jueves, noviembre 30, 2017

Hell and Heaven: el niño, el adolescente y el adulto.


Todos los festivales del mundo, los de metal y los del género que sea, nacen con más preguntas que respuestas. Idealmente, todos deberían mejorar con cada edición, pero eso requiere de un atributo que el ser humano en general no siempre recibe de buena gana: la capacidad de tolerar la crítica. Cuando un ser humano aprende a leer y escuchar la crítica sin el estorbo de la entraña, crece. Obviamente ese proceso no es fácil, y menos en un mundo como el de hoy en el que las redes sociales se desbordan de opinólogos cuyo único mérito es, bueno, ninguno.
Se entiende que en el mundo de hoy la democracia en cuanto a libertad de expresión, por lo menos en la mayor parte del mundo occidental, es casi total. Es decir, todos tenemos derecho a tener y externar una opinión sobre el tema que sea. El problema es que internet derrumbó todos los filtros y le ofreció acceso para difundir sus opiniones a todo mundo en todos los temas, estén calificados para opinar o no, y eso al final del día aporta poco y complica mucho. Nadie puede –ni debe- obligarme a callar mi visión sobre física cuántica, pero yo debo tener la capacidad analítica y de auto crítica para saber que ese es un tema del que si hablo, probablemente diré más tonterías que cosas ciertas. Sin ese filtro de auto censura o de control sobre los impulsos de pertenecer a todo vía Facebook y Twitter primordialmente, lo único que se ha logrado es perpetuar la gran contradicción de que en ésta, la era de la información sin límites, es cuando los humanos estamos más desinformados.

Todo esto influye en los seres humanos a la hora de tomar decisiones. Eso y la parte contraria: los opinólogos lambiscones que tuercen la verdad hasta límites insospechados con el único fin de obtener un beneficio personal, y ya que el texto habla sobre el Hell and Heaven, eso se traduce en boletos gratis o invitaciones a fiestas o acceso a confirmaciones de algunas bandas antes que la mayoría o, simplemente, en “likes”, “shares” y “views” (es que ya nadie usa terminología en español, ¿para qué?).
¿Quiénes hacen más daño? Difícil de responder. Por un lado, los que opinan de todo sin saber de nada ayudan a confundir a la gente en temas de toda índole, y la confusión es por definición un estado anormal y con connotaciones negativas. En términos coloquiales: no está chido estar confundido. Así, la crítica que viene de este sector de personas es poco valiosa porque en general no tiene muchos argumentos para criticar. Volvamos a la física cuántica, si yo critico una nueva teoría sobre el tema, mi crítica no debería ser tomada muy en serio, es más, ni siquiera debería ser tomada en cuenta, punto, porque no estoy calificado; para eso hay físicos y matemáticos y científicos que tienen un entendimiento real sobre dicha materia. Si Juanito el de las Pitayas que ni metalero es critica al festival o al cartel o a esta o aquella banda, no debería ser tomado en cuenta. Si Juanito el de las Pitayas que nunca ha ido a un festival al aire libre, ni siquiera al Vive Latino o al Corona Capital o Knottfest o al mismo Hell and Heaven o el que sea, nunca ha salido de la CDMX y en ocasiones nunca ha salido siquiera de su Delegación tiene una opinión, que la externe, pero no debería ser tomada en cuenta, y no hablo de los organizadores nada más sino del público: una opinión sin argumentos pero llena de halagos o insultos fácilmente se vuelve viral y fácilmente nubla la capacidad de un promotor (y de cualquier persona) de entender si vale o no la pena ponerle atención. Y esto lo digo por experiencia, porque hablar de lo que hacen mal los demás siempre es más fácil que hablar de lo que hace mal uno mismo.

De igual forma, aprender a distinguir los cumplidos y palabras de aliento de las sobadas gratuitas de ego es muy complicado. A todos nos gusta que nos digan lo bien hechos que somos, lo importante que es esto o aquello que hacemos y a niveles más grandes, ¿a quién no le gustaría escuchar que su trabajo ha cambiado al mundo, o a un país o a una escena o algún aspecto cultural del entorno en el que vive o la vida aunque sea de una persona? Ahí es donde los dichos y los clichés cobran relevancia: “ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre”. El dicho es un cliché pero se volvió tal cosa precisamente porque refleja una verdad que se repite una y otra vez. Caer en las garras del enojo por la crítica es facilísimo, y caer en las garras de creer que se surfea en la cresta de la ola y que se es invencible lo es más. El punto medio es el que cuesta mucho trabajo, y en el caso Hell and Heaven siempre ha habido voces que se alzan desde ese punto medio. Para escuchar esas voces se debe ser adulto, y el festival parece haber llegado ya a esa etapa. ¡Enhorabuena entones!

La idea de este texto es entender el fenómeno Hell and Heaven desde una perspectiva crítica. Para lograr eso debe quedar claro que la postura de Sangre de Metal siempre ha sido cautelosa, aunque algunos no lo vean de esa manera. Por ejemplo, los que sólo recuerdan las críticas vertidas en este espacio y los que llevan el mismo nombre en Rockconexion y Sónica Tv por ejemplo, olvidan las tres sesiones en Telehit y la de W Radio en las que se alababa el cartel que se ofrecía, la llegada a México de un festival al aire libre dedicado al metal y el arrojo de una empresa que llegaba, aparentemente, con la solidez necesaria para competir con las grandes empresas. Así mismo, los que lean en este artículo una lamida de botas lo harán porque no conocen nada más allá de este texto.
El niño.
¿Por qué criticar un festival que intenta poner a México en el primer mundo del circuito metalero internacional? Palabras más, palabras menos, esa pregunta me la han hecho cientos de veces. La respuesta es simple, porque afortunadamente he vivido algunas experiencias que me dan un contexto amplio sobre lo que es y lo que puede ser un festival exitoso. Los he vivido en México y fuera del país como público y también los he trabajado desde adentro, desde el Vive Latino hasta el Monterrey Metal Fest, del Corona Music Fest cuando no se había involucrado Ocesa hasta el Creamfields, desde el Corona Capital (ya bajo el ala de Ocesa) hasta el Wacken Open Air. Eso, desde mi perspectiva, me da cierto anclaje para opinar.

El niño Hell and Heaven se lanzó al mundo sin medir las consecuencias de sus actos, motivado más por elementos lúdicos que por elementos calculados: quería presumirle su juguete a todos sus amigos, compartirlo para que todos se divirtieran, porque además tenía el juguete que todos querían pero muy pocos tenían. Era más ingenuo de lo que cabía, y eso al final la salió caro.
El niño Migraña por su parte estaba feliz de estar cerca del niño con el juguete nuevo (es justo criticarme a mí mismo, ¿no?). El entusiasmo era similar al del niño Hell and Heaven y se aventó de cabeza y feliz a la que le dijeron que era una alberca de espumas, incluso como todo niño tenía a sus amigos a los que quería tener cerca en este festejo y alguno que otro que toleraba sólo porque no valía la pena pelear.
El problema en Texcoco es de todos sabido, y si no, pueden checar mi post más polémico al respecto, aquí. Ese problema hizo que los niños Hell and Heaven y Migraña llegaran de golpe a un estado de adolescencia, ese en el que se está en camino a la madurez pero aún sin distanciarse totalmente de la infancia. Adolescentes y enfrentados, además.

El adolescente.
Lleno de hormonas, el adolescente Hell and Heaven lanzó culpas, indirectas, directas y golpes a diestra y siniestra. Casi no escuchó a las diversas voces que cuestionaron su accionar, y cuando lo hizo, fue por encimita. El mundo estaba en su contra y él no entendía por qué, todo era una conspiración, lo querían fuera de la jugada y demás actitudes típicas de los impulsos de la adolescencia. Sin embargo en esa etapa también hay mucho vigor, y en defensa del joven Hell hay que decir que no tiró la toalla, aceptó alianzas (o lo obligaron las circunstancias a aceptar o “haiga sido como haiga sido”, Felipe Calderón dixit) y siguió adelante, aunque con ciertos errores que otros adolescentes, como el tal Migraña, expusieron (el no tener bocinas hacia la sección General y que Kiss no pudiera usar la araña son los ejemplos más recordados). 
Ahí, dolido sobre todo porque su banda favorita no pudo lucir como debía, el adolescente Migraña volvió a denunciar que el festival seguía en camino de crecer y establecerse como una marca de estándares competitivos en el primer mundo, pero que todavía no llegaba a ese punto.
Aquí cabe aclarar que hubo muchísimas voces que estaban en el mimo canal en cuanto a reportar las incidencias del festival, tanto lo bueno como lo malo. Muchos tendrían una motivación similar a la mía de presionar para que ciertos detalles mejoraran, y otros seguramente tendrían su agenda personal y criticaban con mala leche como hoy lo hacen muchos anti Zepeda Bros por ejemplo. Es decir, algunos criticaban para rematar con frases celebrando a Zepeda Brothers y su Knottfest de igual manera que hoy muchos lambiscones del Hell and Heaven alaban a Live Talent y cierran sus halagos con denuestos contra Zepeda Brothers; el famoso síndrome del cangrejo, aunque esa es carnita para otra tortilla o información para otro tipo de texto.
Ese adolescente Hell and Heaven reapareció con la que hasta hoy es la más reciente edición del festival, la de 2016, y mostró una marcada mejoría que sin embargo no terminaba de cuajar; probablemente lo que le faltaba era aprovechar de mejor manera esas alianzas que ya había establecido, aflojar un poquito en el control del festival con la idea de que eso lo llevaría a una mejora que lo iba a beneficiar, mientras tanto, el adolescente Migraña había perdido la perspectiva de la crítica con sentido y en ocasiones lo hacía desde la entraña.

El adulto.
Hacer pública, aunque sea entre líneas, la alianza con Ocesa, es el mejor paso que pudo dar el festival. Sí, eso significará para ellos perder algún porcentaje de control e independencia pero al mismo tiempo significará que su marca sobrevivirá y que potencialmente crecerá al nivel de festivales como el Vive y el Corona, hablando de cuestiones logísticas (baños, accesos, infraestructura, sonido…).
Ahora bien, en cuanto a talento (cartel), el festival ha sido adulto desde su primera edición, aunque entre adultos también hay quienes destacan más que otros. Los gustos de cada quien serán siempre un estorbo (y me incluyo), pero hay que tener claro siempre que para que un festival de ese tipo funcione, se necesita vender boletos. ¿Rammstein vende más boletos que Ozzy? Sin duda. ¿Rob Zombie y Korn apestan? Para mí sí, pero venden y están dentro del espectro del metal. ¿El cartel del 2018 es el mejor que han conjurado? Pues una vez más es cuestión de gustos, pero una cosa es haber tenido carteles adultos y otra es lo que lograron para 2018, ese cartel no sólo es de primer mundo sino de envidia para gente de otros países.
El adulto migraña y sé que muchos de mis contemporáneos siempre soñamos con un cartel así cuando éramos niños y adolescentes. No sólo es que estén Ozzy y los Scorpions y Deep Purple y Judas Fucking Priest, porque sólo con eso el cartel sería histórico, es el conglomerado de leyendas que redondean ese cuarteto lo que lo hace maravilloso. Además, desde la perspectiva de negocio, está equilibrado en cuanto a generaciones; hay bandas que empezaron en los 60 (Scorpions y Deep Purple), en los 70 (Judas Priest y Saxon), en los 80 (Ozzy [como solista obviamente], Testament, Megadeth, Overkill, Bad Religion, Marilyn Manson, L7, Brujeria), en los 90 (Refused, Moonspell, Sabaton, Watain. Killswitch Engage) y los 2000 (Gojira, After The Burial, Kadavar, Hollywood Undead).

Al final del día todo recae en la idea con la que inició este texto: todos tienen derecho a una opinión. La mía es que la alianza entre Live Talent y Ocesa (los detalles de porcentaje de participación y demás son irrelevantes, por lo menos por lo pronto y para mí) es una apuesta ganadora. Live Talent gana en cuanto a la capacidad de sus socios para organizar exitosamente festivales masivos y Ocesa gana en cuanto a la sensibilidad que ofrece su nuevo amigo de lo que es o no un buen cartel metalero.
En cuanto al apartado de bandas nacionales, aún falta saber si mantendrán o no (espero que no) el mal llamado New Blood Stage que más que escenario parecía carpa de vacunación del DIF, y si lo mantienen, entonces ver que de verdad sea un espacio que merezca el título de escenario digno. Fuera de eso, es agradable y sorprendente ver que también ahí el Hell se convirtió en adulto y ahora abre más espacios no sólo para las bandas comúnmente asociadas a ellos (Tanus, Pressive, Thell Barrio, Los Viejos) y a Ocesa (Qbo, Ágora, Resorte, S7N) sino que da la bienvenida también a propuestas más jóvenes (Jet Jaguar, Tulkas) y clásicos de la nueva generación (Strike Master).

Así, el Hell and Heaven está más cerca que nunca del primer mundo metalero y sólo falta ver si algunas de las críticas más recientes, como la falta de más baños y que además estén limpios o la poca variedad y cantidad en la oferta de alimentos, son atendidas. También habrá que checar que los extras propios de los boletos más caros (estacionamiento cercano, baños exclusivos…) de verdad se cumplan.
Ojalá el adulto Hell entienda que no es tan malo como sus peores críticos dicen, pero que tampoco ha llegado al punto de ser tan bueno como sus más descarados lambiscones le dicen que es, porque entonces, va a crecer mucho más.

La soberbia es un mal por el que pasamos muchos, pero la humildad es el paso siguiente y se llega ahí cuando, sea de la manera que sea, uno se rompe la madre y acepta la crítica, sin que eso signifique jamás renunciar a los ideales propios o sucumbir ante los deseos de los demás.

4 comentarios:

Jose Baca Villafaña dijo...

BIEN DICHO, AHORA SI HASTA NO VER NO CREER PERO POR VISTA DE MIENTRAS AHI ESTAREMOS YA QUE COMO DIJISTE PARA UN CUARENTO COMO YO ES UN SUEÑO HECHO REALIDAD CON BANDAS LEGENDARIAS (SCORPIONS, DEEP PURPLE, OZZY OSBOURNE, JUDAS PRIEST Y SAXON) QUE MUCHAS DESDE HACE TIEMPO NO CUAJAN YA, PERO LO IMPORTTANTE TAMBIEN ES DARLES A MUCHOS DE ELLOS UNA MIRADA AUNQUE SEA DE NOSTALGIA

Anónimo dijo...

Muy buen texto, pero tengo una duda: en que universo "Los viejos" son una banda recurrente de los de Live Talent? Según yo es su primera incursión con ellos en un fest.

Hyborian dijo...

De acuerdo con el texto.

El cartel es muy criticable desde la perspectiva de un veterano de toquines que ya he visto mucho y viajado aunque sea un poco. Creo que a todos nos faltaron o nos sobraron bandas de ciertos generos, sin embargo, como bien lo dices, soñar con un cartel así en México hace un par de decadas se quedaba en eso, un sueño.

Parece que Live Talent ha madurado, la muestra de eso fue que el cartel fue anunciado con tiempo y sin juegos tontos. La respuesta de la gente al anuncio fue muy buena y creo que la venta de boletos va bien. Esperemos que sea un gran evento.

Ugo Lars dijo...

Yo creo qe el Festival H&H aún no es adulto, en verdad es un gran cartel pero considero que con ésta apenas su tercera edición en la Cd. México y no consecutiva no puede ser un Festival adulto. Tenemos qe esperar como resulta éste con dos días...

y Rob Zombie no huele tan mal o sí?

Saludos!