lunes, marzo 13, 2017

Ace Frehley, reseña.


Desde el metro parecía una noche x, no se sentía el típico murmullo de día de concierto en el Palacio, no había puestos de playeras y tazas ni revendedores acosadores, no hasta llegar a la calle de Atletas, la que conecta Añil con Churubusco, y aún ahí apenas eran unos cuántos puestos.. Al darle la vuelta al Palacio y acercarnos a la puerta 5 ya cambiaba, pero aún así parecía una noche fría, una noche más.
Afuera de la puerta del ahora llamado Pabellón Cuervo se escucharon las primeras notas de “Fractured Mirror” y entonces sí se empezó a sentir el ambiente festivo de un día de concierto. Tal vez llegamos un poco tarde, o mejor dicho no tan temprano y prácticamente todos los que estarían esa noche en presencia de su majestad espacial ya estaban dentro y por eso afuera no se veía mayor movimiento. Mirror nos acompañó desde la puerta de acceso hasta la entrada a Preferente y sí, la audiencia se manifestaba en una cantidad muy saludable de rockeros. No tengo la cifra oficial y soy malo para los cálculos pero no éramos pocos, eso seguro.
Terminó el tema introductorio con el escenario iluminado de azul, el eterno color del Spaceman, salió la banda en actitud parecida a la que tendrían cuatro camaradas que dan vuelta a ñla esquina y se topan contigo, claro, aunque a diferencia de esa escena aquí al dar la vuelta a esa esquina los recibió otro rugido de un par de miles de personas. Sin más, Ace contó hasta el cuatro y arrancó la noche con “Rip It Out” y “Toys”.
Vestía un pantalón negro, una especie de saco informal negro a rayas del mismo color pero en otro tono y una camiseta, lentes oscuros, barba de candado y el aura de contar con más de 40 años de ser considerado leyenda. Rip It Out fue cantada de principio a fin por la mayoría y el coro, por prácticamente todos. Era un error que no sé cuántos habrán cometido ir en espera de un tributo a Kiss con uno de sus miembros originales, esta era una noche para Ace Frehley en la que obviamente habría temas de la banda pero también de los suyos, y varios de esos que jamás habíamos escuchado en vivo.
“Juguetes para chicos grandes, te sorprendería saber cuánta alegría traen”. Ace ya no juguetea con alcohol y drogas, y sele nota. De aquel hombre del espacio que vino desde Jendell al Foro Sol hace ya algunos ayeres que se veía en buena forma física pero que musicalmente hablando estaba cerca de lo fatal, que al hincarse en algún momento del show apenas pudo levantarse al de este fin de semana hay un abismo de diferencia. Probablemente como muchos de aquellos que dejan de beber o de fumar o de consumir cocaína Ace habrá cambiado tales hábitos por la comida. De alguna extraña manera era como ver a BB King en el sentido de ver a un tipo grande (de tamaño, gordo pues) con su guitarra que ahora se percibía más chica que de costumbre a pesar de ser del mismo tamaño de siempre, pero no importaba. Independientemente de su sobre peso, tampoco era de esperarse que Ace se doblara como cable y se sostuviera en esa pose compleja (ver por ejemplo la portada de Alive!), finalmente tiene casi 66 años.

Sonriente, regalando plumillas a diestra y siniestra se siguió con “Snowblind” y “Parasite”. Para mí algunas cosas de la vieja escuela no tienen precio y aunque vi un video de “Parasite” en Argentina con la forma clásica de los sudamericanos de corear el riff, la verdad es que me mantuve totalmente al margen de lo que se decía de él o del set que estaba tocando. Yo quería llegar y descubrir el concierto paso a paso, no llegar a sabiendas de qué iba a pasar a cada instante para disfrutarlo a medias por no llevar elemento de sorpresa encima. Por eso, cuando sonó “Snowblind” me salió la segunda gran sonrisa de oreja a oreja de la noche. Si me sentara a hacer un análisis concienzudo de lo que se podría esperar del show de Ace igual supondría que la iba a tocar, pero no lo hice así que fue una gratísima sorpresa, y “Parasite”, bueno, escuchar por primera vez ese tema en voz de quien la escribió pero no la cantaba porque al inicio de su carrera no confiaba en su capacidad vocal fue sencillamente mágico.
El primer clásico Kissero de la noche vino de la voz de Scooty Coogan, el baterista de la banda quien se encargó de Love Gun. Y esa es la magia del rock, el lugar se caía aunque con la cacareada remodelación la capacidad sea supuestamente de 3500 personas porque no deja de ser un bodegón enorme al que antes le metían más de 7 mil personas. Palabra a palabra la gente hacía casi imposible escuchar la música de lo fuerte que cantaban, afortunadamente (y más noche, ya sin adrenalina, desafortunadamente para mis oídos) yo estaba a escasos dos o tres metros de una de las torres de bocinas así que jamás perdí detalle de la música.
Ace es sobre todo actitud. De verdad que no le hacen falta el maquillaje y la parafernalia para llenar el escenario (tampoco es que la falten a Gene y Paul por ejemplo), su presencia, sus gestos, sus sonrisas cómplices y claro, una muy buena banda alrededor suyo son más que suficientes. Una vez más, quien esperara pirotecnia tipo Kiss estaba mal encaminado, esto era un show tipo club, un concierto de rock puro y directo que además desnudó el mito de que Kiss y sus músicos son incapaces de destacar sin los aspectos escenográficos.
“Rocket Ride”, otra enorme sonrisa. Recordé los tiempos en que estuve suscrito a un grupo de correo en honor a Ace y que algunas chicas (por lo menos 3) usaban de apodo el nombre con que arranca la canción, Lady Space. Recordé también cómo ellas de vez en cuando se expresaban con total libertad de sus deseos sexuales por Ace y hacían referencias a ese viaje en cohete. ¿Cómo no sonreír, cómo no divertirse?

Fuera del clásico “Ciudad de México, los amamos” y alguna frase más por el estilo, Ace habló poco con la audiencia. No es lo suyo, pero para presentar la siguiente canción si tomó el micrófono y dijo “yo sé que en la Ciudad de México hay muchos soldados del rock así que levántense y hagan sentir”. Y lo habrá dicho en cada ciudad que tocó en esta gira pero ¿qué importa? “Rock Soldiers” era también uno de esos temas “sí o sí”, sabíamos todos que la iba a cantar, yo lo que no sabía era en qué momento.
Lo siguiente fue un solo de bajo de Chris Wyse. Debo admitir que cuando ví que la banda salía y él se quedaba me frustré un poco. Yo estaba ahí para ver lo más que se pudiera de Ace Frehley, no de un bajista del cual mis referencias eran nulas, pero pocos segundos después de empezado el solo me calló la boca. Más allá de desplegar virtuosismo como otros, o de hacer algo aburrido y desangelado como recientemente se vivió con Rbert Trujillo de Metallica, Wyse siguió una vieja fórmula: aprovecha tu momento no tanto para mostrar lo que puedes hacer con tu instrumento sino para enganchar y entretener al público y que se enteren de que estás ahí. Tocó algunos riffs clásicos que fueron de Deep Purple a Maiden por ejemplo y mantuvo caliente el ambiente en lo que la banda regresaba.
Ace regresó ya sin saco y con otra playera para descargar un tema que ni con Kiss había escuchado en vivo. “Strange Ways”. Igual que lo hizo con cada tema que no era suyo dejó que la cantara alguien más, en este caso Wyse, quien por cierto en sus aportaciones vocales respetó siempre la melodía original de cada tema, a diferencia de Coogan que le ponía de su propia inspiración y te rompía el rimo como fan al cantar. Eso sí, le cambió un poco la letra en un par de ocasiones para hablar de la CDMX y al hacerlo volteó a ver a Ace, levantó las cejas como esperando su aprobación y éste, que habrá escuchado los ajustes en monitores le respondió con una sonrisa de complicidad mientras tocaba el riff con una sutileza que parecía que hacía algo rutinario como cepillarse el cabello. Igual no son los riffs más complejos de la historia pero en sus manos parecían aún más sencillos y eso, más que mostrar poca capacidad o falta de talento como se le ha acusado siempre sobre todo a los 4 originales de Kiss más bien habla de una enorme capacidad de llegarle a la gente con acordes sencillos.
Imaginaba que todos estos años después, luego de haber visto literalmente miles de conciertos de todos tipo en mi vida, de haber visto a Kiss en todas y cada una de las veces que han tocado en México, aunque seguramente habría momentos muy emotivos, la lagrimita no se asomaría. Terminando “Strange Ways” le pusieron encima a Ace una guitarra plateada con foquitos… era el momento de “New York Groove”, una de las canciones insignia del Spaceman, aunque sea un cover de Hello. Curiosamente fue de los pocos momentos en los que se le fueron algunas notas de manera evidente pero no importaba, yo lo veía ahí pero vestido con aquél traje de hombreras anchas del cual caía una enorme capa plateada, con esa pechera en V, maquillado y sobre sus enormes botas plateadas y sí, el nudo en la garganta se convirtió en un par de efímeras y orgullosas lágrimas.

Quería escuchar algo del Trouble Walkin’ y se me cumplió con 2 Young 2 Die, dedicada de acuerdo a Richie Scarlet a la memoria del gran Zorro, Eric Carr. Esa la cantó justamente Scarlet que dicho sea de paso es el complemento ideal para Ace. Enorme presencia, un tono de guitarra sucio y absolutamente rocker, voz gastada y ronca y mil arrugas que sin embargo luce con total orgullo. Creo porque la memoria me falla un poco que después de tocarla fue cuando Scarlet y Ace se rifaron un duelo de solos que terminó en intercambio de riffs clásicos y jugueteos guitarrísticos: Richie con su sonido sucio y muy distorsionado tocó cosas de Hendrix y otros mientras que Ace con un sonido absolutamente limpio sólo le contestaba con tonadas fiesteras y sonrisas cómplices. Y esa es otra de las grandes virtudes de Ace, sabe perfectamente bien que la gente está ahí por él pero no se ciega, al contrario, reparte juego, deja que sus músicos brillen y tengan su momento, que se lleven su aplauso también.
“Shock me” también era de suponerse que aparecería en el set y no hizo falta ni que la presentara para saberlo, en cuanto le pusieron encima esa Les Paul roja clásica sabíamos lo que seguía. Curiosamente en diferentes libros a Ace se le ha acusado sobre todo de ser impuntual, de llegar tarde, y esa noche llegó tarde al micrófono en varias ocasiones. Fue muy divertido darse cuenta de que se le olvidaba el momento exacto de entrar con la voz y como se apresuraba para encontrar el micrófono y empezar tarde algún verso. Eso sin embargo fue parte de la magia, es parte de su personalidad, tanto como lo es el sacarle humo a la guitarra y recorrer el escenario de lado a lado para desmayo de la audiencia que si estuvo entregada a tope en todo memento, en ese simplemente deliraba.
“Cold Gin”, ah, parecía la oportunidad perfecta para escucharla por primera vez cantada por él, pero como Halford cuando Judas Priest toca “Breakin’ The Law”, Ace se limitó a cantar la primera palabra de cada verso y dejó que el público cantara el resto. Y el público en su gran mayoría se sabía la letra completa así que habrá que esperar otra visita para escucharla en su voz. Así terminó la primera parte del concierto. Regresó unos minutos más tarde para cerrar con “Detroit Rock City” (cantada por Coogan) y “Deuce”, cantada por todos.
Fue una noche mágica, una en la que lo importante no era ver cuánta gente había o no sino ver si los que estaban sabrían entender lo que tenían enfrente, y afortunadamente así fue.
Para cerrar diré que estoy en total desacuerdo con las personas (y no han sido pocas) que he leído y escuchado decir que Ace le hace mucha falta a Kiss. Sí, la noche fue absolutamente memorable, musicalmente se le ve en gran forma pero fue una gira pequeña. No me lo imagino de tour por año y medio o dos años, bajando de peso lo suficiente para entrar en sus viejos trajes y sobre todo, no lo veo aceptando el rigor de trabajar con Paul y gene. Sí me imagino un par de conciertos de despedida en el futuro cercano en los que participe, pero no de lleno. No le hace falta a ninguna de las dos entidades. Él ha alcanzado un éxito comercial como solista que no vivió ni en los 80 y Kiss ha logrado una estabilidad musical que no tvo con la formación original desde mediados de los setenta.
Gracias eternas a “Kelpy Interesante” por hacer el sueño realidad. Sin tu ayuda no sólo no hubiera vivido esta experiencia única sino que además no hubiera podido estar tan cerquita de él. Las palabras no alcanzan así que lo haré una vez más de la manera más directa pero sentida, gracias.

1 comentario:

Diego Del Pozzo dijo...

Wow, muy bien Migraña!, Me gustó mas Strange Ways esta vez que con Megadeth, jaja y Cold Gin que con Death Angel... buena tarde, hasta los de RaXas estaban ahí. Mi climax fue con Rock Soldiers (recuerdos de la secundaria) y Rocket Ride (recuerdos de la primaria y de esa gloriosa época con Howarth..mis 2 cassetes favoritos de 1988 sin duda El primero de Ace y el segundo de Vinnie Vincent "All systems go" dame algo de crédito a este glamero sateluco, jaja).

Larga vida al Spaceman!