Luego recordé que la primera saga de libros que disfruté como enano fue una colección de Emilio Salgari. Eran varios libros (no recuerdo cuántos leí, unos cinoc tal vez) sobre el pirata borneano Sandokan. Su fiel amigo era un portugués llamado Yánez (que de un puñetazo le sacó un ojo a un prisionero, si no mal recuerdo en un libro que se llamaba El Falso Brahmán). Es decir, el gusto por la sangre, las aventuras paganas y el caos me viene desde chiquito.
Cuando no existía Wal Mart, la cadena de esas mismas tiendas se llamaba Aurrerá. Yo solía acompañar a mi mamá y mientras ella hacía las compras, yo me iba a la zapatería, agarraba una silla y leía Nadie sale vivo de aquí, un libro sobre Jim Morrison que si bien no estaba lleno de sangre y paganismo, estaba repleto de caos, rock, confusión y muerte.
Todo este choro viene a cuento porque cada vez que abro el blog de Zombie, de unos días a la fecha, me encuentro con una enorme foto de la luna. Y aunque en esa foto en particular no es claro, cualquiera que haya puesto atención alguna noche de luna llena habrá visto que las sombras dibujadas contra la nívea superficie del astro, asemejan un conejo. La historia de esa silueta es pagana y fabulosa, como muchos relatos que nos heredaron los aztecas.

Parece novela del corazón, y no es la portada que yo recuerdo (yo leí esos libros antes de que existiera la noción de Precio Pacto jaja). Los libros de Sandokan tenían romance, claro, pero El Tigre de Mompracem era despiadado y cabrón, y sus tigrillo mataban y morían por él. Gran serie.
En la mitología y cosmogonía mexica, las diversas eras de la humanidad han sido relatadas en soles. Cada sol representó una era, cada uno fue destruido en impresionantes cataclismos y cada uno dio pie al siguiente. En la saga Dragonlance por ejemplo, también existieron algunos cataclismos que marcaron diversas etapas de la vida. Allí se habla de dragones y diversas razas, entiéndanse elfos, enanos, humanos (de varios tipos) kenders... Existían los magos o nigromantes, y al igual que los dragones distinguían su filiación a través el color de sus túnicas (los negros buscaban el poder en las fuerzas del mal, los blancos en las fuerzas del bien, los rojos en el equilibrio entre ambas). Existen varios dioses, muchos de ellos desdeñosos de las criaturas vivas, algunos muy sangrientos, otros buenos. Corre mucha sangre, hay guerras, amoríos, borracheras, tragedias...
Siempre me ha llamado la atención la idea de que el black metal pagano noruego le fascina tanto a los chavos mexicanos, teniendo igual o más tradición de sangre, violencia, rituales, paganismo y caos en nuestra propia historia. No digo que esté mal, simplemente es curioso. Y puedo pecar de ignorante, pero no recuerdo ninguna banda mexicana que más o menos haya trascendido (aunque sea a nivel local) y que en su temática hubiera recogido ese mito de los soles aztecas.

En español se llama La Tumba de Huma. Es parte de la trilogía Las Crónicas de la Dragonlance, librazo.
En un principio existían cinco dioses, uno por cada punto cardinal y uno más que se mantenía en el ombligo del mundo. Cada uno tuvo a su cargo la creación de la vida y el hombre, y cada uno fracasó en su intento. El primero de esos cinco soles fue creado por Tezcatlipoca, el dios de la Tierra. Sin embargo su creación no tuvo mucho éxito, los seres humanos aparecieron con forma de gigantes y en vez de un sol completo, se formó apenas medio sol. Aquellos gigantes se vieron obligados a sobrevivir solamente con bellotas y piñones. En un momento determinado de esa era los jaguares devoraron a los seres humanos gigantes, destruyendo así el primer sol.
El segundo sol fue gobernado de Quetzalcoatl, Dios del Viento. Bajo su mandato los humanos se alimentaron con semillas de árboles, que todavía eran insuficientes para fortalecerlos. Los tremendos huracanes en ocasiones arrojaban a los seres humanos lejos. Para que no murieran, los dioses los transformaron en monos. Con todo, el segundo sol sucumbió, lo que abrió paso al reinado de Tlaloc, Dios de la Lluvia. Durante la era del tercer sol, los seres humanos vivían de cereales. En este mundo fueron los tremendos volcanes los que provocaron las desgracias, la lluvia de fuego (lava) y cenizas consumió y enterró al mundo. Para que sobrevivieran, los dioses transformaron a los hombres en aves, escapando así del horror. El cuarto sol fue dominado por Chalchiuhtlique, la diosa del Agua. Los seres humanos de esta creación intentaron sobrevivir con una semilla conocida con el nombre de acicintli, pero no era suficiente. El agua emergió del centro de la Tierra provocando una tremenda catástrofe en el mundo. Algunos sobrevivieron al ser convertidos por los dioses en peces. La explicación científica de cada era tiene que ver con la arqueología empírica. Es decir, los aztecas en su peregrinar (recordemos que salieron de Aztlán, que se dice estaba en Colima y caminaron por siglos hasta llegar a lo que fue su reinado en Tenochtitlán) fueron encontrando fósiles de varias criaturas y épocas de la vida en la tierra en regiones diversas, y les atribuían estas explicaciones místicas.
Concluidos los cuatro primeros soles, los dioses decidieron hacer un quinto intento. Estaban todos reunidos en Teotihuacan (ciertos estudios indican que los aztecas llegaron a esa ciudad cuando ya estaba abandonada, y se instalaron en su seno antes de llegar a lo que hoy es el DF), estaba todo lleno de penumbra y tristeza. Se reunieron pues con la intención de establecer un nuevo sol, una nueva humanidad y un nuevo futuro. En eso estaban cuando surgió la inquietud de saber quien de ellos querría llevar la luz al mundo, convertirse en Sol. Tecuciztécatl, un dios con riqueza y actitud se ofreció. Sin embargo se necesitaba uno más. Todos sabían que el costo de transformarse en un sol, era la vida misma. Sabían que se haría una enorme pira y que los elegidos deberían entrar en ella y morir quemados. Nadie se animó hasta que Nanahuatzin, un dios pobre, enfermizo y segregado, se ofreció también (algunas versiones indican que más que ofrecerse, por su calidad de paria o rechazado, los demás dioses lo nombraron á él, reto que asumió con entusiasmo).
Durante cuatro días ayunan, hacen penitencia y ofrendan algunos elementos a los dioses. La cuarta noche se enciende la hoguera. El ambicioso Tecuciztécatl va primero, sin embargo al sentir el calor de las llamas retrocede. Cuatro veces intenta el sacrificio y cuatro veces falla. Los demás dioses se molestan y le dicen que sólo tiene cuatro oportunidades. Toca turno a Nanahuatzin, el dios viejo, enfermizo y empobrecido, que sin embargo entra en la hoguera con gran gallardía en un primer intento. Humillado, Tecuciztécatl lo sigue.

Nanahuatzin, al centro
Los dioses esperan ansiosos la salida del sol, y al poco tiempo lo descubren saliendo desde el este. Nanahuatzin brilla tanto que no es posible mirarlo de frente. Poco tiempo después surge Tecuciztécatl, igualmente brillante. Los dioses pensaban que el sacrificio de Tecuciztécatl no era tan impresionante y valiente como el de Nanahuatzin, y no podía haber dos soles. Así, para quitarle brillo, uno de ellos le lanza a Tecuciztécatl un conejo, mismo que lo golpea de lleno en la cara. El golpe no oscurece al astro pero le disminuye notablemente el brillo y le deja una marca permanente, una marca con silueta de conejo. Así, Nanahuatzin se convierte en sol y Tecuciztécatl en luna.
Pero la historia no termina ahí. Esa es la parte más o menos romántica de la creación del quinto sol. Una vez que se establecen el sol y la luna queda claro que no tienen movimiento, y que permanecen juntos. Aquí hay varias interpretaciones, aunque todas apuntan a la misma historia: los dioses entienden que para mantener la quinta era, el Sol deberá tener movimiento. La única manera de conseguir dicha situación es ofreciendo una sustancia que corre por sus venas, junto con la sangre. Deberán sacrificarse pues. Es así como surge entre los aztecas la idea del sacrificio de sangre para mantener la vida. Se dice que llegaron a esa conclusión cuando llegaron a Teotihuacan y vieron las enormes pirámides abandonadas. Luego siguieron su marcha y finalmente encontraron la ansiada águila devorando una serpiente sobre un nopal, lugar donde establecieron en definitiva lo que sería uno de los más grandes imperios mesoamericanos.
Por eso las pirámides principales en Teotihuacan son llamadas del Sol y de la Luna. Esa es la connotación que le dieron los aztecas. Nadie sabe con certeza que significaron en su origen, cuando las construyeron los pobladores originales de esa tierra, los Teotihuacanos. Es más, el nombre Teotihuacan (lugar donde nacen los dioses) fue otorgado por los aztecas, hasta donde yo tengo entendido, nadie sabe a ciencia cierta como se llamó la ciudad antes de ser abandonada y re descubierta.
Tons, ¿alguien quiere hacer una banda pagana con raíces en los indios mesoamericanos, en lugar de los vikingos?
Migrañahuatzin
la tumba de huma

