lunes, mayo 06, 2019

¿Un último beso? Kiss en Domination, reseña


“¿Por qué se fue, por qué murió, por qué el señor me la quitó? Se ha ido al cielo y para poder ir yo, debo también ser bueno para estar con mi amor” Así va la letra en español de ese clásico de Wayne Cochran, inmortalizado en México por Los Apson. Aquí nadie ha muerto, pero se supone que el del viernes en el Autódromo Hermanos Rodríguez fue el último concierto de Kiss en México, y eso ha levantado cualquier cantidad de comentarios y especulaciones que van de polo a polo en el espectro del opinómetro de los rockeros mexicanos. Así, lo que a continuación se exprese es justo eso, una opinión de un rockero mexicano que, de paso, es Kissero a muerte.
Yo soy quien soy en buena medida gracias a Kiss. Siempre lo digo y no es exageración. Obviamente soy quien soy gracias a mis papás, los mejores que hay, a mis amigos, familia, escuela y demás. Pero Chico Migraña, el niño y luego adolescente que se convirtió en lo que ese apodo representa, nació de la mano de Kiss. El metalero que soy es 100% gracias a Kiss, a que leía las revistas nacionales y gringas desde los 12 o 13 años porque salían ellos en la portada y entonces, además, leía de bandas cuyos discos estaban en la colección de uno de mis primos o en los relatos de algunos de mis tíos: que si Black Sabbath o Led Zeppelin o más adelante que si Celtic Frost o Alice Cooper o los Scorpions. Y como me enseñó Kiss, fui autodidacta. No sabía que significaban los botones “bass” y “treble” en el estéreo de mis papás, medio entendía inglés pero no lo suficiente para captar bien las letras de la banda, así que mascullaba mis propias versiones de “Beth” y “Love Gun”. Luego, más adelante, entendía mucho mejor inglés y sabía que en el Chopo podía conseguir versiones hechas en máquina de escribir de las mismas, así que las cantaba mejor, y más adelante, con la llegada del CD, los discos empezaron a traerlas impresas. Ya para cuando llegó a mi vida la internet, me las sabía prácticamente todas.
Y peleé. Muchas veces. Discutí, me enojé, me agarré a golpes porque la gente me criticaba por escuchar a Kiss. Iba en el Olinca, una escuela fifí para usar términos de moda, pero yo no era un fifí, no encajaba, y además escuchaba a Kiss: era un pobre naco.

Cuando nacieron mis hijos decidí que no trataría de influenciar sus gustos musicales. Trataría de que la música fuera parte de sus vidas, eso sí, pero serían libres de escuchar lo que quisieran. Y claro, ninguno de los dos salió rockero, pero con el paso de los años, ambos fueron mostrando interés por eso que me apasiona tanto, y por lo menos lo escuchan sin hacer muecas. Sobre todo Samantha, mi hija. Por eso la invité. Quería que viera y experimentara lo que marcó mi vida de manera tan profunda. Y se la pasó bien.
“Y Jane (así, como Yein) Simmons todavía saca la lengua?” preguntaba mi Mamá. “¡Siguen siendo los mismos de cuando eras chico?” preguntaba mi Papá. “Supe que vinieron, ¡los fuiste a ver?” me preguntó mi hermano. Y bueno, es curioso porque esa noche, a minutos de que empezara el show, Samantha me preguntó las dos preguntas de mis papás: “espera y verás” le dije.
La manta monumental con fondo negro y letras plateadas se levantó sólo para cubrir el escenario y dejarnos escuchar el mítico “All right Mexico City, you wanted the best, you got the best, the hottest band in the world, Kiss”. Lo sabíamos todos, lo coreamos todos, nos emocionamos todos.

Confieso que por primera vez en mi vida vi el concierto desde una zona VIP. La última vez de Kiss en México en un festival fue Hell and Heaven y lo vi desde general, lo cual no me causa mayor apuro. Lo malo aquella vez fue que no había bocinas llamadas delay, las que se colocan a la altura de la división entre preferente y general, así que el audio para mí fue infame. Es por eso que entiendo a los que se quejan del audio de Domination (no sólo con Kiss), porque lo he vivido. Sin embargo, excepto algún detalle con la guitarra de Tommy y lo que para mi era un volumen un poquito más debajo de lo deseado, desde donde yo estuve se escuchó muy bien. Si no me quejo amargamente y no hago berrinche es porque, honestamente, yo no tengo quejas sobre el audio.
Kiss es de lo más importante que ha pasado en mi vida y quería vivir lo que hasta hoy es la última ocasión que los veré en México con gente que me importe mucho también. Dos personas estuvieron ahí conmigo, y no hacía falta nadie más. Luego, claro, están los personajes que uno se topa por ahí y que hacen que además te diviertas extra, así que todos, gracias por hacer de esa noche algo un poco más especial.
Esta fue también la primera vez que mi hija iba a un concierto de ese tamaño, así que parte del tiempo lo pasé pendiente de que estuviera bien, de encontrarle un huequito en el que su estatura no le impidiera ver, así que pude haberme perdido algún detalle, aunque si pasó, fue mínimo. Eso sí, estuve un poco menos concentrado, lo cual probablemente explique por qué no hubo lagrimita.
Sí, la voz de Paul es un problema, y el viernes lo fue nuevamente. Menos que otras veces, pero lo fue. Sin embargo hay que entender que tiene dos cirugías en las cuerdas vocales y 67 años de edad. Y no es pretexto, es sólo que si uno lo compara con gente de esa edad que existe en nuestro propio entorno, entenderá el enorme esfuerzo que debe requerir mantenerse en forma, y eso incluye la voz.
Sí, Tommy no tiene el carisma de Ace, pero tiene un entendimiento cabal de lo que significa la palabra profesionalismo, y aunque su rol sea más bien de imitar al Spaceman, lo hace perfectamente bien y sí, aunque le duela a los más aferrados por Ace, ya sobre el escenario, más del 70% de la gente no sabe la historia detrás del maquillaje, ni saben que es Tommy y no Ace. No superarlo depende de cada quien, pero de que cumple con su trabajo de la banda y hace soñar a miles que no conocen el detalle detrás de la historia, eso sin duda.
Finalmente hay que decir que el escenario y la pirotecnia fueron menores a lo que se ha visto en videos recientes, es cierto, pero también es justo decir que lo que ofrecieron fue todo lo que los fans esperamos, y los que no los habían visto nunca, jamás lo olvidarán. No sé si los años doblegan el ánimo de peleador que hay en mí, pero no tengo queja. No es conformismo, es saber que después de haber visto cientos, tal vez miles de conciertos, los de Kiss se mantienen ahí como algunos de los más espectaculares que existen. La medida en todo caso debería ser contrastarlo contra ellos mismos, y aún así, lo que montaron en Domination fue memorable.
Musicalmente hablando, la banda nuevamente sacó a relucir lo bien trabajada que está. No hay momentos penosos como los de aquella gira de Psycho Circus en que el amado Ace no podía con sus ´propios solos, por ejemplo; no hay necesidad de usar triggers en la batería ni de hacer las canciones más lentas para que no se pierda la continuidad. Y eso quedó demostrado desde el arranque con “Detroit Rock City”. Una versión casi perfecta (excepto por la voz) que de inmediato calentó la sangre de los que sean que hayan ido al show, porque cifras oficiales hablan de más de 70 mil, otros dicen 60 mil, Paul dijo desde el escenario 75 mil así que, los que hayan sido.

La primera vez que los vi abrieron con “Creatures of the Night”, en 1994, y esta vez ni siquiera la tocaron. Gene, Paul y Tommy descendieron desde el techo del escenario en sendas plataformas, mientras Eric ocupaba su lugar detrás de la batería. Humo, fuego, explosiones y un clásico no de Kiss sino de la historia del hard rock, así comenzó la noche. Yo no sabía que iban a tocar ni en qué orden, no quise saberlo porque crecí en una época sin internet en la que parte de la magia era dejar que la banda te fuera sorprendiendo, para bien o para mal, con cada canción. Un camarada me decía que él tampoco había querido ver el set con antelación, lo cual significaba que por lo menos no era el único con ese sentido de aventura.
Siguieron “Shout it out loud” y “Deuce”, es decir, se arrancaron con una muestra de quién carajos es Kiss. Son el tipo de canciones con las que establecen un vínculo masivo y que permiten que luego la banda pueda aventurarse con algo menos popular, como fue “Say Yeah”. La rola está hecha para ser coreada, pero probablemente hubiera funcionado mejor en un entorno más exclusivo, en un concierto sólo de ellos. Como sea, para mi fue una gratísima sorpresa.
Siguieron “I Love It Loud” y “Heaven´s on Fire”, esta última obviamente sin el grito de introducción, imposible para un Paul que, con toda honestidad, en ningún momento me dio motivos para pensar que traía voces grabadas. Lo siguiente fue también una sorpresa. “War Machine” fue la canción destinada para el acto de fuego de Gene Simmons. No es la primera vez que lo hace en México en ese tema, pero yo hubiera imaginado que fuera en “Firehouse”. La verdad es que War es de esas canciones que siempre caen bien en el set, es pesada, medio oscura y siempre bienvenida.
Siguieron “Lick it up” y “Dr. Love”, dos de las infaltables en cada set, pero si se le echa un ojo al set hasta ahora, iba bastante variado y emotivo. El concierto estaba planeado para dos horas y eso abría la oportunidad para algunas canciones que no siempre suenan, como “100 000 Years”, misma que no tocaban acá desde 2010 y que permitió recordar la versión Alive!, con solo del gran Eric Singer incluido.

Una vez más, lo que siguió no fue necesariamente una sorpresa porque “Cold Gin” es de las que suelen tocar siempre, sólo que ahora fue la usada por Tommy para disparar cohetes contra las luces y hacerlas explotar. Eso solía suceder durante parte de “Shock Me”, una que, por cierto, en esta ocasión, no tocaron. Y en relación a Cold Gin y sólo a nivel anécdota, la madrugada del sábado en Casa en Llamas (estudio de grabación) se hizo realidad. Los Voltax, el staff y yo bebimos ginebra helada directo de la botella para celebrar el día, y yo, además, para celebrar a mi banda favorita. Y claro, hay que ser honestos, no es mi bebida favorita. Y menos sin el filtro de una bebida extra como refresco o agua quina.
Para ese momento faltaban aún los momentos cumbre de Paul y Gene. El turno fue para e Demonio que, con ayuda de un juego de rayos láser que dieron un toque totalmente vieja escuela se dejó ir con su número de escupir sangre para luego cantar el clásico (escrito por Paul, por cierto) “God of Thunder”. Y sí, lo ves ahí arriba y regresas a la infancia, al miedo que daba verlo en la portada del Alive II por todas las historias que, como niño, uno se creía. Que si tenía lengua de vaca, que mataba pollitos en el escenario con los dientes de sus botas, que si bebía sangre de cabra y luego la vomitaba en el escenario… mitos de la era previa al internet.
Lo siguiente fueron otro par de agradables sorpresas en la forma de “¨Psycho Circus” y “Let Me Go Rock and Roll”. Por lo menos Psycho yo no la tenía presupuestada, y mucho menos el tener cerca a alguien que me haría recordar la caja con video VHS y lentes 3D que se vendía cuando salió el disco. La segunda, bueno, para mí la parte instrumental de la mitad de la canción hacia el final es de lo más memorable que ha escrito la banda. No sé qué tanto mérito musical tiene o no, pero siempre me ha parecido fantástico, y cada vez que la han tocado ha sido un sentimiento de belleza pura y satisfacción completa. Esta vez no fue la excepción.
El momento cumbre de Paul llegaría a continuación, y vaya que lo tenía bien merecido. Fue él quien se echó la banda al hombro en los difíciles años 80, el que ha mantenido viva la leyenda cuando Gene se distrajo con Hollywood, cuando las ventas de entradas no eran ni siquiera decentes y ahora que de nuevo gozan de enorme éxito. “Love Gun” no sólo es su canción sino su reflejo, es rock and roll con la influencia de Zeppelin y The Who, no los Beatles como sería el caso de Gene. En vivo es el momento en el que todas las miradas se posan sobre él porque se sube a un arnés, vuela por encima de la audiencia y se posa sobre una plataforma en la estructura destinada para resguardar la consola de audio, sólo que esta vez no se pudo. Así son los conciertos en vivo, hay imponderables y en el caso de Kiss, el más visible fue justo ese. Afortunadamente seguía “I was made for loving you” y esa también es su canción, su momento cumbre. Además, es la canción que los miles que seguro no sabían gran cosa de la banda pero ahí estaban, conocen. Y seguro la corearon, porque se escuchaba magnífico y poderoso el coro de miles de gargantas.

Finalmente llegó el momento también para Eric Singer. Toda la noche estuve maravillado por la hermosa playera sin mangas que llevaba, con los dos leones que adornan la plataforma de la batería de Peter Criss en el interior del Alive!, estampados en ella. Para esa altura del concierto no estaba seguro de que fueran a usar el truco, pero llegó “Black Diamond” y por supuesto que se levantó el Gato por los aires y dejó ver esa misma manta, la que hemos visto desde aquel lejano 1975 y que él llevaba en su playera. Sobra decir que el momento fue sublime porque si bien la mayoría de la gente no es fan clavado que conozca la rola, éramos suficientes miles como para que el estruendo fuera atronador y muy emotivo.
Llegó el encore y al regresar, otra sorpresa. “Beth”, en voz de Eric Singer, acompañado sólo por un piano, lo cual abrió la puerta para el gran cierre, que para ir acorde con la noche, tuvo también su sorpresa, Cuando todos esperaban el clásico rocanrol toda la noche, la banda nos regaló “Do You Love Me”, misma en la que soltaron una docena de enromes globos que sirvieron para entretener aún más a la audiencia.
Y entonces sí, “Rock and Roll all night” con las explosiones confeti, el coro memorable, la guitarra rota de Paul, una última mirada a la lengua babeante de Gene, lo curioso que se ve Eric al lado de los otros tres que le sacan 10 cm y un sentimiento de nostalgia difícil de explicar. Esa bien pudo ser la última noche de Kiss en México, aunque tampoco está de más imaginar que podrían romper esa promesa y volver en el futuro, quizás a un inmueble cerrado en el que, ahora sí, trajeran todo el arsenal.
No sé si ese fue el adiós, pero si así fuera, la mezcla convulsa de recuerdos de todas sus presentaciones en la CDMX me acompañarán por el resto de mis días y probablemente, porque la promesa sólo la hice para mi mismo, cuando llegue el día en que este mundo ya no coexista con Kiss, me tatuaré el logo de la Kiss Army.
Gracias por todo Kiss, gracias por siempre.

*Todas las fotos son cortesía de Lulú Urdapilleta/Ocesa



martes, marzo 05, 2019

El poder y la gloria de Saxon. Reseña.


Nunca te rindas. Según Biff Byford, ese ha sido el lema eterno de Saxon. Y la letra dice “nunca te rindas, incluso cuando estés solo contra el mundo, nunca te rindas, levántate y enfréntalos a todos”. Después de haberlos visto en vivo por lo menos media docena de veces, sabía que su nueva visita al Plaza Condesa tendría un elemento garantizado: mis expectativas no serían decepcionadas, si acaso, serían superadas. Y así fue.
Saxon es una de esas bandas que sigue sacando discos, que entiende el modelo del negocio de la música desde la perspectiva de la industria en Europa, y no la de Estados Unidos. Es decir, es una banda que entiende que el mundo ha cambiado, que ya no se venden las mismas cantidades de discos que se vendían antes pero, aun así, el “deber” de una banda es mantenerse activa, seguir en la brega. Muchas bandas gringas con buena cantidad de años en la escena ya abandonaron el concepto de sacar discos porque el mercado en su país está casi roto, pero esa es meramente su realidad y no tendría por que ser la de todos. Bueno, Saxon ciertamente no lo ve así y por eso arrancó la noche con “Thunderbolt”, sencillo de su más reciente larga duración, homónimo, vigésimo segundo en su cuenta en un lapso de 40 años.
Pero no sólo se trata de sacar discos y ya, se trata de hacerlo con un sentido de pertenencia y vigencia, y ese inicio fue de lo más pesado en la noche. Saxon no le ha bajado a la intensidad de su música, y tanto “Thunderbolt” como “Sacrifice”, que fue la segunda rola que tocaron, así lo demostraron. Además, ese inicio hacía suponer que no le temen a mostrar sus canciones más recientes, y a juzgar por un trío de pequeños gremlins (en tamaño y en edad) que estaban frente a mi y brincaban y mateaban y gritaban y hacían mosh entre ellos y bailaban, pero sólo cuando sonaban temas del nuevo milenio.
Pero Saxon estaba ahí, 40 años más tarde, porque construyó su nombre con lo que hoy miles consideramos grandes clásicos del género, así que para calmar las ansias de quienes podrían pensar por el inicio que sería un concierto cargado de rolas nuevas, Biff tomó el micrófono y dijo, palabras más, palabras menos: “ahora tocaremos 3 canciones de la New Wave Of British Heavy Metal”, y entonces sí, el Plaza Condesa se cimbró. “Wheels of Steel”, Strong Arm of the Law” y “Denim and Leather” una tras otra. Y es en ese momento que te queda claro, si es que antes dudabas o no lo habías pensado, que Saxon es mucho más que una buena banda. Casi de la misma edad que Maiden y un poco más joven que Judas, esta es una banda histórica. Legendaria, primigenia e invaluable. No importa si no vende en los niveles que las recién mencionadas, ellos estuvieron ahí, en la creación de ese movimiento. Fueron uno de esos cimientos que no se ven pero que sostienen una casa. Es decir, Maiden y Def Leppard por ejemplo son mucho más visibles, son como la fachada de la casa, lo que la mayoría de los ojos ven. Y hay otras que son como los muebles y la pintura, necesitas acercarte más para verlos, como Pagan Altar o Girlschool o Tygers of Pan Tang, pero todos ellos necesitan cimientos, y Saxon es cimiento. Porque, honestamente, aunque Maiden tenga clásicos adorados por millones, nadie los canta con la mente puesta en la NWOBHM, y Leppard, bueno, de sus días en la NW no tocan nada hoy en día, hoy se preocupan más por ser incluidos en el Salón de la Fama del Rock and Roll que por entender sus raíces sonoras. Pero Saxon es distinto y esas tres canciones son himnos y no han dejado de serlo cuatro décadas después.
“¿Dónde estabas en el 79 cuando la presa se empezó a romper? ¿Nos ibas a ver a los conciertos del barrio, usabas mezclilla, tal vez cuero? ¿Corrías para estar mero en frente, eras de los que iban por su boleto a pesar de la nieve y el hielo? Mezclilla y cuero, eso nos juntó a todos, fueron ustedes quienes liberaron el espíritu. ¿Leías el diario de música de principio a fin y te enterabas así donde ver a tu banda favorita? ¿Escuchabas la radio cada viernes en la noche? ¿Te gustaba pasar el rato en la tienda de discos local?”. Sí, es nostalgia pero también es historia porque así era, es una descripción de lo inocente que era el mundo cuando no había internet y tenías que investigar, hablar con otros y enterarte así de lo que había.
Pero quedamos que los británicos estaban decididos a mostrarse relevantes para los llamados chavorrucos, así como para los más jóvenes. Los gremlins frente a mí necesitaban más pretextos para sacar en gotas de sudor toda su testoterona, y Saxon estaba ahí para satisfacerlos, así que tocaron “Battering Ram”. Era apenas la sexta canción de la noche y ya habían tocado el sencillo de tres discos recientes, todos homónimos (Thunderbilt, 2018; Sacrifice, 2013 y Battering Ram, 2015). Y vaya que son rolas de metal por todo lo alto y con todas las de la ley, nada de cantar sobre sexo en el asiento trasero del auto acompañado por acordes suaves como hacen decenas de bandas de heavy de la actualidad, no, con el paso del tiempo, Saxon sólo ha endurecido su música, alabado sea Satán.
Siguieron con esa mezcla de tiempos: nos llevaron a 1980 con “Frozen Rainbow” y “Backs to the Wall” y luego brincaron hasta 2018 con su homenaje a Motorhead, “They Played Rock and Roll”. “Por allá de 1980 tuvimos nuestra primera gira en forma, y la hicimos junto con una banda llamada Motorhead, Lemmy, Phil y Eddie”.
El primer disco que tuve de Saxon fue “Power and the Glory”. Me lo vendió un amigo que tenía ese y el “Crusader”, este último casi nuevo así que calculo que hablamos por ahí de 1984-85. El Crusader no me llamó la atención porque la portada era sobre tema religioso, pero le comré el Power, lo puse y entendí, de golpe, lo que significaba el término Haevy Metal. Ese riff, el de la canción que da título al disco es para mí “el” riff. Y justo con esa siguieron, y si ya estaba extasiado, ahí perdí la compostura de forma total. Supongo que no para todos es el gran clásico, pero para mí sí. Maravilloso momento. Claro, Biff ya no canta como en el 83, hoy tiene 68 años y OBVIAMENTE no tiene la misma voz, pero no importaba. Algunas notas altas las cambió por un tono medio y usaba algunos efectos en la voz pero aún así, la rendición a mi rola favorita fue maravillosa.
El segundo larga duración que compré de ellos fue el “Strong Armo f the Law”, así que cuando arrancaron con “Hungry Years” me dio un ataque de nostalgia, no la esperaba, y por ende, la disfruté aún más. Una vez más se brincaron del 80 a tiempos más recientes, 1995 concretamente, con otro sencillo que dio nombre a su disco de ese año, “Dogs of War”. El balance era perfecto, si bien dejaron fuera muchos discos, el recorrido era por épocas y era una montaña rusa de emociones. Siguieron con otro gran clásico, el “747 (Strangers in the Night)” y su tétrica historia sobre dos vuelos forzados a aterrizar en Nueva York sin luces en tierra por un gran apagón.
Siguieron “Ride Like the Wind” y “Lionheart”. Esta última fue otro golpe de nostalgia. Mi primera vez en Wacken fue en 2004, y ese año, Saxon presentó ese disco. Hicieron una mini escucha de disco (pusieron cuatro rolas) y luego ofrecieron una muy concurrida conferencia de prensa. Así, lo ñprimero que escuché de aquél disco fue justamente “Lionheart”, y me encantó, así que escucharla en vivo nuevamente era un gran placer. Hasta las chelas, que normalmente por no estar bien frías no saben del todo bien el Plaza, sabían a gloria.
“The Eagle has landed” habla sobre el viaje a la luna de los gringos, poner la bandera en suelo lunar y dar ese famoso gran paso para la humanidad, pero en los 80 tuve un libro que se llamaba (creo) “Satanismo en el Rock”. Lo escribió un sacerdote. Una verdadera suma de pendejadas y patrañas, terminó en la basura. Pero si recuerdo bien, porque ya tenía el Power and the Glory, que el curita ese decía que Saxon era una banda satánica porque en esa canción hablaban de vida extraterrestre (eso decía) y que eso era sinónimo de satanismo. Rolota con anécdota bizarra.
El resto de la noche, por cierto, ya sería de puros temas de los 80. Supongo que la mayoría lo habrán agradecido porque, si bien la intensidad de la respuesta del público realmente jamás bajó de intensidad, sí aumentaba con los viejos clásicos, y las últimas seis entregas fueron golpe de martillo tras golpe de martillo: “To Hell and Back Again”, “Dallas 1PM” y “Crusader” (la que a mi personalmente menos me gusta” dieron el cerrojazo. Llevábamos hora y tres cuartos de metal clásico, y queríamos más, así que bajo el clásico oe oe oe Saxon, la banda regresó para que Biff anunciara que tocarían “no una, no dos sino tres canciones más”. ¿Cuáles serían? “Heavy Metal Thunder” (esa la esperaba), “Never Surrender” (la gran sorpresa de la noche para mi gusto) y claro, “Princess of the Night”. Con un cierre así, al borde las lágrimas, las palabras sobran así que no diré más.
Gracias Saxon y gracias Eyescream porque se necesita de alguien que confíe para que todo esto suceda.
Por si todo esa fuera poco, inmejorable compañía, muchísimos amigos y conocidos, estacionamiento sin problema… el único gran pero en todo caso sería que nadie vendía tazas, ¡maldita sea!
Migraña en Never Surrender mode on.

Todas las fotos son de Rogelio Matamoros, excepto la de Nigel Glockner (baterista) y la panorámica del público, esas dos son de Selene Tolentino. Todas son usadas con el permiso respectivo.








domingo, febrero 10, 2019

Tiamat, en su punto (reseña)


Poquito antes de las 10 se apagaron las luces, en el escenario se vio que entraban uno a uno los cinco músicos que conforman hoy Tiamat, la gente con el clásico rugido previo a cada concierto, lo típico pues, pero de pronto, como cuchillo caliente sobre mantequilla sonó el brutal riff de entrada de “Whatever That Hurts”, y entonces, así de fácil y así de rápido, todo valió la pena.
Es una lástima que una banda de ese calibre tenga apenas 10 discos en poco más de 3 décadas de vida y que sus conciertos ya sean tan esporádicos que parezcan eventos muy especiales, aunque por otro lado, cuando la oportunidad se presenta es un verdadero placer sónico.

Todas las bandas empiezan sus conciertos con una canción fuerte, sin embargo, guardan las de mayor calibre para momentos más adelante en la noche y para el cierre. Tiamat no, ellos simplemente se lanzaron con todo para abrir la noche de su regreso a México y la respuesta del público fue acorde. Englund además le daba a cada oportunidad de tocar el riff u aura de leyenda, moviendo el brazo de manera dramática para acentuar, para dejar claro lo que ha hecho a Tiamat una banda de culto. ¡vaya manera de empezar!
Se había especulado que tocarían casi completos los discos “Wildghoney” y “Clouds”, y al tocar como segundo tema de la noche “The Ar”, así parecía, sin embargo poco a poco quedó claro que sería una noche más variada. Algunos habrán sentido que eso era una decepción, algunos lo habrán agradecido, eso habría que preguntárselo a cada uno de los cerca de mil rockeros y metaleros que estaban en el Circo, pero a juzgar por la entrega, no pareció importarles demasiado.
Siguieron “Cain” y “Divided”, del disco de 2003, “Prey”. En diversas oportunidades, la audiencia celebró el legado Englund y compañía con el clásico canto “oe oe oe oe, Tiamat, Tiamat”, lo cual en algún momento fue agradecido por el cantante/guitarrista, quien dijo que se sentía como en un partido de futbol. Conminó a la gente a hacerlo de nuevo y aunque, curiosamente, cuando fue premeditado no salió tan bien, fue lo suficiente para que él dijera desde el escenario “gracias, estoy contento”.
En esta ocasión, al igual que la primera vez que me tocó verlos en vivo, hace muchos años ya en el extinto Salón 21, el fundador de la banda llevaba sombrero. Aquella vez -en un show junto con Nightwish, en el 2000, creo- llevaba uno más tipo texano; en esta ocasión era un sombrero más chico y más tipo de vestir y tenía la cara pintada como catrín. Probablemente no sea el atavío esperado en un concierto de metal pero desde siempre, Tiamat ha sido más una banda de ofrecer su música y convencer sólo así, sin apoyo visual. No tenían siquiera una manta detrás de ellos, sólo la negrura de la cortina que tapa las paredes traseras del Circo Volador y su música.

Siguieron con “Brighter tan the sun” y el clásico “Vote for love”. Englund habló poco con la audiencia, pero antes de “vote” dijo, palabras más, palabras menos: “nosotros no hubiéramos votado por Trump. Tampoco lo hubiéramos hecho por Hillary, nosotros votamos por el amor”. Para entonces el show iba a la mitad y parecía ya que, por alguna razón, no tocarían nada de su más reciente disco, “The Scarred People”. Si hubieran tocado el set Wildhoney/Clouds hubiera tenido cierta lógica, pero en cambio dieron un repaso por algunos discos más bien viejos y dejaron para otra ocasión el presentar lo nuevo. Tampoco pareció que eso incomodara a nadie, pero fue un detalle curioso.
Ciertamente la base fueron esos dos discos, como sea, y la siguiente receta doble fue con justamente con “Clouds” y luego “Visionaire”. Lo cual logró que la gente no perdiera jamás el entusiasmo.
“Wings of Heaven” y “Smell of Incense” siguieron por el camino de los viejos clásicos para cerrar con dos infaltables: “The Sleeping Beauty” y “Gaia”. Con Sleeping, que fue la primera del encore, la sangre volvió a hervir dentro de mí. El lento riff en la guitarra, el brutalmente sonoro riff en los toms de piso de la batería, el aura sombría… En las notas descriptivas del recopilatorio “Commandments”, Englund dice que es como el “Somoke on the Water” de Tiamat, una especie de huella digital: “nada divertida para ensayarla pero divertidísima para tocar en vivo”. Yo soy de los que creen que es la canción definitiva de Tiamat, una oda oscura a la depresión y la angustia, pero con esa luz que aunque escondida, casi siempre se puede ver:
“Mientras más bebo más me doy cuenta que el suicidio podría ser la clave para llegar a ese lugar llamado paraíso, donde el dolor no habita, no odia ni miente. Pero si miro más allá de todo esto, entonces calculo que hay algo que seguramente extrañaría, porque en mis sueños soy yo el dueño de mi vida, y la bella durmiente es mi esposa”.

El final llegó con “Gaia” y el sabor de boca era de una belleza única. Esa noche tuvo sus bemoles, pero esa hora y 10 minutos fueron de un valor artístico incalculable. Es por eso que el hecho de que la banda toque tan poco en años recientes es algo cercano a un drama, porque el mundo del metal necesita tener bien presente que hay gente que aún hace arte en el metal, que lo ha hecho durante décadas y que, en ese contexto, nunca ha sido relevante si vende millones de discos o entradas. Fue algo así como un concierto para un público no tan extenso, pero que habrá salido de ahí con una satisfacción mil veces mayor que el 90% de los que asisten a conciertos de bandas más mainstream sólo porque son más conocidas. Este de Tiamat fue un concierte equivalente a beberse media botella de buen whisky, lentamente, en las rocas, paladeando cada sorbo, sintiendo como se pierde paulatinamente el control de las extremidades es un sopor inducido que es de lo más placentero que se puede vivir.
Antes, los finlandeses de Ensiferum habían ofrecido 60 minutos de su mezcla de death melódico con elementos folk. Seria injusto demeritar su presentación porque, a pesar de que con Tiamat quedó claro que eran ellos por quienes iba la mayoría, los finlandeses también llevaban público y también encendieron al Circo Volador.
Ellos sí, con una enorme manta detrás de ellos que obligaba a quienes probablemente nunca los habían visto a conocer su nombre, con una presencia escénica más planeada y coherente hicieron lo suyo. Tienen momentos coreografiados, los guitarristas aprovechan los momentos instrumentales para sacudir el cráneo, involucran al público durante casi todo el show y en general presentaron un espectáculo totalmente profesional.
El audio fue muy claro (al igual que con Tiamat) y aunque llevaban algunas partes grabadas (no había tecladista por ejemplo pero sonaban los teclados), su presentación no tuvo nada que obligue a criticarlos. Ya en cuanto a gustos personales hay algo que decir, pero finalmente eso sobra. Tocaron casi una hora y lograron establecer su concepto lo cual es ya bastante. El dato curioso, que para muchos en redes aparentemente ha sido casi sacrilegio fue el tocar un cover de “Sweet Child O’ Mine”, de Guns and Roses, aunque, a pesar de los quejosos, en ese momento recibió una respuesta mucho más efusiva de lo que se esperaría con un cartel con Ensiferum y Tiamat. Tampoco es que el Circo se cayera cantando la rola, pero desde la grada sí se escuchaba que había un buen contingente que cantaba el coro.
Excelente concierto y una prueba más de que mientras más opciones, mayor competencia, y a mayor competencia, mayor calidad.

Crédito de las fotos: Germán García.

sábado, noviembre 03, 2018

Happy happy Helloween, reseña.


Cuando la noche le pertenece a una banda es difícil que los invitados brillen, ´por más que sean pesos pesados. En la noche de las calabazas reunidas el estatus de invitados le correspondió a Kreator y Arch Enemy, lo cual en el papel no era cualquier cosa.
Con puntualidad perfecta, a las 8 de la noche comenzó la máquina alemana de thrash. En algún momento de la noche pude saludar al promotor del show y recordé que alguna vez, platicando, me dijo que Mille Petroza tenía una ética de trabajo interesante y que sabía que al ser el responsable de la marca Kreator, aunque fuera en su casa, debía trabajar todos los días para mantenerla vigente. Ya fuera contestar mails, o revisar diseños, o contratos o lo que fuera, cada día se sienta en su compu y trabaja en la marca. Cuando no lo hace así es porque está de gira o porque trabaja aspectos musicales. Bueno, eso es algo que se nota. Kreator es una máquina perfectamente bien trabajada, precisa y ciertamente brutal.
Independientemente de las opiniones que giran en torno a si debía o no tocar como banda uno en el cartel de tres, lo ciertos es que tenían una hora para mostrarse (lo mismo que tuvo Arch Enemy y razón por la cual me parece irrelevante el orden). Con eso en mente no tardaron nada en poner las cosas en su lugar y arrancaron con “Phantom Antichrist” y “Hail to the Gods”, sencillos de sus dos más recientes discos en estudio. Apenas con esos dos temas ya habían dejado claro que la descripción que hizo de ellos el sitio All About The Rock no está distante de la realidad: “el thrash metal pudo haber nacido en el área de la bahía de San Francisco pero fue perfeccionado en Essen”.
Como tercer cañonazo se dejaron ir con “Enemy of God”. Ya para ese momento quedaba claro que si bien había mucha gente que disfrutaba a los teutones, no los veían más allá de una buena banda abridora. Excelente respuesta en general de la audiencia pero muy lejana a los brutales mosh pits que se han vivido en el Circo Volador por ejemplo. Y no es crítica, es meramente una observación. Siguieron con “Satan is Real” y “Civilization Collapse”, lo cual significaba ya que a la mitad de su set sólo habían recorrido material de sus cuatro discos más recientes.
Los que esperaban más material viejo (mismos que mencionan en redes que a pesar de lo brutal del show, no estaban totalmente satisfechos con las canciones escogidas) tuvieron su primer gran guiño con “Phobia”, aunque lo siguiente fueron “Gods of Violence” y “Hordes of Chaos”, dos temas más bien recientes. El cierre llegó con “Violent Revolution” y la infaltable “¨Pleasure to Kill”. Diez temas, 60 minutos y una selección de temas que bien podría entenderse desde la perspectiva “negocio” que rodea a las bandas: al ser invitados y no estelares y tener una hora para tocar y no más, la decisión fue irse por los sencillos de los cinco discos más recientes y acercarse a lo más viejo sólo con los temas que de plano nunca faltan. De esa manera es más fácil llegarle al público que no los conoce o que por lo menos no es fan clavado. Durante buena parte del show se vieron explosiones de vapor que agregaron un tono clásico a su presentación. Hubo un par de ocasiones en que incluso las exhalaciones coincidían con el ritmo del riff, lo cual denota una vez más (al igual que algunas coreografías por ejemplo) que se trata de una banda trabajada. Excelente presentación.





Una vez más con gran puntualidad, con apenas dos o tres minutos de retraso empezó Arch Enemy. Honestamente vi poco. Es una banda con una gran capacidad para el death melódico pero los he visto varias veces y nunca he terminado de engancharme. Tocaron “The world is yours”, “Ravenous”, “War Eternal”, “My Apocalypse”, “The Race”, “You will know my name” (que fue la más ovacionada), “The Eagle Flies Alone”, “First Day in Hell”, “As The Pages Burn”, “We Will Rise” y “Nemesis”.
Sin quitarle ningún mérito a su trayectoria y bajo el entendido de que para nada le fue indiferente al público, sí pareció que de las dos invitadas, ésta era la banda menos coherente dentro del cartel. Se ganaron el corazón y los aplausos de un buen sector del público, sobre todo el más joven, pero era un sector minoritario.
Alissa White-Glutz, eso sí, cada vez se nota más cómoda como frontwoman de la banda y sin suponer que poseo dotes de síquico y que leo mentes, da la impresión de que finalmente ya es ella misma en el escenario y que ha dejado atrás el estigma de sustituir a Angela Gossow. Ha pasado de ser una cantante que lucha por encontrar su sitio a ser el personaje central de la banda y capturar la atención de la gente por su capacidad de engancharlos más que por su atractivo físico.





Pero la noche no era ni de Kreator ni de Arch Enemy, era de Helloween.
Yo crecí con Helloween. Y con Maiden y Priest y Metal Church y Overkill y muchas más, pero las calabazas siempre han sido una de mis bandas favoritas. Fue por verlos a ellos que fui al Circo Volador por primera vez, allá en 1998 y ha sido una banda que he seguido desde mediados de los 80, cuando supe que existía. Los he visto en vivo varias veces, ya me había tocado verlos con Kai Hansen de invitado en dos o tres rolas pero el concepto Punpkins United se me había escapado.
Hace muchos conciertos que no se me enchinaba la piel y se me salían algunas lágrimas y muchos más en que no sucedían ambas cosas. Esa noche en la Arena Ciudad de México sucedieron ambas cosas, varias veces.
El escenario estaba cubierto por una tela semi transparente con el logo cruzado a todo lo largo, justo a la mitad. Así, cuando las luces se apagaron y los músicos salieron uno por uno el rugido de la gente fue espectacular. Y arrancaron con “Halloween”, nada más. Ver ahí a tres de los cinco iniciadores de la banda, más el cantante que llegó un poco después pero que lo hizo para ponerle su mágico timbre de voz a los Keeper of the Seven Keys provocó mi primer erizamiento de piel. Hansen, Weikath, Grosskopf y Kiske juntos ante mis ojos por primera vez. Y no se debe olvidar por supuesto a Dani Löble en la batería, Sascha Gerstner en la guitarra y por supuesto Andi Deris en la voz. Pero hay tiempo suficiente para hablar de ellos y el concepto Pumpkins United. De entrada, para alguien que no había atestiguado este concierto antes era inevitable fijar la vista en los primeros cuatro mencionados y recordar y volver a vivir la adolescencia y recordar y sentir como fluía la magia que me habían hecho sentir hace más de 30 años y recordar; y recordar.

Arrancar con Halloween me pareció un movimiento muy acertado. Dura lo suficiente para que uno como espectador tenga tiempo de asimilar todo lo que sucede en el escenario, es parte de uno de sus más grandes discos y manda el mensaje de que la banda va por todas las canicas y que no jugará a la defensiva. También es un tema que deja bien claro por donde irá el resto de la noche, con Hansen, Weikath y Gerstner siempre presentes, con un ataque a tres guitarras en el que se nota en cada momento que son tres. Es decir, además de los gloriosos solos duales entre Hansen y Weikath, esos que hicieron que Helloween se desmarcara del resto de las bandas de su generación que tocaban speed metal, están siempre presentes, la tercera guitarra siempre toca o el riff base de la canción o alguna melodía que acompañe, pero nunca se queda en silencio. Luego estaba el juego de versos entre Deris y Kiske. Es tal vez la mejor solución para no caer en lo obvio que hubiera sido dividir el show en temas era Kiske y temas era Deris, que cada quien cantara lo suyo y listo. No, aquí los dos intercambiaban versos y armonizaban, sobre todo en algunas notas altas, en lo que fue verdaderamente un espectáculo sin precedentes para mí. Porque no es lo mismo tener una banda que ofrezca dos voces siempre, como Lacuna Coil por ejemplo, que arreglar la música para que dos cantantes interactúen en lo que originalmente estaba planeado para una sola voz.
Después de ese arranque se les hubiera perdonado todo, y en mi caso, así fue. “Dr Stein” nunca ha sido de mis temas favoritos, aunque parece que a ellos les gusta tocarla. Pero en esta ocasión me encontré cantando, disfrutando la bobada de letra, sonriendo con las animaciones proyectadas en la pantalla que tenían de fondo y con el dilema de no saber hacia donde mirar: ¿debo buscar a Kiske y concentrarme en su voz y recordar esos años de adolescencia; debo buscar a Hansen y Weikath y ver como interactúan? Porque al final del día a ese par le falta reconocimiento. Mucho se habla de otras bandas de aquella época, o de cinco o seis años antes y se deja de lado lo que esos dos crearon en su momento. Pero Helloween es así, tiene temas como “Dr. Stein” para alivianar la oscuridad que de repente se yergue sobre el mundo, y está bien.

Las primeras lágrimas llegaron con “March of time”. Mi tema favorito de Helloween y el contraste perfecto: mientras uno de los versos dice “la vida es muy corta para llorar, pero suficientemente larga para intentar”, para mí la noche parecía muy corta así que llorar no parecía nada malo. Y probablemente Kiske no sea ya el enorme cantante que era, pero tampoco es que esté tirado al suelo para que se le pase por encima. Uno crece con ciertas bandas, con ciertas canciones y les guarda enorme cariño, así como las conoció. Es mi caso. Por una parte, me encantaba ver que Kiske y Deris intercambiaran versos, porque Deris ha hecho un trabajo soberbio desde hace casi un cuarto de siglo, pero escuchar a Kiske cantar ese tema era casi como sentir el calor de la caricia de un ser amado que no veías hace tiempo. “Hours of lust, hours of tears passing by before my eyes. Today, tomorrow, yesterday... One life”. Creces y ciertos conceptos cambian, pero también creces y aquellas canciones que marcaron tu vida, aquellas letras que significaron algo entonces significan algo diferente hoy, pero significan, se vuelven parte de ti, de tu construcción como ser humano. “No more wasted years, no more wasted tears, life's too short to cry, long enough to try. Time marches” El secreto está en no abandonar a quien eras por quien quiera que seas, y si lo logras, esas canciones del ayer nunca dejan de ser importantes. Y en este caso la tocaban cuatro de los 5 originales. Increíble.
Pero Helloween tiene 34 años de historia y en ella han participado varios músicos. Y es una banda vigente, que aún saca discos, que busca llegar a nuevas audiencias y que mantiene un espíritu de amabilidad en sus letras, aunque conlleven crítica, como en “Are you metal?”. Y ahí Deris tuvo su oportunidad de recibir el aplauso que tiene bien merecido. Además es un gran frontman. Carismático desde siempre y con una voz que a muchos fans de la banda les convence más que incluso la de Kiske, tiene a su favor además un dominio excelso del español.

Si Detis y Kiske van a compartir versos en las rolas de los Keepers y el Walls of Jericho, ¿por qué no hacerlo en las demás? “Perfect Gentleman” es un tema que la banda ha tocado más de 100 veces desde 1994 así que no podía faltar en esa noche cargada de magia que, por cierto, también en su turno arrancó casi perfecto en cuanto a horarios, pues estaba anunciado a las 11 de la noche y empezó tres minutos después.
Pero Kai Hansen es el creador de varios de los grandes temas de la banda, y además era el cantante, al igual que lo fue por muchos años en Gamma Ray. Como guitarrista y compositor no ha perdido el toque y eso lo demuestran los once discos que ha hecho con Gamma Ray, en los cuales ha escrito o coescrito el 90% de los temas. ¿Cómo cantante? Bueno, la dificultad de tocar lo que Helloween componía y cantar al mismo tiempo lo llevó a dejar esa ocupación para que llegara Kiske, pero eso no quita que con su voz se grabaron algunas piezas clásicas y entrañables para los fans de las calabazas metaleras, así que también él tuvo su momento propio en el que interpretó una especie de popurrí con fragmentos largos de “Starlight”, “Ride the Sky” (que me volvió a erizar la piel y a sacar lágrimas que impedían cantar) y “Judas”. Si el show hubiera concluido ahí no hubiera habido queja alguna. Para ese momento ya había pasado de todo un poco en cuanto a la banda y su legado se refiere, pero apenas iba la mitad.
También es importante vivir estas experiencias con alguna o algunas personas que signifiquen algo en tu vida, y en mi caso así fue. Es el tipo de concierto en el que casi no quitas la mirada del escenario y no pierdes la concentración, pero voltear de repente y ver recordar que te acompaña alguien importante para ti hace que todo sea aún más disfrutable, y si esa persona también está enganchada con el show, más.
“Heavy metal (is the law)”. Esa misma semana tuve una junta en Hell Radio y aunque nada tiene que ver con el concierto, uno de los puntos que discutimos es que, si no eres metalero, no sabrás comunicarte con los metaleros: “White heat. Red hot. Mayhem. If you don't feel it you won't understand”. Y luego claro, Helloween tiene alguna que otra balada excelsa. En el 2003 y 2011 por ejemplo tocaron “Forever and one (Neverland”, en 2006 el otro del concierto fue “Light the Universe”, pero en 2008, 2017 y en esta ocasión la elegida fue “A Tale That Wasn´t Right”, otro enorme momento para disfrutar de la voz original que cantaba la canción y la de quien llevó a la banda en los años posteriores. Finalmente y después de todo, el concepto se llama Pumpkins United por una razón y, como lo comenté antes, la idea de que todos participen prácticamente en todo el concierto, sin quitar nada, es lo que lo hace tan especial. Por eso crearon “Pumpkins United, la canción, que fue la que sonó después de la gloriosa balada del Keeper 1. Esa fue la única parte del concierto (bueno, esa y los encores) en que la gente bajó un poco la intensidad de su respuesta. La canción no es mala pero tampoco es lo mejor que pueden dar, sin embargo se entiende que la toquen y se agradece que se tomaran la molestia de crear algo nuevo ya dentro de este concepto. Luego vino el solo de batería y el tributo al caído Ingo Schwichtenberg. En la pantalla de fondo se proyectaban imágenes de Ingo mientras Löble tocaba réplicas del solo original que tocaba Ingo. Esa fue otra de las partes un poco bizarras en cuanto al público ya que antes de tocar el tributo a Ingo, Löble comenzó con un solo propio. Lo bizarro era que tocaba algún patrón, levantaba las baquetas en señal inequívoca de que lo tocaba al público gritar el clásico “hey”, pero nunca sucedió. Fueron tres o cuatro intentos hasta que le quedó claro que no sucedería. Nunca supe si fue que la gente no quería un solo de batería o simplemente la mayoría no tenía el concepto de que detener el patrón en los tambores y levantar las baquetas era una señal.

En fin, concluido el solo, lo siguiente fue tocar parte de “Livin’ ain’t no crime”, un bonus track del Keeper 2 para dar pie a “A Little Time”, otra que hizo que los cerca de diez mil congregados en la arena gritaran como si fuesen el doble.
Llegó el momento de revisitar el conceptual The Time of the Oath y para hacerlo escogieron uno de los tres sencillos que salieron de aquella placa, “Power”. Después vino otra larga y clásica, “How Many Tears”, misma que Deris describió como la primera que había escuchado de Helloween “cuando apenas era un niño” y otra más que ha acompañado las presentaciones de la banda en la mayor parte de su carrera ya que ha sido tocada en vivo más de 300 veces. Ya para entonces se presentía que el final estaba cerca pero faltaban varios clásicos así que no quedaba más que esperar a ver con que cañonazo seguiría la noche. Eso al menos en la mente de algunos que, como yo, preferimos no investigar que tocó la banda en sus fechas previas porque eso rompe la magia y la sorpresa, y eso es parte del problema mencionado de los encores. Si bien se sabe que cuando la banda se despide lo más probable es que regrese por más, también es común que la gente invite a la banda a que regrese ya sea con chiflidos, aplausos, ruido o cánticos. En este caso no hubo nada de eso. Sí, había algo de ruido; sí, hubo algunos esbozos de cántico (y eso que lo más obvio era cantar el clásico happy happy helloween) pero nunca llegó a ser un encore clásico y mucho menos uno que correspondiera con el pedazo de concierto que se había vivido hasta el momento. No es la primera vez que me toca vivir ese tipo de situación y me parece muy triste. Aún cuando se sabe que la banda va a regresar, ´parte de la magia es pretender que pudiera no ser así y entonces hacer ruido.
Como sea, la banda regresó para regalar “Eagle Fly Free” y dejar que el público cantara parte del coro. Y a juzgar por como se escuchaba, no era una audiencia cansada, en todo caso sería una audiencia un poco cínica que simplemente no tenía ganas de entrarle al juego del encore. Ya habían pasado dos horas de concierto pero mi piel no parecía perder el ánimo y se volvió a enchinar. ¡Carajo, cuatro quintas partes de quienes escribieron y grabaron esa canción estaban frente a mi por primera vez! No era para menos. Inmediatamente después de Eagle comenzó “Keeper of the Seven Keys”. Finalmente sólo fue una parte, un esbozo, un guiño que por lo menos a mi dejó casi como si hubiera vivido un coitus interruptus, pero que fue salvado por la manera de presentar a la banda por parte de Kai Hansen. A cada uno lo presentó de manera simpática y luego dejó un espacio para que Sascha estuviera sólo frente a la audiencia. Su trabajo durante todo el concierto fue excepcional porque fue gracias a él que se sintió el poder de las tres guitarras. Él puso la cama musical en cada ocasión que Weikath y Hansen tocaron solos gemelos y tocó los suyos también mientras los otros dos tocaban al unísono algún riff. Ese fue uno de los detalles que más emoción me causaron, el ver que de verdad han trabajado el show, lo han arreglado para que cada pieza cumpla una función importante, para que nadie sobre o deba salir de escena porque no tiene cabida o para que nadie deba buscar como entretenerse mientras los demás tocan porque no sabe que más hacer. Sascha fue una presencia vital porque, alejado del reflector permitió que sus dos compañeros se bañaran de luz.


El final definitivo llegó con “Future World”, en la cual soltaron enormes pelotas naranjas con motivos tipo calabaza y por supuesto “I Want Out”, la cual concluyó con una enorme explosión de papelitos blancos en forma de flor que bañaron la pista de la Arena.
Esa fue una de las mejores noches de mi vida como asistente a conciertos. Si bien Kiss es en mi vida tan importante que ni siquiera lo tomo como parte de mi top 5, Helloween es parte de ese top y aunque jamás me he sentido decepcionado por alguno de sus conciertos, el de anoche simplemente no tiene comparación. Fue una de las noches más emotivas que he vivido, uno de los conciertos que más he disfrutado en 32 años de asistir a ellos y uno que me hizo sentir de 16-17 a mis 47. Un concierto prácticamente perfecto en el que el único pero sería la estúpida necedad y valemadrismo de esos que fuman en donde está prohibido hacerlo.
Una noche para recordar por siempre, y para eso es que he escrito esta reseña.



Si llegaste hasta acá, en verdad te agradezco porque sé que está largo. Espero haber logrado que sintieras algo de la emoción que sentí yo.

Migraña en chamaco puberto mode on.


**Todas las fotos son de Germán García

domingo, octubre 28, 2018

Sangre de Metal en Sónica Tv del 22 de octubre

Esta vez lo subo hasta el domingo porque primero, cuando me lo mandaron venía todo mal, el programa estaba incompleto y chafa, así que lo pedí de nuevo y ahora sí me lo mandaron bien, sólo que el viernes. Luego, el internet de Telmex es una basura, y en Iztapalapa, más, así que apenas lo pude terminar de cargar. No sé exactamente por qué razón pero ahora me mandaron el programa en tres descargas distintas, así que lo tendré que subir en tres ligas separadas. Aquí puedes ver la primera parte, aquí verás la segunda y en esta otra podrás acceder a la tercera parte.

Ese día estuvieron Raúl y Jaziel, guitarrista y cantante respectivamente de Steel Night, la banda de Durango que ganó Metal Battle México en 2018 y que por ende tocó en Wacken. Honestamente no estaba planeada la visita así que mandé su video de último momento y al final quité alguno otro en su lugar, pero no recuerdo cuál. Estuvo bueno el cotorreo, son chavos muy decentes y trabajadores que ahora mismo preparan ya su álbum debut y que, de acuerdo a lo que platicamos ese fin de semana en diversos momentos, debería estar listo en diciembre.

Estos son los videos que programé ese día. Recuerden que sólo con darle click a lo que está en azul, que normalmente es el nombre de la rola, llegan directo al video en cuestión.

Araña - Diente por diente Con esta banda me equivoqué de nacionalidad, son salvadoreños, no hondureños. La canción viene en un disco del 2009 llamado "Teotl", editado por el sello American Line, lo cual significa que debe ser posible encontrarlo en México. Sigo sin recordar en qué año ganaron el Metal Battle de Centroamérica pero sí recuerdo bien que me gustó mucho verlos e vivo, estaban que no se la acababan pero no dejaron que el nervio les ganara y sonaron frescos, sobre todo porque a pesar de que su sonido no es quizás tan extraño para nosotros, para los europeos sí lo era.

Steel Night - Red Alert Yo creo que tienen buen futuro, están bien enfocados en trabajar, escuchan consejos y lo que es mejor, piden consejos. Sé que este primer disco va muy en la línea de lo que es este tema, sus guitarristas son realmente excepcionales y la juventud les juega a favor. Cada banda escribe su historia de acuerdo a como se le presenta el camino a recorrer, pero yo sí creo que cuando eres una banda tan nueva y de pronto tienes la exposición que te ofrece el Wacken, lo primero que debes hacer es grabar, y más si sólo tienes un EP, como ellos. Creo que cuando terminen el disco ganarán muchos fans. Una de las charlas en mi casa en los dos o tres días que estuvieron por acá fue la de grabar un cover como bonus track. No creo que lo hagan, pero en una de esas...

Voltax - Unmerciful Reign Esta es una de las más coreadas cuando la tocan, y la letra me parece maravillosa. Jerry se descosió contra la Iglesia y lo plasmó de manera muy coherente, cruda y directa. Como anécdota, mi hija, que no es metalera ni por error pero que estudia música y escucha un poco de todo, se enamoró de Voltax y de la voz de Jerry justo con esta rola. Cada que la tocan, cuando Jerry canta el coro suele terminarlo con una señal de la cruz, aunque sea para negarla: "I want to fight against the God, who tied our world into the darkness, hate fanatism is the unmerciful reign, it's time to start, deny the cross!"

Wolf Hoffman - Symphony No 40 Aquí tuve el error más grande de ese programa al presentarla como una rola de Accept. El tema viene en el segundo disco solista de Wolf Hoffman, "Headbangers Symphony" y es una interpretación en guitarra de Hoffman de la melodía de la "Sinfonía No 40" de Mozart, mezclada con algunos riffs metaleros. Curiosamente, el disco alcanzó posiciones den tro de los 200 más vendidos de las listas de control de Bélgica, Alemania, Francia y Suiza.

Watain - Outlaw Justo antes de preparar las canciones para eñl programa, me enteré de que Watain viene a México en 2019, así que me pareció una buena adición al programa. Ha habido cierto misterio en cuanto a su reciente anuncio de show y posterior cancelación así que esperemos que ahora sí vengan. Ah claro, y esperemos que nadie los lleve a Monterrey, no queremos hacer el ridículo nuevamente.

Majestic Downfall - Veins Los vi ayer en Circo Volador y aunque no tuvieron el beneficio de un buen trabajo desde la consola (tampoco fue malo, pero sí se quedó en regular) ni el de tener un stage manager que ayudara por ejemplo con las constantes caídas del micrófono de Jacobo Córdoba, lo que me volvió a quedar claro es el pedazo de banda que es. No es música para todo mundo, eso está claro, pero si te gusta el doom con toques death, ellos son de lo mejor que te vas a encontrar. Este es el primer sencillo de su nuevo disco.

Cinderella - Don't know what you've got ('till it's gone) La infaltable sección maricona del programa con unj verdadero clásico ochentero. A mi Cinderella me daba exactamente lo mismo hasta que en el 2007, en Argentina, mi amiga Shandi me puso esta rola y "Gypsy road" y me pidió escuchar sin prejuicio. Gran banda, sin duda, aunque eso no quita que entra como clavadista en fosa de clavados en el rubro de música de la era maricona del metal.

Spell - River of sleep Esta  es una banda canadiense a la que conocí porque tocaron con Voltax en el Muskelrock de Suecia, hicieran buenas migas y muy probablemente vengan a México por ahí de marzo o abril. Es una buena banda, de esas que, como Metalian por ejemplo, no están tan cercanas al radar del mainstream pero que tienen gran calidad. Lo más probable es que se haga una gira conjunta con ellos y Voltax así que, si les late el heavy, pendientes de las noticias.

Si llegaste hasta aquí, te agradezco mucho, de verdad.

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jueves, octubre 18, 2018

Sangre de Metal del 15 de octubre en Sónica Tv


Edición en dos partes del programa de Sónica Tv del pasado 15 de octubre. Puedes ver la primera parte en esta liga, y la segunda en esta de acá.

Este fue un programa mucho más cargado a la anti religión que de costumbre. Días antes se había cancelado la presentación de Marduk en la modernísima y vibrante ciudad mocha de Monterrey. Sí, por lo menos en mi caso siempre quedó claro que la cancelación tal cual vino de alguna instancia municipal y no de la Iglesia propiamente, pero el hecho fue llevado a cabo por presiones de grupos religiosos. Patético.
Esto dice nuestra constitución:
Artículo 24. Todo individuo es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley.
Si bien un concierto de rock no es de ninguna manera un culto religioso, lo que expresa ese artículo es que si a mi se me da la gana no creer en tal o cual religión o incluso ir en contra de la misma, siempre que no rompa la ley, puedo creer/escuchar lo que se me de la gana. Un concierto de rock nunca constituye en sí mismo un delito, ¿o sí?
Cuando una institución religiosa decide lo que es bueno y lo que no para los jóvenes de su comunidad, estamos ante un problema grave.
También hay que tener siempre en cuenta que México es un Estado laico. En una nota de 2017 escrita por José Joaquín Fernández se explica que: El que un Estado sea laico no significa que sea ateo. Significa simplemente que, desde el punto de vista jurídico, no habrá una religión o credo oficial en la Constitución Política. La fe religiosa es algo que cada ser humano debe alcanzar ejerciendo su libre albedrío y no por medio de la coerción, sea de nuestros padres, amistades o del gobierno.
   La idea del Estado laico tiene su origen en el liberalismo cuyo principio es que todo ser humano es libre. Esto quiere decir que todo ser humano tiene el derecho a disponer de su vida, de sus bienes y de su ingreso de la manera que más le guste. Del reconocimiento de este principio se deduce que todo ser humano puede seguir el credo que le plazca y en la manera que quiera. El único límite a la libertad individual debe ser el respeto por el ejercicio de la libertad del otro”.
Es muy sencillo entonces, cancelar un concierto porque ciertos grupos religiosos creen que así debe ser, es anticonstitucional. Si ellos quieren creer en un dios (y ahora aunque rompa con reglas de estilo lo escribiré en minúscula) partido en tres, o uno solo que vive en el cielo o que un “espíritu santo” le tocó el ombligo a una muchacha virgen y la embarazó, pues muy su cotorreo. Lo justo, lo legal, lo éticamente correcto es que cualquiera que crea que esa religión agrede su individualidad, tiene derecho a expresarlo también.
Hubo muchas burlas porque ese mismo concierto se canceló por razones similares en Guatemala y sin embargo, nuestra progresista capital neoleonés salió con el mismo criterio cerrado, estúpido y fascista.
E ese programa le menté la madre a dios en varias ocasiones. Si eres religioso y este tipo de situaciones te ofenden, lo mejor que podrás hacer es no ver el programa ni mucho menos los videos.
La idea de poner videos con letra, aunque mayoritariamente no sean oficiales era justamente demostrar que el mundo del metal tiene muchísimo de anti religioso, y no pasa nada. Bandas como Mercyful Fate, Ghost y Dissection han tocado en México, alguna también en Monterrey y ni cayeron rayos desde el cielo matando a los infieles ni salió nadie después del concierto a sacrificar vírgenes. Lo retrógrada de este sector social norteño es muy su problema, pero si por su cerrazón mental nos afecta a los demás, entonces es alarmante. Ya que el gobierno local haya cedido a las protestas es indescriptible. Y eso que Nuevo León lo gobierna un supuesto independiente que ha demostrado más bien ser un macho y mandilón.
Así las cosas, dejo pues el programa para que el que guste, lo pueda ver. Está dividido en dos partes porque así es mucho más fácil trabajarlo en Yotube, pero está completo.

Ya con tanto choro mejor evito las descripciones de los videos, o por lo menos las hago más cortas. Estas fueron las rolas programadas ese día:

Unleashed - The hunt for white christ Se sabe que Unleashed nunca decepciona, y el disco nuevo apunta a ser una colección de death brutal con melodía que no le pedirá nada a sus clásicos. Esta canción no es propiamente anti cristiana, es más una narración de una venganza vikinga en contra de los cristianos, eso sí.

Burning Witches - Hexenhammer Este es un quinteto suizo de puras chicas. Se llaman Brujas Ardientes o Brujas en Llamas y la canción significa algo así como "martillo de las brujas", así que si bien no es satánico y aunque su intención probablemente nos ea anti cristiana, es 100% pagana y por ende, ofensiva para esos tipejos regios que se ofenden de que no todo el mundo adore a su dios.

Lujuria - Dejad que los niños se acerquen a mí En español así que se explica sola. La parte de las estampitas es todo un clásico.

Slayer - Cult "La religión es odio, la religión es miedo, la religión es guerra, la religión es violación, la religión es obscena, la religión es una puta. La pestilencia de Jesús Cristo es que nunca hubo un sacrificio, no hubo ningún hombre en la cruz así que ten cuidado con el culto de la pureza. Es una imbecilidad infecciosa y por eso tomé mi decisión, ¡666!" Y la cantaron en vivo en Teotihuacán, un centro pagano por excelencia, por supuesto.

Dissection - Dark Mother Divine Incluso por curiosidad estaría bueno leer quién era Lilith, quién era o es Taninsan y de dónde vienen esas teorías de su aspecto de dragón... es más, para darse una pequeñísima idea de lo que habla la canción (porque todo el disco es un compendio de referencias e invocaciones) pueden checar esta página.

Mercyful Fate - The Oath. Esta, aunque partes de la traducción son incorrectas, se explica por sí misma. Y sí, Mercyful Fate la ha cantado por lo menos en la Ciudad de México sin que nadie se convirtiera al lado oscuro.

Ghost - Satan Prayer A mí sí me gusta Ghost, me parece que es como si a Abba le agregaras distorsión y temática satánica. Y sí, también ellos han tocado en Monterrey, sin que pase nada.

Hell - Save us from those who would save us Desde que alguien cree que te debe salvar de tus creencias, estamos mal.

Gorgoroth - Sign of an open aye En esta canción se habla de "aquél que se sienta en la oscuridad, el portador de la luz". Ese es Lucifer, que literalmente significa "el portador de luz", ahí donde luz es igual a conocimiento.

En este programa sólo se quedó pendiente una rola, y no era necesariamente nada satánico. Se trata de Legion of the Damned y es el tema más reciente que han editado, previo al lanzamiento de su nuevo disco. Esta rola se llama "The Widow's Breed", algo así como "La descendencia de la viuda" . Puedes checarlo aquí.

Si llegaste hasta aquí, muchas gracias. Si piensas distinto, tu opinión es perfectamente bienvenida en los comentarios.

Migraña en #FuckYouGod Mode on.