Esta vez no me iba a pasar. Un cartel como el del viernes ameritaba hacer todo lo posible por ver los dos sets enteritos, y no permitiría que el retraso de algunos me tuviera medio concierto de Testament fuera del recinto. Cuando Judas vino con Whitesnake, sólo ví tres o cuatro rolas de la banda de Coverdale (lo bueno es que no soy precisamente un gran fan). Pero ahora no pasaría.
Sin entrar en más detalles debo decir que lo logré. Antes tuve la oportunidad (y una vez más súper abreviada por culpa de terceros) de saludar a Halford. Muy breve pero muy chido. La anécdota fue que estaban ahí en camwerinos varias cámaras de Tv (Telehit, VH1 y Exa Tv). Del equipo de VH1, la reportera llevaba a su hermanito, un niño como de unos 10 u 11 años. Estaba justo diciéndole a Halford que lo entrevisté por teléfono y que había pasado para saludarlo cuando el niño, con toda la impropiedad característica de la edad, llegó y lo jaló del brazo. “Yes, hello buddy” El niño contestó “can you give me your autograph?” “Oh weel of course”. Le firmó, platicamos 25 segundos y dijo “well, I have to go and grab some tea now, see you guys”. Y se fue. Estaba de muy buen humor, vestido (como aquella vez que lo conocí en el Hotel Presidente) muy informal, con bermudas y camiseta floja, que yo recuerde, sin ningún estampado. Es blanquísimo y alto, yo mido 1.80, él debe medir como 1.86 o poco más. Creí que no lo vería más.
Estaba por ahí despidiéndome del tour manager (una vez arregladas las entrevistas, mi trabajo era en otra área) cuando llegó Testament. He visto a Chuck Billy unas tres veces y cada vez me impacta. Es enorme aunque de cierta manera no lo es. Me explico: su cabeza es del doble del tamaño que una normal, es gordito y tienes brazos del tamaño de un muslo mío. Venía muy serio así que lo más que pude hacer fue mirarlo y sonreír en esa forma de fan que seguro muchos de ustedes comprenden. ¿Qué le dices? ¿Interrumpes su viaje para decirle algo? Yo no. Lo más que hice fue señalarle con la mano la puerta de su camerino, porque se habían metido a un cuarto que decía Testament: Tuning Room. Atrasito llegaron Greg Christian, muy sonriente; Eric Peterson, bajito y rechonchito aunque clave en el sonido de la banda; Paul Bostaph, saludando amablemente a todos y Glen Drover, el reemplazo para las fechas en México de Alex Skolnick, más bien con actitud tímida. Así, sin quererlo realmente, estuve en el lugar perfecto en el momento justo.
Finalmente llegó la hora y a las 20:30 en punto, Testament asaltó el escenario. Fue la primera vez que tocaron en un inmueble grande, y Judas (como lo platicaba Doro Pesch en entrevista publicada aquí mismo) es una banda que trata a sus abridores de manera inmejorable. Así, Chuck Billy y compañía tuvieron audio y luces al 100%, lo cual finalmente marcó la primera vez que tocaron en México en lo que podríamos llamar un concierto masivo con producción de nivel internacional. Sólo tendrían 45 minutos, así que se decidieron por un set list con mayor enfoque en The Formation of Damnation (insisto, ya llegó noviembre y para mí sigue siendo el disco del año). Todo el show lo vi desde la Fila Cero, con el Gallo Ibérico quien por cierto, iba acompañado de la Pollita Ibérica. Desde ahí no queda de otra más que admirar a la banda por la impresionante cantidad de energía que despliega. Abrieron con Over the wall. La gente estaba más bien expectante, calculo que muchos estaban afuera y no necesariamente habían entrado. Into the pit, el rugido fue más intenso. The New Order y ya se escuchaba algo de gente cantando el coro clásico de “For the past it's too late/ 'Cause the world can't control fate/ Shadows cast loud and clear/ Tell the world the new order's here”. Para cuando empezó Practice what you preach, la grada está totalmente llena y la mirada de incredulidad que adornaba las primeras filas de cuerpos amontonados en la valla de la pista se habían transformado en una feroz mueca de felicidad por atestiguar a una banda del calibre de Testament. Es decir, mi impresión es que muchos (sobre todo los más jóvenes, que había bastantes) conocían a Priest, pero no a Testament. U reacción inicial fue más bien tibia y hasta indiferente, pero a la cuarta rola estaba todo el Palacio entregado.
More than metes the eye y Henchmen ride espalda con espalda. Cuánta brutalidad, no había manera de no hacerle al cabeza de sonaja. Chuck Billy caminaba de un lado a otro con su micrófono empotrado en medio pedestal, como siempre. Sacaba la lengua y arengaba a todos. Lo más pesado que han hecho podría ser The Gathering, y dos de las rolas más duras de ese disco son DNR (Do Not Resucitate) y Three days in darkness. Buena parte de DNR se la echó Billy hincado, sacando esa voz gutural brutal y demoníaca que ha perfeccionado desde los tiempos de Low.
Aplastante presentación que hacia el final tenía a los 15 mil metaleros reunidos ahí en éxtasis. Cierto, no es música muy en la onda de Priest, pero ese era el chiste, traer de soporte a una banda legendaria que pudiera acercar a un público un tanto diferente. Cerraron con The Formation of Damnation y un cálido ¡Testament, Testament! por parte de la gente. Y sí, hicieron el disco del año y habían cumplido con la mitad del que competirá por ser el concierto del año.
Con todo y la impresionante puesta de Testament, Judas Priest era el plato fuerte de la noche. Cinco minutos antes de la hora pactada para su salida (9:45) fui a la oficina de producción por el set list. Eso siempre lo hago para que los medios tengan más o menos claro qué tocan los grupos y cuando hagan sus notas más o menos puedan escribir bien las canciones. La oficina de producción está en el mismo pasillo que los camerinos. Iba de salida y en eso veo que viene, ya no Rob Halford (el de las bermudas y la amabilidad a flor de piel) sino el Dios del Metal. Todo de cuero negro, botas con cadenas y espuelas de plata, chamarra, guantes, lentes oscuros y una cara de concentración absoluta. Lo ves caminar así y te quedas sin aliento. Recuerdo por ejemplo la misma escena con Cher, llena de plumas y mamona. Pero este era Dios, con una mueca que decía “vengo dispuesto a matar”, concentración absoluta, así que salí corriendo para ver el show de principio a fin.
No quiero polemizar mucho, leí con respeto las opiniones de varios glóbulos, algunos dijeron que el concierto estaba de bostezo cuando las rolas de Nostradamus, otros de plano dijeron que sólo verían a Testament y se saldrían porque “Nostradamus es una mierda”. Allá ellos, porque la realidad, además, es que de dicho álbum sólo tocaron dos rolas. Luces fuera y enorme manta con la portada del disco, con luces en lo que correspondería a cada ojo. El escenario, viéndolo de frente, tenía tres torres o plataformas. Espero no haber sido el único, pero cuando salió la banda, yo más bien esperaba a Halford. La primera rola fue Prophecy. Salieron todos los músicos, y cuando empezó la voz, repito, espero no ser el único, estaba viendo debao de la batería de Scott Travis esperando a Dios. Como 10 segundos después un fotógrafo se puso junto a mí y apuntó su cámara hacia la izquierda. Halford había salido por otra de las plataformas, con una espectacular túnica plateada y báculo con el símbolo de la banda. La orgía de sonidos clásicos estaba comenzando.
Para mí, en su contexto, Nostradamus es una obra de arte, así que empezar el concierto con la primera rola del disco fue sencillamente una gran noticia. “Yo soy la oscuridad, nacido de la luz. Yo soy la fuerza, el fuego que arde aquí esta noche, trayendo el futuro a toda la humanidad, guía de la vida – la muerte, soy la vista para los ciegos. Tu futuro yace frente a mis ojos. Lo que puedo predecir te aterrará, no puedo controlar lo que será del pasado al presente y de ahí a la eternidad. Yo soy Nostradamus, ¿puedes creer? Yo soy Nostradamus, ¿que yo concibo?”. Terminó la rola y desapareció Halford. La siguiente fue Metal Gods. Imposible no prenderse. Ahora sí salió de debajo de Scott Travis, con un chaleco precioso, de piel, con la cara de Nostradamus en la espalda. Esta vez traía un paliacate de calaveras en la cabeza. La tercera, una de mis grandes favoritas de todos los tiempos: Eat me alive. La chamarra ya era otra y el paliacate había dejado paso a su calvicie. Sí, Dios es calvo y canta metal. Between the hammer and the anvil y Devil’s Child espalda con espalda. Casi todas las canciones de Judas tienen largos solos, y en cada momento de esos tanto KK Downing como Glen Tipton tomaban el centro del escenario, dejando a Halford detrás, bailando y a Ian Hill en su siempre escondida posición, aunque siempre ahí presente. La correa que sostiene la guitarra de Downing trae bordado “Priest”, espectacular, hermoso. Tipton sonreía y hacía varias poses y saludos a la gente de las primeras filas.
Nunca es buen momento para el clásico de todos los tiempos de la banda: algunos dirán que fue muy pronto en el set, otros dirán que fue muy tarde y algunos pensarán que con esa deberían cerrar. El caso es que Breaking the law llegó en el puesto seis de la noche. Un momento antes me llegó un mensajito de texto para buscar a una amiga, así que toda la rola la escuché mientras la buscaba. No ví pues hacia el escenario y no recuerdo entonces si Halford se vistió de manera especial. Siguieron con The Hell Patrol, coreografiada, impresionante. No por nada está dentro de uno de los mejores discos de metal de la historia, Painkiller. Para ese momento me había encontrado a varios cuates: Bucanerito, el Fede Mendoza, la General y la Ardillita y sabía que por ahí andaba mi querido amigo el Harry, el que es medio papá del concepto sangre de Metal. Lo encontré una vez más y vimos el resto juntos, gritando hasta perder la voz (aún la traigo a medias tintas) y bebiendo chela. Y seguía Death. Yo puse en la entrevista que Halford salía de una especie de cajón. Bueno, entendí mal porque más bien salió sentado en un trono. Eso sí, como lo escribí en la entrevista, lleno de calaveras y símbolos. No se paró mientras duró la canción, actuando la desesperación que narra la letra. Mientras explica como el cielo traicionó a la gente y miles mueren, él ceñía el entrecejo y se remolinaba en el cetro, ataviado con otra impresionante chamarra, ésta con correas en las mangas simulando una camisa de fuerza y tiras de cuero cayendo de los antebrazos y bíceps. El báculo que traía también estaba coronado por una calavera de ojos rojos luminosos. Impresionante. Ahora bien, aquí abro un paréntesis para preguntar: si alguien no estuvo ahí por el prejuicio de que “está bien pinche aburrido” ¿podría decirme realmente que hasta ese punto el concierto estaba de hueva? Y para terminar, siguiendo Death se reventaron Dissident Agresor, en la cual por cierto Halford cantó casi impecable.
“Ay como me pega esta pinche rola” me decía el Harry. “No sé por qué pero me hace pensar en mi hija”. Y en el escenario, la balada de la noche fue Angel. Esta vez no tocarían Diamonds and Rust, se decidieron por ésta que tiene su parte lenta y su parte maciza. “Cuando cierro los ojos escucho tus alas de tercipelo y lloro, estoy aquí esperando con los brazos abiertos –oh acaso no lo puedes ver, ángel ilumíname con tu luz”. Hermoso, y creo que a cada quien le pega de manera diferente.
Cambiaron la manta, un enorme ojo eléctrico era indicativo inequívoco de lo que seguía. Fue de las más coreadas, como siempre. Luego, magia. Mi compu, como todas, está dividida en carpetas. Cosas Pop para lo fresa, generales para lo relativo a papelería, etcétera. La carpeta de los eventos rockeros se llama Rock Hard en honor al tema del Defenders of the Faith, que se llama Rock Hard Ride Free. Siguieron con Sinner y ya desde ese momento el Harry y yo gritábamos cada que acababa una rola “Dios es calvo”. Atrás de mí había un tipo que toda la noche pidió a gritos Painkiller. Era bastante alto, muy moreno y grande (de unos 120 kilos). Luego de Sinner la cantaron, a todo pulmón. Durante muchos años, cuando alguien me preguntaba, yo solía decir que Painkiller era la mejor canción de metal de todos los tiempos. Para mí tiene todo, una gran historia, grandes riffs, excelentes solos, un gran juego entre bajo y batería y a Halford a tope vocalmente. Y el viernes no fue la excepción. Sí, Halford ya no canta igual que hace diez años, pero lo hace todavía mejor que el 90% de los cantantes del resto de la bandas. Cuando terminó volteé para saludar a este chavo y me pareció que lloraba. Así de espectacular había sido la presentación.
Para el encore se reventaron con hell bent for Eláter (con la clásica Harley davidson), The Green Manalishi (with the two pronged crown) y mi amiga se volvió loca y cerraron con You’ve got another thing comin’. Tengo que buscarlo, pero este concierto me gustó mucho más que el anterior porque cantaron muchos temas que aquella vez se saltaron. Lo más notorio fue que regresó el defenders of the Faith al set list. Impresionante.
Al final el sentimiento era de “ojalá la noche no terminara nunca, ojalá todos los conciertos de metal fueran tan completos como este”. Testament y Judas Priest. Malditos europeos que tendrán el mismo cartel, más Megadeth, el año que viene. Gran noche.
**Todas estas fotos son de Fernando Aceves/Ocesa.
**El Gallo Ibérico fue como fan, y como estaba en fila cero tiene un montón de fotos. ya me las mandó pero mi mail es tercermundista y nomás no llegan. mañana seguro ya están y las subo como álbum.
**Un saludo muy especial a Zombie y Señora Interesante, dos metaleras de la nueva generación, yeah.









































