la vuelta a esa esquina los recibió otro rugido de un par de miles de personas. Sin más, Ace contó hasta el cuatro y arrancó la noche con “Rip It Out” y “Toys”.
Vestía un pantalón negro, una especie de saco informal negro a rayas del mismo color pero en otro tono y una camiseta, lentes oscuros, barba de candado y el aura de contar con más de 40 años de ser considerado leyenda. Rip It Out fue cantada de principio a fin por la mayoría y el coro, por prácticamente todos. Era un error que no sé cuántos habrán cometido ir en espera de un tributo a Kiss con uno de sus miembros originales, esta era una noche para Ace Frehley en la que obviamente habría temas de la banda pero también de los suyos, y varios de esos que jamás habíamos escuchado en vivo.
“Juguetes para chicos grandes, te sorprendería saber cuánta alegría traen”. Ace ya no juguetea con alcohol y drogas, y sele nota. De aquel hombre del espacio que vino desde Jendell al Foro Sol hace ya algunos ayeres que se veía en buena forma física pero que musicalmente hablando estaba cerca de lo fatal, que al hincarse en algún momento del show apenas pudo levantarse al de este fin de semana hay un abismo de diferencia. Probablemente como muchos de aquellos que dejan de beber o de fumar o de consumir cocaína Ace habrá cambiado tales hábitos por la comida. De alguna extraña manera era como ver a BB King en el sentido de ver a un tipo grande (de tamaño, gordo pues) con su guitarra que ahora se percibía más chica que de costumbre a pesar de ser del mismo tamaño de siempre, pero no importaba. Independientemente de su sobre peso, tampoco era de esperarse que Ace se doblara como cable y se sostuviera en esa pose compleja (ver por ejemplo la portada de Alive!), finalmente tiene casi 66 años.

Sonriente, regalando plumillas a diestra y siniestra se siguió con “Snowblind” y “Parasite”. Para mí algunas cosas de la vieja escuela no tienen precio y aunque vi un video de “Parasite” en Argentina con la forma clásica de los sudamericanos de corear el riff, la verdad es que me mantuve totalmente al margen de lo que se decía de él o del set que estaba tocando. Yo quería llegar y descubrir el concierto paso a paso, no llegar a sabiendas de qué iba a pasar a cada instante para disfrutarlo a medias por no llevar elemento de sorpresa encima. Por eso, cuando sonó “Snowblind” me salió la segunda gran sonrisa de oreja a oreja de la noche. Si me sentara a hacer un análisis concienzudo de lo que se podría esperar del show de Ace igual supondría que la iba a tocar, pero no lo hice así que fue una gratísima sorpresa, y “Parasite”, bueno, escuchar por primera vez ese tema en voz de quien la escribió pero no la cantaba porque al inicio de su carrera no confiaba en su capacidad vocal fue sencillamente mágico.
El primer clásico Kissero de la noche vino de la voz de Scooty Coogan, el baterista de la banda quien se encargó de Love Gun. Y esa es la magia del rock, el lugar se caía aunque con la cacareada remodelación la capacidad sea supuestamente de 3500 personas porque no deja de ser un bodegón enorme al que antes le metían más de 7 mil personas. Palabra a palabra la gente hacía casi imposible escuchar la música de lo fuerte que cantaban, afortunadamente (y más noche, ya sin adrenalina, desafortunadamente para mis oídos) yo estaba a escasos dos o tres metros de una de las torres de bocinas así que jamás perdí detalle de la música.
Ace es sobre todo actitud. De verdad que no le hacen falta el maquillaje y la parafernalia para llenar el escenario (tampoco es que la falten a Gene y Paul por ejemplo), su presencia, sus gestos, sus sonrisas cómplices y claro, una muy buena banda alrededor suyo son más que suficientes. Una vez más, quien esperara pirotecnia tipo Kiss estaba mal encaminado, esto era un show tipo club, un concierto de rock puro y directo que además desnudó el mito de que Kiss y sus músicos son incapaces de destacar sin los aspectos escenográficos.
“Rocket Ride”, otra enorme sonrisa. Recordé los tiempos en que estuve suscrito a un grupo de correo en honor a Ace y que algunas chicas (por lo menos 3) usaban de apodo el nombre con que arranca la canción, Lady Space. Recordé también cómo ellas de vez en cuando se expresaban con total libertad de sus deseos sexuales por Ace y hacían referencias a ese viaje en cohete. ¿Cómo no sonreír, cómo no divertirse?

Fuera del clásico “Ciudad de México, los amamos” y alguna frase más por el estilo, Ace habló poco con la audiencia. No es lo suyo, pero para presentar la siguiente canción si tomó el micrófono y dijo “yo sé que en la Ciudad de México hay muchos soldados del rock así que levántense y hagan sentir”. Y lo habrá dicho en cada ciudad que tocó en esta gira pero ¿qué importa? “Rock Soldiers” era también uno de esos temas “sí o sí”, sabíamos todos que la iba a cantar, yo lo que no sabía era en qué momento.
Lo siguiente fue un solo de bajo de Chris Wyse. Debo admitir que cuando ví que la banda salía y él se quedaba me frustré un poco. Yo estaba ahí para ver lo más que se pudiera de Ace Frehley, no de un bajista del cual mis referencias eran nulas, pero pocos segundos después de empezado el solo me calló la boca. Más allá de desplegar virtuosismo como otros, o de hacer algo aburrido y desangelado como recientemente se vivió con Rbert Trujillo de Metallica, Wyse siguió una vieja fórmula: aprovecha tu momento no tanto para mostrar lo que puedes hacer con tu instrumento sino para enganchar y entretener al público y que se enteren de que estás ahí. Tocó algunos riffs clásicos que fueron de Deep Purple a Maiden por ejemplo y mantuvo caliente el ambiente en lo que la banda regresaba.
Ace regresó ya sin saco y con otra playera para descargar un tema que ni con Kiss había escuchado en vivo. “Strange Ways”. Igual que lo hizo con cada tema que no era suyo dejó que la cantara alguien más, en este caso Wyse, quien por cierto en sus aportaciones vocales respetó siempre la melodía original de cada tema, a diferencia de Coogan que le ponía de su propia inspiración y te rompía el rimo como fan al cantar. Eso sí, le cambió un poco la letra en un par de ocasiones para hablar de la CDMX y al hacerlo volteó a ver a Ace, levantó las cejas como esperando su aprobación y éste, que habrá escuchado los ajustes en monitores le respondió con una sonrisa de complicidad mientras tocaba el riff con una sutileza que parecía que hacía algo rutinario como cepillarse el cabello. Igual no son los riffs más complejos de la historia pero en sus manos parecían aún más sencillos y eso, más que mostrar poca capacidad o falta de talento como se le ha acusado siempre sobre todo a los 4 originales de Kiss más bien habla de una enorme capacidad de llegarle a la gente con acordes sencillos.
Imaginaba que todos estos años después, luego de haber visto literalmente miles de conciertos de todos tipo en mi vida, de haber visto a Kiss en todas y cada una de las veces que han tocado en México, aunque seguramente habría momentos muy emotivos, la lagrimita no se asomaría. Terminando “Strange Ways” le pusieron encima a Ace una guitarra plateada con foquitos… era el momento de “New York Groove”, una de las canciones insignia del Spaceman, aunque sea un cover de Hello. Curiosamente fue de los pocos momentos en los que se le fueron algunas notas de manera evidente pero no importaba, yo lo veía ahí pero vestido con aquél traje de hombreras anchas del cual caía una enorme capa plateada, con esa pechera en V, maquillado y sobre sus enormes botas plateadas y sí, el nudo en la garganta se convirtió en un par de efímeras y orgullosas lágrimas.

Quería escuchar algo del Trouble Walkin’ y se me cumplió con 2 Young 2 Die, dedicada de acuerdo a Richie Scarlet a la memoria del gran Zorro, Eric Carr. Esa la cantó justamente Scarlet que dicho sea de paso es el complemento ideal para Ace. Enorme presencia, un tono de guitarra sucio y absolutamente rocker, voz gastada y ronca y mil arrugas que sin embargo luce con total orgullo. Creo porque la memoria me falla un poco que después de tocarla fue cuando Scarlet y Ace se rifaron un duelo de solos que terminó en intercambio de riffs clásicos y jugueteos guitarrísticos: Richie con su sonido sucio y muy distorsionado tocó cosas de Hendrix y otros mientras que Ace con un sonido absolutamente limpio sólo le contestaba con tonadas fiesteras y sonrisas cómplices. Y esa es otra de las grandes virtudes de Ace, sabe perfectamente bien que la gente está ahí por él pero no se ciega, al contrario, reparte juego, deja que sus músicos brillen y tengan su momento, que se lleven su aplauso también.
“Shock me” también era de suponerse que aparecería en el set y no hizo falta ni que la presentara para saberlo, en cuanto le pusieron encima esa Les Paul roja clásica sabíamos lo que seguía. Curiosamente en diferentes libros a Ace se le ha acusado sobre todo de ser impuntual, de llegar tarde, y esa noche llegó tarde al micrófono en varias ocasiones. Fue muy divertido darse cuenta de que se le olvidaba el momento exacto de entrar con la voz y como se apresuraba para encontrar el micrófono y empezar tarde algún verso. Eso sin embargo fue parte de la magia, es parte de su personalidad, tanto como lo es el sacarle humo a la guitarra y recorrer el escenario de lado a lado para desmayo de la audiencia que si estuvo entregada a tope en todo memento, en ese simplemente deliraba.
“Cold Gin”, ah, parecía la oportunidad perfecta para escucharla por primera vez cantada por él, pero como Halford cuando Judas Priest toca “Breakin’ The Law”, Ace se limitó a cantar la primera palabra de cada verso y dejó que el público cantara el resto. Y el público en su gran mayoría se sabía la letra completa así que habrá que esperar otra visita para escucharla en su voz. Así terminó la primera parte del concierto. Regresó unos minutos más tarde para cerrar con “Detroit Rock City” (cantada por Coogan) y “Deuce”, cantada por todos.
Fue una noche mágica, una en la que lo importante no era ver cuánta gente había o no sino ver si los que estaban sabrían entender lo que tenían enfrente, y afortunadamente así fue.
Para cerrar diré que estoy en total desacuerdo con las personas (y no han sido pocas) que he leído y escuchado decir que Ace le hace mucha falta a Kiss. Sí, la noche fue absolutamente memorable, musicalmente se le ve en gran forma pero fue una gira pequeña. No me lo imagino de tour por año y medio o dos años, bajando de peso lo suficiente para entrar en sus viejos trajes y sobre todo, no lo veo aceptando el rigor de trabajar con Paul y gene. Sí me imagino un par de conciertos de despedida en el futuro cercano en los que participe, pero no de lleno. No le hace falta a ninguna de las dos entidades. Él ha alcanzado un éxito comercial como solista que no vivió ni en los 80 y Kiss ha logrado una estabilidad musical que no tvo con la formación original desde mediados de los setenta.
Gracias eternas a “Kelpy Interesante” por hacer el sueño realidad. Sin tu ayuda no sólo no hubiera vivido esta experiencia única sino que además no hubiera podido estar tan cerquita de él. Las palabras no alcanzan así que lo haré una vez más de la manera más directa pero sentida, gracias.

lunes, marzo 06, 2017

Un tipo extraño llamado Ace Frehley. Previa al show.


La leyenda de Paul Daniel Frehley comenzó un día a finales de 1972 cuando, en respuesta a un anuncio en The Village Voice, un diario neoyorquino que desde su fundación en 1955 ha tenido una marcada inclinación hacia la difusión de lo que sucede en el circuito artístico y cultural de la llamada Gran manzana, se presentó a una audición.
Flaco, visualmente poco impresionante, con un tenis rojo y otro naranja llegó a una sala de ensayo donde se llevaban a cabo audiciones para una banda. El anuncio decía “se busca guitarrista líder, deslumbrante y habilidoso. Banda próxima a sacar disco. No queremos gente que nos haga perder el tiempo”. Paul se presentó y a decir de uno de los que llevaban a cabo la audición “ya habíamos escogido a nuestro guitarrista y estábamos hablando con él cuando llegó este tipo, dijo algo así como ‘qué onda banda’, se conectó y empezó a tocar”. Ese guitarrista que ya había sido escogido se llamaba Bob Kulick, pero esa historia pertenece a otro post.

Paul Daniel tocó con la banda algunos covers, lo llamaron de vuelta unos días más tarde para ver si ya con el material trabajado de la banda que entonces se llamaba Wicked Lester quedaría bien, lo cual resultó ser así. Dice Chaim Witz que en algún momento le dijeron que estaba en la banda pero que ya había un Paul en ella así que necesitaban otro nombre para él: llámame Ace, contestó el muchacho, y comenzó una de las más grandes historias del rock duro, una que días más tarde se llamó Kiss, de la que por cierto el “As” diseñó el logo, aunque el otro Paul, el de apellido Stanley fue quien lo hizo con los bordes y el relleno. Ah sí, Chaim witz, alias Gene Klein pasaría a la historia como Gene Simmons, aunque esa también es parte de otra plática.
Tímido, Ace Frehley demostró desde un inicio que tenía mucho más que “potencial”, tenía madera de leyenda. Los cuatro la tenían pero con el tiempo, de los cuatro originales el que menos pudo vivir con ese peso sobre su espalda fue Peter Crisscoula, conocido después como Peter Criss, el “Gato” original.
Desde el inicio de la banda Ace compuso algunos temas que sencillamente han perdurado en el set por más de 40 años. Las primeras que escribió no las cantaba, creía que su voz no era buena y le dejó la responsabilidad a Gene. Sí, hay mucho qué decir sobre el “Spaceman”, y algunos de esos relatos son muy curiosos, como por ejemplo que el primer tema que escribió para Kiss se llama “Cold Gin” (Kiss la sigue tocando todos estos años después). Como tributo a Kiss y concretamente inspirados para ponerle nombre, fue a raíz de esa canción que surgió alguna vez una banda en la que el papel de Ace Frehley lo hacía un muchacho llamado Tommy Thayer. Sí, la frenética risa de Ace que tanto lo caracteriza tiene parte de su fundamento en las cosas extravagantes que el destino le ha guardado, como ese detalle que se explica solo, aunque para los no tan conocedores de Kiss requeriría quizás de otra entrada para explicarlo.

Para el segundo disco de la banda Frehley contribuyó con otros dos temas, y una vez más su inseguridad vocal abrió paso a que las cantaran Simmons y Pter Criss, “Parasite” y “Strange Ways” fueron las elegidas, respectivamente, y una vez más, “Parasite" se ha mantenido como uno de los clásicos del cuarteto a lo largo de su carrera.
En el tercer disco lleva crédito como compositor en “Getaway”, cantada por Peter Criss y de co compositor en “Rock Bottom” junto a Paul Stanley, quien la canta y ha mantenido en el set junto con todas las alineaciones que han existido de Kiss desde que la grabaron. ¿Llevan la cuenta? Van 3 clásicos en 3 discos.
El cuarto material en estudio llegó cuando el primero en vivo, Alive!, llevó a Kiss de ser una banda promesa a una que llenaba arenas en todo Estados Unidos. El dinero fluía a raudales y para Ace, las drogas y sobre todo el alcohol comenzaban a ser un problema. Cuenta la leyenda (y lo han confirmado Paul, Gene y él mismo en diversas ocasiones) que algunos de sus solos no fueron grabados por él porque el día que le tocaba ir al estudio decidió que era más importante quedarse en una mesa de póker en la que llevaba buena racha. A Paul y Gene esa actitud nunca les gustó, obviamente, pero fue justo eso parte de la clave del amor que provocaría Ace en los fans de Kiss, sobre todo en los que se identificaban de inmediato con el chico desmadroso y rebelde, el rockstar que vivía los cliches, los buenos y los malos del estilo de vida esperado en ellos, al máximo. Aún así co escribió “Flaming Youth”.
En Rock and Roll Over Ace no escribió ninguna canción pero se sacó la espina en el sexto disco en estudio de la banda con “Shock Me”, otra indispensable en las presentaciones en vivo de la banda en su formato con maquillaje, con y sin Ace, ya que es en esa donde el solo extendido ha incluido desde sacarle humo (una adaptación que él mismo creó instalando una bomba de humo dentro del cuerpo de la guitarra) hasta disparar cohetes que tumban luces. Esa fue por cierto la primera que cantó él mismo.
En el lado D del Alive! II Ace contribuyó con uno de los temas que se han vuelto esenciales en su carrera solista, Rocket Ride. Luego, en el criticadísimo Dynasty fue Ace quien puso el rock con tres temas. Un cover de los Rolling Stones llamado "2000 Man" que se convertiría en icónico al ser parte del pequeño de set de reunión que tocaron bajo el concepto de Kiss Unplugged en 1996 y que detonó la reunión de la alineación original y dos golpes de hard rock con tintes de actitud punk llamados “Save Your Love” y “Hard Times”. Si tan solo la gente mirara más allá de “I Was Made For Loving You" y “Charisma”...

Ya cada vez más alejado de la banda, los únicos dos temas que fueron escritos exclusivamente por un miembro de Kiss para Unmasked fueron justamente de Ace. “Talk To Me”, que además fue el primer sencillo promocional en Europa y "Two Sides of The Coin". Además co escribió “Torpedo Girl”. Todas las demás canciones fueron escritas por alguien más o co escritas por Gene o Paul pero con colaboradores externos. Music From The Elder fue el último disco en el que grabó Ace hasta la reunión de los 90. Co escribió “Dark Light” y la instrumental “Escape From The Island”, aunque de ese disco jamás hubo gira.
Así, el hombre del espacio (y vaya que de niño yo de verdad creía que existía un planeta llamado Jendell y que él venía de ahí) fue determinante en la carrera de Kiss.
Yo siempre he tenido problemas para identificar a mi personaje favorito de la banda, depende de las etapas de mi vida en que me lo he cuestionado pero Ace ha sido sin duda el más divertido de todos. Probablemente si a mí me hubiera tocado lidiar con él como a Gene y Paul también me hubiera desesperado, pero las historias simpáticas alrededor suyo son demasiadas como para guardarle algún rencor. Cuenta por ejemplo Eric Singer que luego de la reunión de los originales se convirtió en el nuevo “Gato” cuando Peter Criss fue despedido por segunda vez (o decidió abandonar la banda, dependiendo de a quién se le pregunte), que una vez Ace llegó al camerino con viagra. Es bien sabido, sobre todo entre el círculo femenino de sus fans que le gustaba tocar con sus mallas muy pegadas y con una erección, de ahí parte del concepto de la ya mencionada “Rocket Ride” (las chicas se refieren a su miembro como “leftie” o “zurdito”). Pero aquella vez Ace hizo polvo la pastillita y aunque logró su ansiada erección también logró una enorme hinchazón en su rostro al aspirar el polvo en lugar de tomarse la pastilla con un poco de agua, como sería la norma.
Su carrera solista comenzó de alguna manera aún en Kiss con el lanzamiento conjunto de un disco individual por cada miembro de la banda, en 1978. De los cuatro, el suyo es por mucho el más rockero y desde que existe el sistema de conteo de ventas de Soundscan (los códigos de barras) es el segundo más vendido de los 4 con cerca de 31 mil copias (esto es a partir de 1991). “Rip It Out”, “Ozone”, “New York Groove” (otra que se volvió clásico de Kiss aunque la tocaron sobre todo en las dos etapas con Ace en la banda y muy poco sin él y que además es un cover) y la primera parte de “Fractured Mirror” vienen ahí.

Su carrera solista, si bien nunca despegó ni cercanamente a los niveles de Kiss tuvo sus buenos momentos. Ya fuera como Frehley’s Comet o simplemente como Ace Frehley sacó tres discos en la segunda mitad de los ochenta y generó por lo menos un clásico más: “Rock Soldiers”. Luego vino la reunión en 1996, el disco Psycho Circus en el cual escribió “Into The Void”, la única canción del disco de acuerdo a diversas versiones en la que tocaron en el estudio los 4 músicos originales de la banda y tras la segunda disolución de la formación original hacia finales del 2000, regresó a la actividad solista.
Le llevó 9 años volver a grabar un disco, con algunos esfuerzos en esos años que por diversas razones no vieron la luz, pero finalmente en 2009 ofreció Anomaly, un disco que por fin puso fin a la sequía creativa y que fue hasta entonces el mejor colocado en la lista de Billboard de sus trabajos fuera de Kiss. Space Invader en 2014 y Origins Vol 1 en 2016 le siguieron y lo han mantenido con buenas ventas de discos, lo regresaron al estatus de estelar (en los 80 fue abridor de Alice Cooper y Iron Maiden por ejemplo) y le regresaron la sonrisa frenética que se puede escuchar en diversas entrevistas disponibles en YouTube.

Es Ace Frehley, el mito del cual se han dicho infinidad de cosas, algunas ciertas (como su paranoia por la idea de que la DEA lo espiaba por teléfono así que cuando lo invitaban a alguna fiesta preguntaba si estaría Doña Blanca, que era la cocaína; o que se disfrazaba de oficial alemán y molestaba a Paul y Gene, sobre todo a éste último que es hijo de una mujer que fue la única sobreviviente de toda su familia al exterminio Nazi en la Segunda Guerra Mundial…) y algunas falsas (como que compartió su estancia en una pandilla con Blackie Lawless de W.A.S.P. o que era extraterrestre). Es el guitarrista original de Kiss pero como ya quedó demostrado no fue solo eso sino una pieza fundamental en su desarrollo como banda. Es hoy un sesentón que no pierde el sentido del humor y que llegará a México como solista por primera vez en su vida. Es alguien que pasó de escribir sobre cosas del espacio y sexo y que en la madurez alcanzó la auto crítica en temas como “A Little Below The Angels” en la que empieza con dos versos que dicen “El alcohol era mi amigo y casi me mata. Choqué algunos coches y me metí en algunas peleas, cosas de las que ahora me arrepiento. Me han dicho que tengo nueve vidas, tal vez diez, pero he cambiado mi manera de ser, mi alma está restaurada y ahora soy mejor que antes”.
Es también un guitarrista autodidacta, incapaz de leer música que sin embargo influenció a toda una legión (y la palabra no es exagerada) de rockeros y les hizo querer tocar el instrumento. Es para los Kisseros “nuestro Ace”, y espero que sea para la comunidad rockera un gran concierto. Y ahora que se menciona su visita, al momento de escribir estas líneas tributo es bueno señalar que ya no hay boletos VIP ni Preferentes, ya sólo quedan Acceso General. Allá nos vemos.


jueves, marzo 02, 2017

Metallica 2017, reseña.

“Estamos bien jodidos, somos unas mierdas sin suerte, programados para auto destruirnos” (Hardwired).
Me parece que la canción va más bien enfocada al cambio climático, o a la aparentemente inevitable debacle de nuestro planeta, pero como siempre, una frase aislada cabe en mil contextos, como las relaciones humanas tal vez. En fin, luego de anoche me quedó más claro aún lo que he descrito en tiempos recientes en cuanto a Metallica: hace tiempo dejó de ser una banda propiedad de los metaleros y se convirtió en un fenómeno que no se explica con ninguna casilla de las que le han puesto (vendidos, posers, comerciales, accesibles musicalmente hablando… Metallica es difícil de explicar porque es difícil de entender, pero muy disfrutable, excitante y lleno de caminos por descubrir.
“¿Qué se siente estar solo?, estás ligado al mundo sin nadie más, aplastado por el peso de los cielos, ¡Atlas, levántate!”

Los metaleros llevamos algo de Atlas en nuestra personalidad. Los verdaderos fans de Metallica, aún más. Y es que ellos, nosotros, debemos llevar sobre nuestros hombros el peso de esa afición, de ese gusto que hoy pareciera casi culposo porque en un cambio de tuerca que nadie veía venir, de pronto la banda pasó de ser una de las más importantes del metal subterráneo a una que cambió el metal de forma definitiva. Cuando me acomodé en un lugar más o menos en el centro, en General A, la vista era poco usual para la parte de metalero radical que aún vive en mí y que no morirá jamás y un poco comprensible para el yo un poco más maduro (poquito nada más) que trata de entender el mundo aunque éste se empeñe en volverse insondable. Había alguno que otro, digamos a unos 35-40 metros a la redonda del punto en el que yo estaba que se notaba que son fans de cepa y metaleros de corazón, pero había una abrumadora mayoría que se notaba que en cuanto empezara el show iban a a corear las más dóciles, que estaban ahí porque “es Metallica weeee”, aunque no sepan nada de la banda más allá de lo que los medios les meten un poco a fuerza por la garganta. Y así fue. Mucho del llamado Godín (aunque para ser justos en miércoles era de esperarse, mucho junior que antes siquiera de que saliera la banda ya llevaban siete, ocho vasos de chela y que iban en grupitos de 5- amigos sin saber realmente a qué iban. Y sí, YouTube ayuda y por lo menos el coro de Atlas, Rise! Se lo sabían. Y levantaban, no, espera, no levantaban los cuernos ni el puño; hacían la señal del amor y paz o levantaban los cuernos alternativos, los del pulgar incluido.
Casi siempre me toca estar más tirado a algún costado que justo en el centro. El escenario era enorme, 36 sistemas por lado a la derecha y otros tanto a la izquierda pero colgado en la parte central del escenario y 32 por lado apuntando hacia los costados. Es decir, había capacidad de audio para escuchar el show desde el Velódromo. No sé si lo que escribo es correcto o no, pero detrás de la línea de bocinas centrales había otra hilera de bocinas que emiten los sonidos graves. Esas según yo normalmente están a nivel de piso, en esta ocasión no. No sé si sería justo eso y el estar más bien en el centro pero el bombo y el bajo sonaban brutalmente fuertes (y claros), tanto que tapaban enormemente las guitarras y la voz. También es cierto que mi escucha es bastante más precaria que la del promedio de gente, pero eso impidió que disfrutara como otras veces. Desde que se me fregó el auto estéreo no volví a escuchar el Hardwired así que a pesar de que conocía y me laten las dos rolas para abrir, pues no me sé detalle a detalle y si le sumaba que no escuchaba con claridad, empezaba a parecer una noche más para el olvido que para el recuerdo.
Me llevó unos cuántos segundos darme cuenta que la tercera rola era For Whom The Bell Tolls. Pero ya para ese momento había algo claro:

Kirk Hammett. Yo me quedo con la respuesta de Hetfield cuando recientemente le preguntaron por qué no había nada escrito por Kirk en el disco nuevo y él contesto, levantando las cejas y ladeando un poco la cabeza hacia un hombro, con ese lenguaje corporal que significa “que le crea su mamá” que dijo: “dijo que perdió su iPod con un montón de ideas de riffs que tenía, justo antes de entrar a grabar, ya no daba tiempo de que escribiera más”. Hammett escribió el riff principal de una de mis rolas favoritas de todos los tiempos, Impaler, de Exodus. Ese tipo dejó de existir hace muchos años. Se nota que su cabeza está en mil lados y que tocar la guitarra (adornada con el logo de White Zombie para acabarla de hipsterear) es de lo último en su lista de pendientes. No es la primera noche que me toca verlos y que él desbarata los solos que él mismo escribió. “Rompe el amanecer, todo se ha ido excepto el deseo de ser. Ahora podrán ver lo que sigue aunque lo harán con ojos enceguecidos. Se acaba el tiempo para quienes tañe la campana”. Y lo peor es que son claroscuros, porque también hay que reconocer que algunos solos los tocó casi iguales que en los discos, sin embargo son más las pifias. Si yo pudiera organizar una firma de esas tipo Change punto Org y sirvieran de algo, pediría que lo reemplacen. Todavía en la gira pasada que vinieron, en sus espacios para tocar lo que quiera sin nadie más en el escenario tocaba algunas cosas suyas y las mezclaba con riffs o solos de Hendrix y Sabbath, ayer sus dos apariciones solistas fueron más aburridas que leer sus entrevistas. Le quedaba como anillo al dedo el coro del tema que siguió, ahí cuando dice “Fama, fortuna, la vanidad del espejo, te vuelves loco, pero el recuerdo se mantiene”.
Y justo ahí fue de los primeros momentos en que quedó claro que Metallica es una entidad diferente a cualquier banda de cualquier género. La canción en sí no es tan mala (para mi gusto, y el video era bueno), pero fue muy famosa y lo lógico hubiera sido que la parte de la melodía monosilábica que en el disco es na na na fuera coreada así, o mínimo que terminara en la vocal original, la a , algo tipo la la la. Pues no, por lo menos en la zona donde yo estaba la corearon como oh oh oh. Eso sí, varios lo hicieron chela en mano y levantada, ojos cerrados y con una pasión que parecía que tenían un orgasmo. Eso o la otra actitud estúpida, corriente y desgraciadamente popular (sin distingo de nivel socioeconómico) de aventar la chela, voltear a ver al acompañante y reír como simio de zoológico que se acaba de encontrar el pene.
“Ya no pueden mantenernos más aquí, ¡escucha carajo! Vamos a ganar. Elloos lo ven bien, piensan que es lo correcto y además suponen que esto nos liberará de nuestro infierno”.

Lars: Es el más vilipendiado de todos. Algunos grandes bateristas como dave Lombardo lo han atacado públicamente por sus declaraciones en el sentido de que habrá un día que Metallica no pueda tocar Damage Inc. O quizás, “Welcome Home (Sanitarium)” porque físicamente por lo menos para él como baterista, no le será posible. De niñita llorona no lo bajan, pero de su banquillo de baterista tampoco. Yo no soy músico ni mucho menos baterista y no ando por la vida y los conciertos sumando beats y llevando el tiempo. Ni siquiera lo sé hacer. Me vale madre. Y sí, puedo distinguir cuando un baterista se tropieza o ya no da el ancho, pero en términos generales creo que Lars cumple y además, por lo menos ayer, tocaron 130 minutos, 2 horas y diez minutos. Eso lo coloca como uno de los bateristas que por lo menos toca en una banda que te ofrece más de dos horas de concierto, y aunque Slayer a veces también alcanza esa marca, son realmente pocos los que lo hacen, y son mucho menos los que lo hacen a esa edad. El 90% de las bandas que tienen promedios de edad entre los 25 y 35 años tocan hora y cuarto, hora y media cuando realmente se inspiran, así que habría que tomar menos a la ligera lo que significa que un cincuentón salga a tocar 18 canciones, y de Metallica además, cada noche.
Las siguientes cuatro canciones fueron el momento clave para que al menos a mí, el concierto me resultara el menos atractivo de los que he visto de ellos.
“Cuando seamos seducidos, entonces ojalá se pueda lograr que no nos desviemos de nuestro camino” (Now that we’re dead). De las cinco canciones nuevas que tocaron, las primeras 4 corresponden a la misma secuencia del disco, y esta, la tercera es bastante floja, por lo menos en vivo. Lo rescatable del cuarteto que arrancó ahí, siguió con Moth Into Flame, Harvester of Sorrow y concluyó con Confusion fue justamente Harvester.

James Hetfield: Hace no mucho tiempo, Alex Skolnick catalogó a Hetfield como virtuoso. “No se le va ni una sola nota en vivo, nunca falla en sus riffs y además canta, lo cual lo hace más complicado”. Y sí, james es el gran soporte de la banda. Desde mi posición lo que menos se escuchaba era justamente su guitarra, cuando el bombo y el bajo lo permitían se escuchaban más las partes de Kirk, y como ya expresé hubo muchos solos que fueron lastimeros y algunas partes rítmicas que de plano estaban mal tocadas, pero James no, él se echa encima a la banda y pone cada riff como debe ser, como ha sido siempre, como fueron uno a uno para construir la leyenda que es Metallica. No habló gran cosa pero cuando lo hizo demostró que siempre ha tenido al público comiendo de su mano. Las enormes pantallas ayudaban cuando le hacían tomas en close up a ver sus gesticulaciones, a entender que de verdad sabe qué significa cada palabra que dice, sobre todo porque en su gran mayoría las escribió él. Sí, le toman fotos en chanclas y bermudas saliendo de tiendas de alta alcurnia junto con su familia, pero es quizás el que más metal tiene en su corazón de los cuatro, y tiene mucho.
La verdad no recuerdo en que tema fue, tal vez en “Confusion” que siguió a Harvester pero se sintieron sepultura de la época Roots y los cuatro se pusieron a tocar unos tambores en una especie de fiesta de percusiones tipo The Blue Man Gruoup, sólo que sin la gracia de los otros. Para mi fue bastante anti climático y a juzgar por la apática reacción que escuché de cerca de 60 mil personas, no estuve solo en ese sentimiento.
Dave Mustaine: Y es que por más que quieran minimizar su legado, llegó a salvar lo que parecía un concierto que de haber empezado bien se encaminaba al fracaso. “The Four Horsemen” tiene toda la actitud de Mustaine, y se nota aún más cuando analizas el proceso cada vez más castroso y falto de creatividad de Hammett de abusar del pedal wah. Ahí, en los cerca de 7 minutos que dura está parte de lo que hizo que Metallica cambiara al mundo. Imposible no prenderse en ese momento.

Roberto Trujillo: El set list dice que su solo fue después de Horsemen pero mi memoria dice que fue antes. Se le ve físicamente menos trabajado que en años anteriores, hizo mucho menos del paso de cangrejo que acostumbra pero, y es el pero importante, musicalmente le va perfecto a la banda. Es un bajista muy cumplidor aunque en su solo también mostró que la música ha quedado un poco detrás en su lista de prioridades; desangelado, aburrido, hasta chafa. Se compuso al final porque tocó la intro de “Anesthesia (Pulling Teeth), pero es otra de las partes que bien podrían quitar en el concierto y muy pocos extrañarían.
De ahí ‘pal real como dicen fue otra vez una experiencia altamente disfrutable. Fue muy curioso ver al grupillo de amigos fresones que estuvieron buena parte del concierto frente a mí hacer un mosh pit en “Sad But True”, fue… sí, triste pero cierto. La canción es pesadota, siempre ha sido momento clave en los conciertos, aunque medio mundo metalero odie el disco. “One”, “master of Puppets”, “Fade to Black” y Seek and Destroy” cerraron la noche. Con “One” por ejemplo yo esperaba pirotecnia, pero en esa y algunas de las que siguieron el efecto retro de usar láser de color verde, o blanco y llenar de humo el ambiente fue un viaje en el tiempo que realmente me encantó. Casi (casi nada más) con nudo en la garganta le decía a Kelpy Interesante “mira, cuando se abre el láser y pasa por el humo me hace sentir como si estuviera dentro de una pecera” jeje. Hasta eso que se nota la dedicación en cuanto a preparar las giras, esos detalles parecen pequeños pero complementan de maravilla un espectáculo del tamaño del de Metallica. Además, el escenario estaba con un diseño que empezaba en lo típico (un rectángulo, en este caso enorme) y cambiaba al tener en frente un “snake pit” (foso para un puñado de afortunados que tuvieron a la banda al alcance de la mano durante las 2 horas) y una pasarela que llegaba hasta la mitad de la sección General A. Ahí tocaron las últimas canciones, cual banda de garaje, con la batería a ras de piso y los cuatro compartiendo un espacio que no habrá tenido más de 3 o 4 metros de ancho. Detalles, sí, pero de esos que hacen diferencia, que muestran cierta preocupación por ofrecerle a la gente algo extra por el dinero que pagan. Y nomás por no dejar, en los detalles suele encontrarse la grandeza.
Para el encoré nos movimos hacia el costado y ¡voilá!, el sonido era perfecto, maldita sea mi suerte. “Con Fight Fire With Fire” se armó un pit mucho más grande pero al mismo tiempo muy retro, creo que la mejor manera de definirlo fue como lo llamó Kelpy, “un pit de chavo rucos”. Se la estaban pasando bomba pero no era algo tan violento como esos en los que hay codazos y patadas y que parecen guerras campales de artes marciales mixtas. Supongo que muchos de los que estuvieron ahí hoy no se pueden ni mover, pero estoy seguro que cada parte adolorida de sus cuerpos les generará alguna sonrisa. “Nothing Else Matters” y “Enter Sandman” hicieron que más e un true que vi por ahí se prendieran con la misma enjundia con la que agreden a Metallica en las redes. Al final, unos cuántos minutos de pirotecnia que la banda misma volteaba a ver, lo cual al final del día significa que aún encuentran tiempo para disfrutar.
Más panzones (excepto Hammett), con menos pelo (excepto Trujillo y Hammett) y más arrugados, pero esos cuatro parecen tener pila para rato. Ojalá Kirk retome el gusto por su instrumento y enmiende el camino porque es una lástima ver que no se sabe algunas partes y solos de varias canciones.

Ya para cerrar, sería interesante saber como lo vivieron esos que hacían el signo de paz, o los que gritaban “master” en rolas que no eran Master, o los que aventaron cientos de pesos en chelas a los de enfrente de ellos, o los que ocuparon el 90% del tiempo (y de pila) en grabar el show, o los que hablaban alargando cada vocal tipo “siii weee”, “no mameees, estamos del otro lado weee”, “yujuuu, a huevooooo” (en “Nothing Else”) pero bueno, lo dicho, a Metallica ya no puede uno verla como una banda para metaleros, hay que verla como Metallica, sin tratar de encontrar respuestas en donde no las hay. Tal vez en 30 o 40 años habrá alguna o algunas bandas más que logren lo que ellos y entonces sociológicamente podrá existir una teoría que explique el fenómeno. Hoy, por lo menos para mí, no existe.


***Todas las fotos son cortesía de OCESA a través de Chino Lemus.

Si llegaste hasta aquí, muchas gracias.

sábado, enero 07, 2017

Canciones, letras y pensamientos

La música es obviamente lo más importante para un metalero, pero como todos, cada quien tiene su propia historia de cómo fue creciendo con este gran género y sus decenas de sub géneros y seguro tiene algo que comentar al respecto. En mi caso, no sólo en el metal sino el rock en general siempre me llamó poderosamente la atención saber qué demonios decían las bandas que escuchaba.
Mi Papá -y hoy que yo tengo hijos lo entiendo, aunque igual no comparta su pensamiento-, no pasó tan de lleno por el rock. Él es de familia tabasqueña, concreta y mayoritariamente de un pueblo llamado Tenosique y creció escuchando otras cosas. Y sí, conocía a los Beatles y Elvis y los Teen Tops y demás, pero ya estaba más grande (dicen que es por ahí de los 12-13 años que defines realmente el rumbo que tomará tu gusto musical y a esa edad en la radio en Tabasco poco o nada se escuchaba de rock) así que cuando yo, a los siete u ocho años descubrí que existía una banda llamada Kiss, no sólo mi vida cambió, también la de él. Por uno de sus primos hermanos (más chico que él) y por los míos del lado materno (más grandes que yo) escuchaba rock de repente. No metal (calculo que el término ni siquiera era tan popular, hablamos de 1978-79), rock: que si los Doors o los Beatgles o Cream… de vez en cuando esas ondas sonoras pasaban por mi entorno y aunque no es como que pidiera escucharlos siempre, por lo menos ya traía parte del chip rocker en mi cerebro.
Cuando conocí a Kiss y toda mi vida comenzó a cambiar a él no le gustó la idea. Al prinicpio no habrá hecho mucho caso pero ya cuando tenía 10-11, sí. Mariguanos, maricones, mamarrachos… curiosamente tres “emes” eran una constante en sus discusiones y regaños. Él no quería que su hijo terminara en alguna de esas tres emes, y yo quería que me dejara escuchar la música que iba descubriendo y que tanto me gustaba. Él creía (y en cierto modos y con ciertas bandas no le faltaba razón, aunque siempre fue creencia, no que leyera las letras) que las bandas de rock pesado que yo escuchaba ofrecían mensajes podridos, o poco edificantes para un niño. Yo no sabía si eso era cierto o no excepto que mis tíos y primos me decían que no, que había muchas cosas ahí y no sólo palabrería negativa.
Como a los 11 años, calculo, cuando íbamos al entonces Aurrerá, le pedía a mi mamá que me dejara en la sección de discos en lo que ella hacía sus compras para ver las portadas y contra portadas. Y en ese tiempo los discos de rock se hacían aquí así que los títulos de las canciones estaban en español. A veces le pedía que me dejara en la sección de zapatería (te podías sentar) y leía pasajes de un libro llamado “Nadie Sale Vivo de Aquí”, una biografía no autorizada de Jim Morrison. Y claro, la biografía de Morrison ciertamente le daba la razón a mi papá por lo menos en cuanto a lo de las drogas.
Como sea, desde la primaria y hasta 2º de secundaria fui a una escuela horrible (para mí) de la cual lo único bueno que siempre recuerdo es que aprendí inglés, a buen nivel.
Por esos tiempos los discos como dije se hacían en México así que casi nunca traían las letras impresas, tenías que determinar qué estabas escuchando de acuerdo a tu propio oído, y a los 11, 12, 13 años hay canciones que puedes entender casi a la perfección, otras que no y en muchísimos casos, no entenderás el contexto. Además, el inglés es un idioma bastante limitado así que una palabra puede significar 5 o 6 cosas distintas y si no sabes entender contextos puedes perderte fácilmente y entender mal, o de plano no entender nada.
Poco a poco fui teniendo discos que sí traían las letras, escuchaba y las escribía en un cuaderno hasta que medio armaba lo que decían y así, justamente así fue que una gran parte de mi se fue moldeando, una gran parte de mi forma de pensar se fue ajustando a lo que escuchaba/leía en mis discos, a lo que leía en la sección “The story behind the song” de la revista Hit Parader, las letras que me dejaban copiar de sus discos importados algunos amigos, las que leía en libros que a eso se dedicaban (aunque en ese caso era casi siempre que si Queen, que si los Beatles, que los Rolling Stones, los Doors…) o las traducciones que salían en revistas nacionales como Toca Rock (te enseñaban con un método práctico a tocar canciones de rock y les agregaban las letras), Sonido, Rock Pop y algunas más.
Ya en la prepa usaba muchas frases de canciones para darle contexto a mis ideas en pláticas con los amigos, pedas o discusiones con maestros.
“From the islands to the cities, from the ports into the sea, we are strong, we will always be... Blazing through the wreckage, burning all we see, the life we lead’s, committed to be free. Our union is a fortress! Together we are bound. A common bound in freedom, and in sound!!! So raise your voices high! For miles around to hear, let them know, we are drawing near.
In union we stand as they! blaze across the land!!! In union, we make a final stand”. Overkill. Yo era el único que le entendía y al no tener acceso a la letra, esa primera estrofa y el coro subsecuente los entendía al 85%, suficiente para entender que era metalero, y que los que estábamos en eso estábamos unidos por algo y que unidos llegaríamos hasta el final. Claro, el final entonces era declararle a nuestros papás, maestros o a cualquier adulto que nos criticara por escuchar esa música que no dejaríamos de hacerlo.
Ese es el contexto de mi gusto por las letras en el rock y el metal. Y podría hacer el post más largo de la historia del blog explicando más a detalle, pero el punto es poner frases que en este instante que estoy frente al teclado recuerdo que me han marcado de una u otra forma, esperando que el que guste, haga lo propio en los comentarios.
Metallica fue una de las bandas más influyentes en mi formación y sus letras fueron (y son) fuente inagotable de debates internos (mentales pues, y espero no parecer loco pero yo sí paso muchísimo tiempo de mi vida escudiñando mi cerebro para determinar quién carajo soy. Afortunadamente aún no llego a la conclusión).
“Things are not what they used to be, missing one inside of me. Deathly lost, this can't be real, can’t stand this hell I feel. Emptiness is filing me, to the point of agony, growing darkness taking dawn, I was me, but now he's gone”. Sí, antes del internet uno debía descifrar los significados de las cosas por sí mismo, no podías preguntarle a Google y sí, muchos creíamos que la canción hablaba sobre el suicidio. Hoy sé que la letras habla sobre el sentimiento de desolación luego de que alguna vez les robaran todo su equipo, pero en ese tiempo parecía que hablaba sobre el suicidio y aunque no conocí de cerca a ningún suicida, sí fui adolescente y pasé por esos días en quieres tirar la toalla y este tipo de canciones me sacaban adelante. Para mí el mensaje no era “anda, suicídate” sino “anda, exprésate, déjate caer pero luego avanza”, porque despuñes de Fade to Black seguían más canciones así que obviamente el mensaje no podía ser que te mataras ¿no?
Siempre creí que el metal era una gran manera de aprender de historia. Unos tíos que vivieron muchos años en Satélite y luego en Chiluca (un campo de golf en el Estado de México) tenían una gran colección de revistas National Geographic y algunos libros sobre la Segunda Guerra Mundial. Mi papá nos compró alguna vez un libro sobre aviones militares rusos y otro sobre el mismo tema pero en EU. Sí, la guerra me llamaba la atención, las historias sobre Vietnam, todo lo que esa guerra influyó en el desarrollo del rock (también del metal, pero más del rock de finales de los 60 y principios de los 70). Y la guerra daba miedo, era la época de la Guerra Fría, los años en que se empezó a hablar de armas nucleares. Yo tuve el disco Paranoid como regalo de un primo, y traía las letras, debo haberlo escuchado por primera vez por ahí de 1979, y Electric Funeral daba miedo…
“Reflex in the sky
Warn you you’re gonna die
Storm coming, you’d better hide
From the atomic tide
Flashes in the sky
Turns houses into sties
Turns people into clay
Radiation minds decay”
Muchas, muchas veces soñé despierto con la terrible imagen que pintaba la frase “vuelve a la gente lodo”. Cuando alguna de las tantas guerras que tuvieron que ver con Israel la reportera Valentina Alazraki le decía a Jacobo Zabludovski que el ataque recién vivido era “nuclear Jacobo, repito, nuclear”, mi hermano empezó a llorar. Eso al final no fue cierto (lo del ataque nuclear) pero muchos pensamos que la TYercera Guerra Mundial estaba empezando y que todos íbamos a morir, y yo no quería morir convirtiéndome en lodo.
También recuero que tuve un libro que traía una descripción de 500 bandas de rock editado por la Rolling Stone. Describía a la banda en breves líneas con la opinión personal del “experto” al que le tocaba y su discografía hasta entonces. Recuerdo que a Stryper lo ponían pinto y parejo por usar el metal para alabar a Dios, y recuerdo que en la descripción decía algo parecido a esto: “por lo menos hablar de Dios es mejor que hablar de penetrar cadáveres y asesinar niños como Slayer”.
Y sí, el primer disco que compré de Slayer fue el Divine Intervention, y si algo no ha cambiado en mi percepción del mismo es que musicalmente hablando es flojito. Los había escuchado desde finales de los 80 y la neta no me gustaban, pero ya para 1994, saliendo de la universidad, Slayer era la leyenda maldita y si no te gustaba (igual que hoy) eras un poser o un pendejo. Pero las letras eran otra cosa. Lo que me mantuvo lejos de Slayer desde el inicio fueron sus letras, había leído una traducción de Silent Scream y no era como que me llamara tanto la atención:
“Embryonic death,
Embedded in your brain.
Suffocation, strangulation,
Death is fucking you insane”.
Eso le daba la razón a mi papá y a mí sencillamente no me interesaban esas descripciones. Pero ante pa presión de que Slayer era la banda más cabrona de la historia de la humanidad, compré aquél disco. La música insisto me parecía x, y letras como esta de plano me quitaban las ganas de seguir su carrera:
“Erotic sensations tingle my spine
A dead body lying next to mine
Smooth blue black lips
I start salivating as we kiss
Mine forever this sweet death
I cannot forget your soft breaths
Panting excitedly with my hands around your neck”
Sé que soy un marica como dirían en South Park pero la idea de simular jadeos apretando el cuerpo de una muerta y penetrarla nomás nio se me hacía interesante.
Pero la historia siempre estaba ahí, y en esos años (los 80), Maiden era de las bandas que mejor manejaban textos y hechos históricos convertidos en canciones. Ahí estaban The Flight of Icarus, Run to the Hills, The Trooper, Invaders, Aces High, Powerslave, Revelations, Alexander the Great… después, bueno, después ya major ni hablar.
Con el paso de los años vas descuv¡bierndo muchísimas bandas más y en mi caso encontraba que me seguía fascinando encontrar conocimiento en las letras de las bandas que descubría. Al no ser una persona religiosa no me importaba encontrar temas como To Mega Therion, de Therion y quedar con toda la inquietud de saber qué significaban tantas cosas en esa letra y que luego entendí mejor con el magnífico Reinkaos de Dissection.
Ah, la religión, sobre todo la anti. Es maravilloso internarse en las diversas formas de entenderla, vivirla, despreciarla… Ya no era sólo Disturbing the priest de Sabbath, ya era leer y conocer sobre muchísimas cosas que yo desconocía absolutamente y que fui conociendo gracias a las bandas de metal.
Y es que la clave de una vida plena, por lo menos en cuanto a la experiencia de la conciencia, es la curiosidad:
“This is the realm of Azerate, eleven as one
Destroyer of cosmic order, extinguisher of the sun
In this place so sinister I shall find my dreams
Illuminated by the blackest flame
To transcend with dragon wings”
Ni siquiera se trata de ser anti porque sí, sino de investigar, de conocer. No todos los dragones en el metal son como los que combatió Dio, si lees cosas que desconoces y tienes una herramienta como internet, la única limitante para no conocer algo más es que no quieras hacerlo. No tienes que estar de acuerdo, pero es mejor saber que no hacerlo. Antes de tener la oportunidad de viajar solía decir (y de verdad lo pensaba) que si el dinero me limitaba, conocer más y más bandas de metal me ayudaba a conocer el mundo, sus historias, sus leyendas, la forma de pensar de otros pueblos, y eso para mí equivalía a tomar un avión y salir. Claro, una vez que logras viajar de verdad es muy diferente, pero pintarte una imagen del mundo entrelazando en tu cabeza lo que vas absorbiendo de las canciones que escuchas es algo que no cambiaría jamás. En la escuela puedes aprender sobre las leyendas de los pueblos originarios de lo que hoy es México, y en el rock puedes conocer historias de otras culturas y encontrar fantasías que jamás imaginarías, como crear un instrumento musical con el cráneo de un pez gigante y pelos de una enorme nutria que sólo un Dios podría tocar. En My Kantele, Amorphis habla del instrumento de manera poética, como referencia a la depresión y soledad, pero si no fuera por la canción yo jamás me hubiera enterado de que existía algo llamado Kantele, aunque sea meramente una referencia mitológica:
“Talk utter nonsense
Who say that music reckon that the kantele
Was fashioned by a god
Out of a great pike's shoulders
From a water-dog's hooked bones
It was made from the grief”.
Siempre me ha gustado escribir así que leer letras de todo tipo de bandas es también una manera de conseguir inspiración. Muchas veces lo que se lee se explica solo, muchas más uno entiende una cosa y alguien más entiende algo totalmente distinto, esa literatura es la que me gusta más. Cuando yo escribo sé exactamente lo que significan mis palabras, pero luego leo algún texto años después y encuentro que probablemente significaba otra cosa. A veces estás triste y deprimido y entiendes un texto como que te habla en primera persona, a veces estás bien y ese mismo texto parece tener relación con algo más y a veces, la letra de una canción tiene muchos significados de acuerdo a diversos factores, sobre todo cuando su nombre conjura imágenes tan poderosas y disímbolas como Born in a mourning hall (Nacido en un velatorio). Supongo que es un buen ejemplo de la frase “la verdad yace en el ojo del espectador”:
“Born in a mourning hall
Pale clouds feared the unborn child
Then it grew up with growing plans
Of suicide
Born in a mourning hall
Shadows left the fear inside
That Peter Pan will never reach
The other side”

Yo aún no descubro si mi Peter Pan llegó al otro lado. En fin, supongo que si escribiera este mismo post 35 veces usaría siempre ejemplos distintos porque hay cientos de canciones cuyas letras han marcado algo en mi vida, para bien y para mal.

Si llegaste hasta aquí, gracias.

**Todas las canciones van con legtras, los que no son lyric videos las tienen debajo, picándole donde dice Mostrar más.

jueves, noviembre 17, 2016

Adios Sabbath adios

¿Qué es esto que se encuentra parado frente a mí?
Es la génesis, la banda que inició todo, con la canción homónima al primer disco y a sí misma, la que me tiene hoy aquí, expulsando con cada latido de mi corazón glóbulos blancos, glóbulos rojos y metal.
Yo no llegué contigo como primera opción, más bien fue de rebote aunque fue también a muy temprana edad. Era un departamento en la calle de San Borja, mi primo Carlos guardaba en su enorme closet un vasto tesoro: su colección de discos. El suyo era un gusto más bien ecléctico. Lo envidiaba porque vio a Kiss en Estados Unidos en 1977 pero no tenía discos de ellos, tenía, entre otros, de Black Sabbath. Cuatro recuerdo muy en particular porque tres me los regaló: Sabotage, Master of Reality y Paranoid. El otro era una colección de éxitos que se llamaba We Sold Our Souls To RockAnd Roll, y a mis escasos 9 o 10 años, la frase era terrorífica. ¿De verdad es cierto que se puede vender el alma? Yo ni siquiera comprendía bien el concepto de alma porque crecí un ambiente ateo. Primero escuché Sabotage, ese fue el primero que tuve en mis manos, aún recuerdo la primera vez que la aguja se deslizó sobre el vinil y descubrí ese sonido atronador, brutal para un niño, encantador; es como se supone que funcionan los atrapa sueños ¿no? Sin embargo fue Sympthom of the Universe la que no me dejó en paz nunca más. ¡Vaya sonido! Con el inglés que tenía alcanzaba a entender algunas frases, las balbuceaba sin tener idea de lo que significaban, hasta que más adelante en una entrevista con Ozzy entendí por fin que no significaban nada en concreto, que era una letra garabateada entre los efectos del alcohol y las drogas.
Lo vi, lo vi con mis propios ojos.
Y sí, los conciertos no subterráneos en México apenas empezaban y la gran mayoría de nosotros, los que por unas o por otras nunca fuimos a la Arena López Mateos (mea culpa, soy un fracaso como metalero, no estuve ahí así que mi calidad moral como metalero estará por siempre en entredicho, soy un poser… lo sé) de pronto tuvimos acceso a conciertos masivos con las bandas que nos ayudaron a crecer como personas, porque de tu mano y de la de muchos manos yo crecí como persona; lees las letras, lees entrevistas, escuchas los riffs, discutes con tus amigos, descubres con ellos bandas “nuevas”… creces, tal cual. Y entonces en 1992, en este mismo mes, pude verte en vivo por primera vez. Al haberme asumido como poser puedo ser totalmente honesto contigo ¿cierto?: llegué al Palacio de los Deportes sin tener tan claro que en la alineación venía el que después fuera uno de mis mayores héroes, Ronnie James Dio. No había internet, yo no vivía en zona céntrica donde te podías reunir con los amigos en las tiendas de discos y comprar y platicar y conocer y descubrir. Yo lo hice de manera mucho más autodidacta, leyendo en la Hit Parader y la Circus Magazine y la Rock Pop (que era de metal) y la Sonido cosas sobre Kiss, y descubriendo de rebote muchas cosas más. Y llegué al Palacio como uno y salí como otro. Ya tenía el disco Mob Rules, y el riff de Voodoo me volvía (y me vuelve) loco. No tenía según recuerdo reproductor de CD, ya después tuve el Dehumanizer en ese formato y me empapé de tu historia con el maestro Ronnie James. Pero esa primera vez que escuché, aunque fuera con otra voz, Black Sabbath la canción, con Ronnie “empapado” de la luz roja en su cara, tirando los cuernos mientras sonada la canción aún no se me olvida. Y no estaba lleno el Palacio, pero ¿qué importa? En esos conciertos y en esa etapa, a esa edad, yo lo que quería era estar ahí, y si los demás no estaban pues allá ellos.
¿Quisieras ver al papa al final de una cuerda, lo crees un tonto?
Sí. Y el debate interno empezó desde muy pequeño. En la escuela en la que me tocó cursar la primaria y dos años de secundaria la pasé muy mal, y mi temprana afición por el metal era una de las razones. Mi ateísmo (en ese tiempo más por reflejo que por convicción) era otra. Sobre todo ya en la secundaria entendía cada vez más el idioma en el que entregabas tu mensaje (lo único bueno que me dejó pasar por ese colegio) y algunas canciones eran bastante fáciles de discernir. Era raro, en las revistas y en las pláticas con los amigos que tenían hermanos mayores que SÍ SABÍAN (sarcasmo mode off) se decía que eras una banda satánica. Incluso recuerdo que una vez vi en el extinto Videocentro un Betamax de un concierto tuyo. Traía a Ozzy en la portada, vestido de blanco con una chamarra blanca de esas que al extender los brazos dejan caer decenas de hilos y lo vi porque algunos amigos me juraban que la banda era satánica y que hacía misas negras en el escenario. Obviamente en ese tiempo no sabía bien (hoy tampoco, por cierto) que demonios es una misa negra, pero lo vi más buscando eso que disfrutando del documento que ofrecía simplemente un concierto de la banda primigenia del metal.
Motores de cohetes que queman combustible rápidamente allá en el cielo negro, tan vasto.
Siempre me atrapaste con esa canción. Supongo que a Ozzy se le acredita el haber inventado el “headbanging” porque al escuchar una canción como esa es difícil imaginar que te den ganas de hacer algo que no sea sacudir la cabeza al ritmo de ese riff tan lento, tan soberbio. Uno sigue creciendo y la historia va cambiando. Fui descubriéndote en presente y en pasado. Que esos discos que yo tenía eran una primera etapa, la de la banda original con Terrance Butler, Anthony Iommi, John Osbourne y William Ward; que después habían grabado dos con Ronnie James y con Vinnie Appice, que después tuviste ese par de años que algunos llaman bizarro, con Ian Gillan en la voz y con Bill Ward de regreso en la batería.
Justo ese disco es de lo que más me marcó, y no importa que ayer por obvias razones no tocaras nada de él, igual yo llevaba con todo orgullo la playera tal cual debe ser: morado el fondo, rojo con negro el macabro bebé y doradas las letras con esa tipografía que a ojo de buen cubero (porque podría buscarlo en la red y fallar entonces a mi forma de ser, la que me enseñaste tú: honesto) sólo usaste en ese disco. Y como olvidar que el día que mi mamá me compró el Born Again lo escuché hasta la noche, cuando ya todos dormían, enchufado en unos audífonos enormes que tenía mi papá- estaba tumbado en el piso y escuché Trashed, luego esa especie de intro macabra que se llama Stonehenge y luego esa risa macabra de Gillan que me causó un miedo indescriptible. Digo, yo tenía 12 años y me pasaba seguido que tenía pesadillas de todo tipo, supongo que de alguna manera estaba conectado con el lado oscuro, pero eso no quita que el miedo que sentí aún de vez en cuando me pone la piel de gallina. Era una banda maldita, era una banda de metal, era el polo opuesto delo que sea que sonara en ese tiempo, porque no sé si ya existían Duran Duran o Mister Mister. No lo sé y no me importa, a nadie le conté en esa época que me dio miedo la risa de Gillan mientras leía las letras que dicho sea de `paso, también espantaban un poco.
My eyes are blind but I can see.
Ya más grande, en la preparatoria, la claridad de ciertas cosas era más evidente, pero también la ignorancia en cuanto a otros temas. Me explico: a finales de los 80 que es cuando yo cursé la prepa tú estabas de capa caída, Seventh Star, Eternal Idol y The Headles Cross (sobre todo los últimos dos porque el primero nunca lo tuve) son discazos, pero el mundo estaba descubriendo muchas otras bandas, muchos sub géneros y fueron justo las bandas que empezaron a destacar en esos años las que un poco más adelante ayudarían a que recuperaras tu estatus de leyenda primigenia citándote como máxima influencia. Y sí, mis ojos estaban ciegos pero de alguna manera podía ver que aún sin entender a fondo lo que realmente significabas para el metal y por ende para mi vida, eras una bandota.
Tratando a las personas como peones en el ajedrez.
Y hoy que mi trabajo me obliga a estar más enterado que nunca antes en mi vida de lo que pasa con la política, esa canción que tanto escuché, que tanto escuchamos mis amigos y yo, que tantas y tantas veces “tocamos” con guitarras imaginarias cobra más relevancia. Escondido entre la escenografía satánica y ocultista casi siempre fuiste una de las mayores fuentes críticas de las que me alimenté para abrir los ojos ante lo que pasaba en el mundo. Cuando ya tenía edad suficiente para entender mejor algunos contextos, cuando ya leía artículos en muchas revistas y letras de muchas bandas y me metía de lleno en lo que decían, las tuyas casi siempre destacaron por ser letras que obligaban a la reflexión, al análisis, a la investigación (no académica, claro, más por el lado de la curiosidad y tratar de entender algunas frases). Y claro, ya el aglomerado de bandas que escuchaba era mucho más amplio, me tocó vivir, igual que a ti, el surgimiento de lo que a mediados y finales de los 80 se comenzó a distinguir como speed metal, black metal, death metal, Christian metal… Empecé a conocer tantos nombres como cuando gané en la escuela un concurso por saberme los huesos del cuerpo humano, pero uno siempre tiende a regresar o por lo menos a no olvidar sus raíces, y ahí siempre estuviste tú.
El muro dormido de remordimientos transforma tu cuerpo en cadáver.
Hoy que está de moda hablar de muros te agradezco que me ayudaras a derrumbar varios de los que yo había construido. Y es que todos construimos paredes: la escuela, nuestros papás, si no encajas en la escuela, en el deporte, en la vida. Mis muros son mi problema y no son tema de discusión abierta pero si algo me ha llevado de la mano toda mi vida y me ha ayudado a definir mi personalidad, mi ideología, mi visión del mundo han sido el rock y el metal. Y cuando va uno creciendo y empieza a distinguir entre la importancia de ser y pertenecer contrastado con simplemente ser sin importar a quien le gusta lo que le muestras o no, entiendes mejor la trascendencia de una banda como Black Sabbath. Yo sí viví de cerca el desprecio de muchos por tu música según por simplista y poco estructurada; que Sabbath jamás podría hacer algo tan agresivo y veloz como Venom o Slayer; que los cambios de ritmo de Metallica o Megadeth eran ejemplos infinitamente superiores de lo que el metal era en verdad; que las guitarras gemelas de Heloween o Maiden no las hubieras podido siquiera soñar. Y claro, todo eso es cierto al final del día, y ahí justamente está la magia: tú eres una entidad inigualable e irrepetible. ¿para qué comparar al sol con la luna si se puede gozar igualmente de lo que ofrece cada uno?
Sígueme y no te arrepentirás.
Cuánta verdad en esa frase. Yo te seguí todos estos años y nunca podría arrepentirme. Como podría después de verte aquella vez en el palacio, o como Heaven and Hell en el Auditorio y en Wacken, o como Black Sabbath en el Foro Sol un par de veces. ¿Cómo puede un metalero irredento arrepentirse de seguir a la banda que lo inició todo? ¿Cómo olvidar lo que se siente escuchar los discos de cada etapa y disfrutar cada uno por su contenido? ¿Podría yo escuchar When death calls y no sonreír? ¿Podría arrepentirme de escuchar God is Dead? ¿Sería capaz de renegar del placer que me provoca Junior’s Eyes? ¿Habrá manera de arrepentirse de cantar a todo pulmón The Sign of the southern cross en vivo? ¿Tendría el valor de arrepentirme de haber escuchado alguna vez Born to Lose? No querido amigo, uno no se arrepiente de vivir, y menos si lo que has vivido ha sido en gran medida bajo tus propias reglas y cobijado por la distorsión que le dio origen a la música que te marcó para la vida y la muerte. Es más, ni siquiera al comernos la ensalada de ratas que fue el solo de Tommy Clufetos y sentir una gran rabia porque era él y no Bill Ward quien preparaba el platillo me arrepiento de haber ido anoche a decirte adiós. Hoy no habrá reclamos, sólo gratitud.
¿Estará vivo o muerto? ¿Habrá pensamientos en el interior de su cabeza?
Muchos pensamientos, y muchos sentimientos. Ya no se te veía con el vigor de décadas atrás y sin embargo tampoco se te veía mal. Los tres al frente en negro absoluto de pies a cabeza, los riffs, los redobles incansables, el impecable trabajo de Geezer siempre con los dedos, la manera que tiene Ozzy de entregar con una voz que jamás fue privilegiada pero siempre única las letras, todo estuvo ahí, en su lugar. No hubo mucho tiempo para saber qué pensar, sólo dio tiempo de sentir, de cantar, de beber cerveza y brindar por ti y tus cuarenta y tantos años de reinado, por tu legado. Para México (aunque sea un cliché totalmente desgastado) ayer murió una banda y nació una leyenda. Bueno, no, ayer murió una banda que nació como leyenda… No, ayer dijimos adiós a un amigo que nos dejó un enorme legado que mientras existan la electricidad y alguna forma de reproducción de música no dejará de existir jamás.
Ah esas mujeres sucias no se andan con mamadas.
En esa canción Ozzy presentó a Iommi, ese que un buen amigo describe no como Dios, sino como el Diablo, en varias ocasiones. El largo solo lleno de elegancia y buen gusto más que de millones de notas por segundo obligaba a cerrar los ojos, sorber la cerveza y dejarte aturdir un poco, dejarte llevar, dejarte ser. Porque además se acercaba el final, y como el solo de la canción, uno quería que ese momento fuera mucho más largo, eterno de ser posible, que Black Sabbath no estuviera frente a nosotros, sus fans (y los miles de espontáneos también, ¿por qué no?) para decir adiós. Y junto al escenario, del lado derecho si se miraba de frente y entre dos árboles que llevan ahí ya muchos años la luna se asomaba a ratos, casi llena, iluminada pero con una cierta apariencia siniestra, como si ella también quisiera que Black Sabbath no se acabara jamás. Quizás ella misma se sentía una mujer sucia que no se anda con mamadas y por eso mismo se vistió de gala, pero de gala oscura.
Los niños del mañana viven en las lágrimas que caen hoy.
Ayer no hubo lágrimas, no de mi parte. No todas las despedidas son un adiós ni tampoco tienen por qué ser tristes. Esta era una fiesta, y aunque en concepto difieran, fue como lo describió alguna vez Raxas “la fiesta de mi funeral”. Sí, existe la posibilidad de que un funeral sea una celebración. Ya que no podemos evitar la muerte podemos celebrar entonces el final de una vida plena, y si bien no puedo hablar por ti porque no caminé nunca en tus zapatos, a pesar de que me lo imaginé miles de veces, sé perfectamente bien que mi vida fue y será más plena porque te tengo a mi lado.
Te digo que disfrutes la vida, ojalá yo pudiera, pero ya es muy tarde.
No, nunca es tarde, no seas paranoico. Gracias por todo, salud.

jueves, septiembre 01, 2016

Megadeth, reseña.

No fue una noche más. Si algo ha caracterizado a Megadeth en sus presentaciones en México es que nunca sabes qué esperar. Ya sea que traigan a Judas Priest (con Ripper Owens) de abridor, que le abran a Mötley Crüe, que por problemas de salud Mustaine y compañía toquen sólo una hora y con pésimo audio (José Cuervo Salón) o que estén las estrellas alineadas y todo salga de maravilla, Megadeth es una banda impredecible.

La noche del lunes pasado se subieron al escenario casi a las 9 en punto ya que los anunciados previamente Havok, que abrirían la serie de conciertos en México, fueron retirados del cartel. La historia es aparte así que no entraré en detalles al respecto.
Cada que empieza un concierto, aunque se haya hecho soundcheck, los ingenieros suelen re ajustar el sonido en la primera canción, y si esa primera rola es Hangar 18, bueno, te saca de onda. Lo bueno es que le llevó al inge sólo media canción dejar todo más o menos en orden. Y digo más o menos porque para mi gusto y mis inflamados oídos que incluso estaban en tratamiento médico en esos días, el volumen era realmente excesivo. Esa es mi única queja general del concierto, el brutal volumen al que lo pusieron.

Como sea, Hangar 18 es fácilmente una canción que puedes meter en el encore, así que abrir boca con ella era arriesgado pero funcionó a las mil maravillas.
El escenario estaba pulcro y encuerado, pantallas debajo y detrás de la batería pero nada más, no había amplis ni monitores, sólo los músicos.
Probablemente abrieron el show de esa manera porque Mustaine había declarado en varias ocasiones que desde su perspectiva, el material de Dystopia quedaba perfecto con su catálogo de discos clásicos, con ese sonido thrash que los impulsó a la fama y sí, inmediatamente después ofrecieron The Threat is Real y la energía no bajó ni un ápice. Ya con el sonido bien ecualizado y a pesar de que el excesivo volumen, sobre todo algunos picos, de pronto ensuciaban la música empezaba uno a ver el entorno. Y es que, por lo menos en mi caso, casi siempre uno se enfoca en Mustaine porque los Drover/Broderick/Pitrelli/MacDonough/LoMenzo y demás que han venido en diversas épocas nomás no tenían chispa y en algunos casos ni personalidad. Esta noche sin embargo fue muy distinta. Si bien Dirk Verbauren no es un baterista protagonista tipo Lars Ulrich es mucho más visible que la mayoría de sus predecesores, y lo más importante, es un excelente baterista. No parecía tener problema en ningún momento y eso ayudó muchísimo a la banda que en tiempos recientes había padecido un poco en ese rubro. Shaun Drover cumplía, Dirk va mucho más allá. Y en el caso de la segunda guitarra, por fin Megadeth tiene a alguien con gran carisma que además toca excelentemente bien. Digamos que la capacidad técnica de sus guitarristas nunca ha sido un problema, lo era su apatía o falta de carácter o falta de presencia y con Loureiro todo eso se fue al demonio. Además de que Mustaine en todos los solos que le tocan a Kiko se hace para atrás y lo deja al centro de todo, volteas a verlo porque te atrapa, siempre sonríe, hace algunos malabares con la guitarra y claro, toca muy bien.


“In her way I'll surely die, In the eye of the tornado, blow me away”. Una de las favoritas de muchos, y además una de las favoritas de las bandas de covers fue el tercer acto, Tornado of Souls. Ya con tres rolas en el set no quedaba duda de que a pesar de saber que habría por ahí las clásicas más lentas, ese inicio era demoledor. Luego otra vez algo de Dystopia, ahora Poisonous Shadows; cuatro canciones, apenas dos discos representados pero no parecía importar porque, una vez más, esta canción queda perfecto en el contexto del Megadeth era Rust In peace. Después y presentada por Mustaine como “hoy tocaremos algo de material viejo y algo de material nuevo, este tema se llama Wake Up Death” comenzó la variedad. Es un tema clásico pero cortito así que probablemente para que no se sintiera que no llega ni a los 4 minutos la ligaron con el mega clásico In My Darkest Hour. Para mí fue de los momentos más agridulces porque fue justo ahí que mis oídos ya no sólo sentían fuerte el volumen sino que ya me lastimaba así que me fui hacia más atrás. Siguió una muestra de lo bien que suena la banda hoy en día con la instrumental Conquer or Die! y luego con Fatal Illusion para sumar ya en ese momento 4 rolas nuevas.


“Esta canción habla sobre la esposa, bueno ahora ya ex esposa de un amigo que era una prostituta. Y se lo dije pero no me hizo caso. Se llama She-Wolf”. En años recientes se ha convertido en una de esas infaltables en el set, y por mí encantado, me fascina el riff de inicio así que a matear. Luego vino Trust, una que por mí podrían saltarse pero que cuando escuchas a todos cantándola entiendes que no sobra en el set. Dawn Patrol es como el momento para David Ellefson y se entiende, aunque tampoco es como que haga gran cosa en el bajo en ese ratito. Luego vino Posion was the Cure y ya parecía más un concierto de mezcla entre Rust y Dystopia, aunque eso no tenía obviamente nada de malo, excelentes discos ambos.


Sweating Bullets es de mis temas favoritos del Countdown así que en mi mente el concierto era hasta entonces casi perfecto. Me queda claro que A Tout Le Monde la van a tocar siempre y aunque me gustaba más cuando salió que ahora, es una de esas pensadas en que el público cante y así fue. Luego llegó el turno de Trust con su parte cantada en español. Esa es quizás la otra que si prescindieran de ella a mí no me molestaría, me gusta, la canto, pero si pusieran algo del Killing por ejemplo en su lugar yo no me quejaría.


Siguió otro espalda con espalda del nuevo material con Dystopia y Post American World (“alguien me dijo por ahí que no entendía esta canción y le dije, ‘¿y a mí qué carajos me importa?"). Seis temas en total de Dystopia, lo cual además de agradecer porque es un discazo hace que el show ya de entrada sea totalmente diferente a cualquiera que hayan hecho en México en el pasado, una pena ver que la gente no respondió al llamado porque si bien se veía saludable la entrada, no era ni remotamente el éxito que debió ser, sobre todo ya que venían con disco nuevo y no cualquiera, uno realmente bueno.
Las que nunca pueden faltar cerraron el show: Symphony of Destruction con todo lo que se pueda decir de ella en cuanto a cómo la canta el público y Peace Sells. Gran cierre y para entonces ya todos nos habíamos dado cuenta de que faltaba otra clásica del Rust, afortunadamente fue la del encore y con Holy Wars se terminó el show.


Por ahí le aventaron dos banderas de México. La primera la mostró y luego la amarró con respeto en el micrófono central y la segunda, al leerla y ver la leyenda “Live Metal Die Megadeth” sonrió y señalando a quien se la había dado le dijo “esta (refiriéndose a la frase) es muy buena. Muchas gracias”. En otro momento había elogiado al público mexicano llamándolo uno que verdaderamente es respetuoso: “en sud américa tuvimos algunos problemas y mucha gente me odia y me agredieron verbalmente. No sé por qué chingados pero llegar aquí ya era algo que ansiábamos, yo vivo en California así que somos vecinos, conozco de la cultura de México y me gusta. Y además son un público muy respetuoso, gracias”.
Y así en cerca de dos horas Megadeth le restregó en la cara a los que se quejan de que ya vienen cada 15 minutos que la banda está en excelente forma y que tiene mucho más que ofrecer. Mustaine se mostró muy amable y sonriente todo el show e insisto, esta banda suena verdaderamente brutal.

Esta vez les debo las fotos.

martes, julio 26, 2016

Twisted Fuckin' Sister y algo del Hell and Heaven

Twisted Fucking Sister!
Ya no importan la cantidad de textos y notas que anuncian que la del Hell and Heaven marcó la primera y última vez que Twisted Sister se presentó en México porque, como el mismo Jay Jay French dijo desde el escenario, habían tocado hace 12 años en Monterrey.
A estas alturas ya no importa que muchas personas se hayan ofendido porque hace muchos meses Dee Snider apoyaba a Donald Trump -antes de que mostrara su verdadera cara racista- aunque hace algunas semanas el mismo Dee en un video se desligara públicamente del político y su plataforma e incluso le negara ya el uso del tema We’re not gonna take it y que desde el escenario del Hell and Heaven dijera con toda claridad y contundencia: “for the record, fuck Donald Trump! (que quede constancia, chingue a su madre Donald Trump). A esos que por creerse todo lo que sale en la red se lo perdieron, mis condolencias.

Importan a nivel curiosidad y hasta chisme que al presentar a la banda dijera “en la batería, Mike –toco-cada-semana-en-México-Portnoy” y que luego dijera “ahora sí, los originales” y entonces presentara a Eddi “Fingers” Ojeda, Mark “The Animal” Mendoza, Jay Jay French y que a él lo presentaran como “si Lady Gaga fuera hombre no sería ni tan atractiva ni tan talentosa como Dee Snider”.
Importa que a pesar de que el formato de festival y el hecho de que arriba de ellos estaba Rammstein como banda estelar redujo su set a una hora nada más (lo cual hubiera sucedido en cualquier festival porque así se manejan los tiempos en ese contexto), Twisted Sister mostró que 40 años después sigue pateándole el trasero a cientos de bandas mucho más jóvenes que no tienen ni la actitud, ni la entrega ni la calidad del quinteto neoyorquino.
No necesitaron gran parafernalia; apenas una imagen de fondo con el logo adornado con banderas de todo el mundo alternada con otra imagen del mismo logo pero limpio, un montaje de luces que combinó a la perfección lo moderno (luces robóticas) con lo clásico (luces fijas), algunas llamas por aquí y por allá y un set que incluyó 4 de los 5 discos en estudio que tienen.
Importó que Dee Snider aún mantiene una enorme capacidad de tener al público pendiente del escenario. Agradeció por ejemplo a la madre naturaleza por no dejar caer la lluvia para cerrar con un maravilloso Bitch: “Thank you mother nature for not raining, bitch!”. Importó que tocaron temas oscuros como The firse still burns o Destroyer y que no dejaran fuera clásicos como S.M.F y I wanna rock y por supuesto, We’re not gonna take it con una especie de encore especial para poner a cantar a todo mundo el clásico “huevos con aceite, y jamón”. 40 años después de su nacimiento y 12 después de su primera visita al país por fin saldaron la cuenta pendiente con los capitalinos, y lo hicieron de manera que ninguno que haya estado ahí lo olvide, ni siquiera los que estaban esperando a Rammstein en el otro escenario a quienes les dijo “ya sé que están esperando al puto Rammstein pero eso no quita que se diviertan con nosotros, ¿o sí?”.
Cada quien tendrá su momento memorable en el show. Para muchos ese fue cuando tocaron The Price porque, como lo dice su letra, “es el precio que debemos pagar, y todos los juegos que debemos jugar me hacen preguntarme si vale la pena hacerlo, porque es un juego que vamos a perder, aunque es un tipo de vida que hay que escoger, y el premio es justamente nuestra vida hasta que termine”. La dedicatoria ahí fue para AJ Pero (ex baterista de TS), Jimmy Bain (Rainbow) y Lemmy (Motorhead, quienes perdieron la vida este año o el pasado y han sido de los incontables decesos de los últimos dos años...

Como tributo a las bandas que se mantienen activas a pesar de los pesares tocaron The Fire Still Burns, para lo cual Jay Jay French dijo que la dedicaba “a esas bandas que no se rinden 15, 20, 30 o 40 años después”. Grata sorpresa porque el disco Come Out and Play no era uno de los que se esperaba fueran representados en el set.
Tardaron demasiado años en venir pero lo hicieron estando en muy buena forma y eso sólo hace que el recuerdo de haberlos visto sea aún mejor. Una cuenta pendiente menos con el metal.

Lo demás.
Ahora, en cuanto al festival en sí, trataré de escribir lo más objetivamente posible y desde la perspectiva del público cada vez que se pueda.
Lo bueno:
La cantidad de gente. El mundo dice que el metal está de salida y bueno, la realidad vivida en el festival parece indicar que no es así. Hasta el cierre de esta edición (jaja) no tengo una cifra oficial. Se habla igual de 50 mil que de 80 mil y cualquier cantidad entre esas dos así que ese dato queda pendiente.
El comportamiento de esa gente. Que yo sepa, saldo blanco en términos generales, nada que lamentar, ningún problema de esos que algunos imbéciles vaticinan cada vez que hay conciertos de metal porque “ese tipo de gente no se sabe comportar”.
El aspecto visual del festival. Se veía bien todo, ante los ojos aparecía de verdad como algo que te puedes encontrar en otras partes del mundo. Los escenarios Hell y Heaven muy bien decorados con las dos letras H en medio, aunque eso supongo afectó el tamaño de la pantalla central que pudo ser más grande. La otra es que haya sido por cuestiones presupuestales o que simplemente no le pusieron atención a ese detalle. El escenario True con dos cajas de tráiler de cada lado se veía imponente y el Alternative, aunque más austero, cumplía cabalmente con lo que uno espera llamar escenario en un festival. El New Blood de plano no lo ví pero las fotos muestran que este año ya fue un escenario y no una carpa de vacunación con dos bocinas. Bien ahí.
Se respetó el tiempo que debía tocar cada banda. No todo estuvo a tiempo pero eso no impidió que las bandas tocaran lo que se suponía debían tocar.
Aunque los de El Universal y Paco Castorela se enojen, los precios de los boletos. 880 pesos en general por 50 bandas no es caro, le busques por donde le busques. También, y esto es MUY destacable, que no hicieran promoción 2x1, eso daña enormemente a la escena porque la gente se espera a ese día, no compran boletos y si no hay promoción, ya no se vendió lo que se debía. En ese sentido los Live Talent aguantaron vara y no aflojaron, lo cual insisto, es un acierto.
Su apertura a tener medios transmitiendo en vivo y en tiempo real. Esto también estará en lo malo pero de entrada, que dejaran que hubiera medios transmitiendo (por ejemplo Canal 11, Reactor, Sonica Tv, Coca Cola Tv, Grita Radio entre otros) con una sección destinada para tal efecto habla de una apertura que sucede en todo el mundo pero que en México era poco explorada.
Que no lloviera. La noche anterior se cayó el cielo y había zonas lodosas que fueron cubiertas con una especie de alfombras lo cual, gracias a que ya no llovió más, sirvieron perfecto para que se pudiera caminar por todos lados sin mayores contratiempos.
Las actividades extra. Desde mujeres muy sexys enjauladas a zanqueros disfrazados a botargas hasta juegos mecánicos (bueno, uno), área para niños, un pequeño beer garten o un corredor de mercancía de diversos productos, había muchas oportunidades de entretenerse si en un momento dado ninguna de las bandas eran del agrado de alguien.
Lo malo:
Los baños. Un asco total y además, ponerlos todos juntos sin especificar cuáles debían ser para hombres y cuáles para mujeres fue un gran error. Sobre todo para las mujeres, ir al baño se convirtió en una pesadilla. Además no tenían agua ni desinfectante así que con el calor, a 50 metros de distancia sabías donde estaban colocados los baños por la terrible peste que emanaban.
Algunos ingenieros de audio eran realmente una facha. Las bandas más grandes probablemente traían al suyo pero en general los inges eran los mismos banda tras banda en cada escenario, y por ejemplo el que estaba en el escenario Alternativo cuando tocaron los colombianos Koji k Utho y después de ellos A.N.I.M.A.L. era una facha. Los colombianos subieron a un nió de 12 años a tocar una tarola y un tom (tambor de piso) y jamás sonó. Además fue muy evidente porque el niño hizo un mini solo de percusiones que simplemente no sonó jamás. Y así detalles en todos los escenarios porque, si bien es cierto que el viento entorpece el audio cuando sopla fuerte (y por momentos sucedió) también es cierto que se nota cuando un ingeniero no sabe lo que hace o no conoce a la banda.
La brutal lejanía del New Blood Stage. Si de por sí el espacio era vasto, pones un escenario en el culo del festival y logras que nadie vaya.
El mal trato a algunas bandas nacionales. Lo digo siempre, si no te gustan, si no te caen, si a tus amigos que pones de stage managers (porque en algunos casos eran amigos, no gente profesional) les caen mal, mejor no los invites. Digo, el apoyo a la escena nacional es muy necesario pero no es a fuerza, y si vas a atropellar a algunos en lugar de apoyarlos, pues mejor no los invites.
Ok, abrieron esa oportunidad de que algunos medios transmitieran en exclusiva, pero no les ofrecieron la infraestructura completa. Es decir, eso se hace por ejemplo en el Vive Latino y la producción del festival provee el internet. Aquí se proveyó un espacio, una carpa con luz pero sin internet. Son detalles que parecen nimios pero hacen la diferencia entre “lo mejor de…” y un festival más.
La logística. El festival empezó (y por lo tanto terminó) tarde. Y ahí no hay nada de que las bandas al final pusieron panchos, si anuncias puertas a una hora, abres a esa hora y las bandas empiezan como debe ser, si empiezas tarde, digas lo que digas, la falla es atribuíble a ti, así de fácil. En ese rubro de logística entra también por ejemplo el que hubiera zonas denominadas Recogida Uber, pero a los Uber no les avisaron y no los dejaban pasar al estacionamiento obligando a la gente a tomar el que es compartido. También en ese rubro de logística cabe mencionar que muchos de los puestos de mercancía que estaban ya dentro del autódromo y que estaban en fila y acreditados, no tenían luz. Así las cosas, ya de noche pues no venden nada.
Los precios de la comida y el agua. Si bien es cierto que los puestos oficiales y sus encarecidos precios son problema de Ocesa, que es la empresa que administra el inmueble, los Live Talent pusieron food trucks que dependían de ellos y ahí también, los precios eran un abuso. Digo, así son los festivales, pero si es un dineral el que se necesita para comer y beber.
Finalmente está el gran problema de la acreditación a medios de comunicación. Eso realmente no compete a una nota de este tipo pero sí vale resaltar que hubo quienes esperaron hasta 4 horas para poder entrar, y eso sencillamente es lo más anti profesional que puede suceder. Lo peor es que el acuchillado es un publirrelacionista muy capaz que al ser quien tenía que dar la cara se llevó todas las críticas. ¿Qué pasó exactamente y por qué no estaban las pulseras listas? Eso sólo lo saben ellos pero esperemos que lo arreglen porque no es la primera vez que tropiezan con esa misma piedra, es más bien una constante. Su comunicado para los medios sólo ofrecía sentidas disculpas pero no aclaraba nada. Decía que lo sucedido fue por causas ajenas a Live Talent (típico ¿no?, siempre es culpa de alguien más) y demás, pero sin explicar cuáles fueron esas causas. Una verdadera facha eso. Y sí, insisto, la diferencia entre “el mejor festival…” y un festival cualquiera con muchas bandas está en esos detalles. No sólo es que las bandas sean buenas (lo cual es muy subjetivo y debatirlo es infructuoso porque finalmente depende del gusto de cada quién), es que sepas llevar las riendas del festival y Live Talent aún no muestra tener esa capacidad de manera cabal.
También el acceso a ganadores de diversas promociones y de personas que venían en tours de diferentes estados de la República fue terriblemente mal organizado y también ellos estuvieron ahí horas, esperando, perdiéndose bandas.
Ya lo demás, las distancias a recorrer por ejemplo no son sujetas a debate. Es un festival muy grande así que hay que ir preparado física y mentalmente para aguantar muchas horas, eso no tiene remedio y eso sí es igual en los grandes festivales de Europa por ejemplo.

Mis tres centavos de aporte (aunque no parezca, de crítica constructiva).
Creo que 5 escenarios son demasiados. No hacen falta tantos. Insisto, si lo haces sólo por meter bandas nacionales en uno de ellos y cumplir con esa demanda pero pones el escenario en el punto más lejano, no ayudas a nadie. Cuatro escenarios serían suficientes, que inviten a bandas nacionales que ellos crean merecen estar ahí o a las de sus amigos y que en lugar de darles 20 minutos les den 35, por ejemplo. Digo, El Clan es una de las máximas leyendas del gótico en México y tocaron en el culo del festival, 20 minutos. Eso se puede evitar quitando el quinto e innecesario escenario New Blood.
Sí, han mejorado bastante, tanto que lograron un festival de buen nivel, pero para hacerlo el mejor o de élite TODO debe funcionar bien, no sólo lo que se ve desde afuera sino lo que sucede tras bambalinas. Hay más fotos de fan de gente que estaba en “producción” que en cualquier otro evento del mismo tipo, por ejemplo.
Ya para finalizar, por diversas razones que van desde el tiempo que tardé en entrar hasta el hecho de que buena parte de la tarde estuve transmitiendo desde la carpa de Sónica y pasando por el hecho de que la mayoría de las bandas no me llamaban la atención, fuera de TS no vi casi nada. Vi como mencioné a Koyi K Utho (que no me gustó), a A.N.I.M.A.L. que me dejó claro que ese tipo de música en mi vida fue sólo un gusto pasajero, un poco de Bulldozer - muy buenos aunque me llevó algo de tiempo encontrar un sitio donde se escuchara bien- y un poco de Ghost que, para mí, es una banda absolutamente disfrutable. Ya sé que a muchos les molesta y les choca pero a mí me encanta, y su concierto me pareció muy bueno. No vi nada más así que no tengo nada que agregar.
Tomando en cuenta todo lo expuesto y valorándolo en una tabla numérica tipo calificación escolar, creo que como público el festival puede llevarse un 8.5 o 9, pero viéndolo como un todo, con lo que sucede tras bambalinas, aún es un inamovible 7.